Mostrando entradas con la etiqueta Moisés Naím. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Moisés Naím. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de marzo de 2019

Estado e Islam

Me parece correcto que el Estado no se entrometa en las creencias religiosas de los ciudadanos que viven a su amparo, otra cosa es que tenga que tenerlas. Ya escribí en ‘1978. El año en que España cambió de piel’, que en mi opinión en la Constitución no debería figurar referencia alguna a ninguna religión.
El Estado debe permitir que las religiones puedan desenvolverse en su territorio, pero debería procurar que no causaran ningún mal a nadie y para ello nada mejor que obligar a sus responsables a que acomoden sus credos a la Constitución. Todo lo que no es constitucional perjudica a los ciudadanos y no se debería consentir que lo que es perjudicial pueda desenvolverse libremente.
El Estado debe dejar vivir a los ciudadanos, pero también los debe proteger, sobre todo a los más indefensos, entre los que están los niños. Si la ciencia ha demostrado que es conveniente vacunar a los niños para protegerlos de enfermedades graves y unos padres se niegan a vacunar a su hijo hay que quitarles la patria potestad del niño y dársela al Estado. Si se niegan a que se el practique una transfusión de sangre, lo mismo.
La protección de los menores debería ser fundamental, pero en lugar de eso se les manipula, adoctrina, e inculcan ideas peligrosas. Nuestra sociedad no debería ser tan permisiva con ese trato a los menores, que no solo están indefensos emocionalmente, sino que además son los propios padres los que les marcan esas pautas en edades tan tempranas. En un artículo de Moisés Naím, titulado ‘Islam en números’, aparece el siguiente dato: «Los individuos cuyas madres ayunaron durante el ramadán estando embarazadas de ellos tienen vidas más breves, mala salud, menos agudeza mental, bajos logros educacionales y un débil desempeño laboral.», que demuestra que esa religión no es buena. Las señoras embarazadas deberían tener prohibido cumplir el ramadán, y si al dar a luz se advirtiera que habían hecho caso omiso a la prohibición se les deberían quitar todos sus hijos, por haberse demostrado que no sentían amor por ellos.

lunes, 4 de octubre de 2010

Rosa Regas, esa brújula

A pesar de que Sócrates nos enseñó a cuestionárnoslo todo y de Einstein nos explicó la ley de la gravedad, cosas ambas que dejan bien claro que lo natural de los seres humanos es vivir en la duda permanente, abundan quienes se empeñan en implantar sus certezas absolutas y posiblemente por eso Hawking nos induce a salir pitando en busca de otros mundos.
Lo cierto es que por mucho que algunos se empeñen en hacernos creer en sus verdades la duda se impone la mayor parte de las veces. Para estos casos resulta de mucha utilidad tener una referencia, una brújula, ese instrumento que señala el norte. Se discute sobre la legalización de las drogas, ese asunto tan controvertido y tan difícil de resolver, porque muchas de las personas más poderosas del mundo deben de hacer negocio con ellas, y tras leer el sensato artículo de Berna González Harbour publicado en El País con el título “El error de legalizar las drogas”, se puede quedar uno medianamente convencido, pero si antes hubiera leído en El Correo el artículo titulado Drogas, en el que Rosa Regas se muestra a favor de su legalización, ya no hace falta leer nada más para saber que legalizarlas es un error. Basta con leer lo que dice Rosa Regas sobre cualquier cuestión para saber que la verdad está en el lado contrario.
Así ocurre también en el caso de los recientes sucesos de Ecuador, Moisés Naím, escribe en El País, un artículo titulado “Golpes: la nueva receta”, en el que concluye que el escepticismo protege mejor a la democracia que el apoyo incondicional a los gobiernos que sobreviven a las intentonas. En cambio, Rosa Règas, en su artículo “Golpe de Estado”, publicado también en El Correo, no sólo se refiere a Rafael Correa, sino también a Hugo Chávez. Lo suyo es, precisamente, el apoyo incondicional a ambos, Chávez y Correa. Ese par.