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jueves, 18 de julio de 2013

Narcís Serra tampoco reconoce ninguna responsabilidad

La caja que él presidía se ha ido al garete. El gobierno ha empleado muchos millones de los impuestos de los españoles para “solucionar” la papeleta, y he puesto el verbo solucionar entre comillas porque no estoy seguro de que haya solucionado algo.
A Narcís Serra nada de eso le preocupa, ni tampoco se considera el causante del desplome de su caja. Sin embargo, para estar de florero no era el más indicado. ¿A quién se le ocurriría poner como adorno a alguien como él?
La culpa es del Sistema, ha dicho. Y a continuación ha instado al Parlamento catalán a pensar políticas que eviten que suceda de nuevo.
Sin embargo, se puede aducir que no es el Sistema lo que ha fallado, sino que el error cabe imputárselo a las personas que se habían encaramado, y que en buena medida todavía siguen ahí, a los puestos de mando del sistema. Muy posiblemente, quizá probablemente, la solución consista en evitar que los psicópatas puedan acceder a los lugares desde los que se controla el Sistema.
Narcís Serra, como presidente de la caja, no podía evitar ni la crisis mundial, en la que estamos envueltos, ni la crisis española, que se debe al estallido de la burbuja inmobiliaria. Pero sí que pudo haber conducido a la Entidad que presidía por senderos más alejados del ladrillo, con lo cual hubiera evitado contribuir al hinchado de la burbuja inmobiliaria española. Ah, pero eso no lo quiere ver. Prefiere mantener su estatus de hombre importante a reconocer un error. Bastante grave, por cierto.
Narcís Serra ha ocupado altísimos cargos en el gobierno de la nación española. Y se supone que esos cargos los han de ocupar personas con gran sentido de la responsabilidad. Por suponer que no quede. Lo que sí que le queda bien a Narcís Serra es la barbita que se deja. Si hubiera cuidado del mismo modo la Caja...

miércoles, 16 de enero de 2013

La equivocación de Javier Erro

Tenemos una casta política responsable en buena medida, y sin que sea posible negar esto, de la grave situación en la que estamos inmersos. Pero ocurre que sus componentes no se ven a sí mismos como culpables, sino como los más guapos, puros y nobles. No se paran a pensar que no es que sean malos, sino que el sistema los hace malos.
En lugar de verse como el problema fundamental del país, se ven como una parte del cuerpo, de la que no se puede prescindir. Como la lengua, por ejemplo. Sería el órgano humano del que se valdrían los políticos para exponer sus ideas y sus soluciones. Pero no la usan así, sino de forma metafórica. Antes de que hable alguien en el Parlamento ya se sabe cual va a ser el resultado de la votación, de modo que el discurso sirve para poco. Se sabe, sin embargo, que un político que no sepa hacer la pelota no tiene un futuro halagüeño. He aquí, pues, el uso metafórico de la lengua.
Javier Erro es uno de esos políticos desbordados por el problema. Hay demasiados parados. Y piensa que lo engañan. Y no sólo lo engañan con eso, sino que luego tienen descuentos por ser parados. Y pone el grito en el cielo. Y cuando lo oyen se queja y dice que han tergiversado sus palabras. Todo el mundo lo engaña.
¿Por qué no se da cuenta de que los primeros que hacen trampa son los políticos? Exprimen hasta el final todas las ventajas que se han otorgado a sí mismos, con las dietas por kilometraje, con los complementos por vivienda, con los móviles, con los vales de comedor, etc.
No sólo tenemos más políticos por cada cien habitantes que ningún otro país, sino que además nuestros políticos son muy caros y muy despabilados. Pero hay cosas que se les escapan. Las que les conviene.

lunes, 1 de octubre de 2012

Pueblos sin banco

Los bancos españoles andan de retirada. Puesto que sus ganancias ya no son tan seguras tratan de eludir costes y buscar nuevas fuentes de ingresos, o sea, las comisiones, porque los sueldos de sus directivos siguen siendo inusitadamente alto. “Se los merecen”. Es decir, aunque su gestión haya sido ruinosa, se merecen esos salarios. Una cosa no tiene que ver con la otra.
La cuestión es que los pueblos pequeños se quedan sin banco, puesto que al no ser ya rentables las oficinas que hay en ellos están siendo cerradas todas y los habitantes de estos lugares tienen ahora un problema nuevo, como es el de tener que desplazarse a otras poblaciones para efectuar cualquier trámite bancario.
Se decía que el Estado debe llegar a donde no lo haga la iniciativa privada. Por tanto, el Estado debería tener oficinas bancarias en estos pueblos. Ocurre que el Estado ya no tiene ningún banco. Tenemos más políticos por cien habitantes que ningún otro país, pero nuestros políticos también son los más brutos, puesto que a pesar de ser tantos no previeron esta situación y ahora el Estado ya no tiene ningún banco.
No termina ahí la cosa, porque tradicionalmente eran las cajas de ahorros las que daban servicio a estos pueblos, y tampoco hay ya cajas de ahorros, y han sido precisamente los políticos los que han dado al traste con ellas. Solo faltaba que encima se hubiera enriquecido alguno. Confiemos en que no haya sido así, aunque nos hubiéramos quedado más tranquilos por este lado si en el Parlamento se hubiera decidido investigar hasta las últimas consecuencias todo lo ocurrido con los bancos españoles y especialmente con las cajas de ahorros.
El resultado de todo esto, además de lo dicho, es que el dinero de los impuestos se viene utilizando para salvar a los bancos, que además hay que asumir la subida de las comisiones y el invento de otras nuevas, y sin que fluya el crédito.


'La amante imperfecta' 
'De Laura y otras muertes' 
'Hasta los cuervos picotean las cerezas' 
'La energía después de Fukushima' 
'Limones dulces' 
'Ocurrió en Valencia' 
'Los invitados de la princesa' 
'La vida y la poesía de Gustavo Adolfo Bécquer contada a los niños' 


domingo, 6 de julio de 2008

Los vultúridos revolotean sobre el Parlamento

Creo que fue Segundo Bru el primero que trató a sus rivales, en el Parlamento valenciano, de vultúridos. Fue en aquellos tiempos en los que él y su esposa, Clementina Ródenas, formaban parte de aquel grupo de socialistas al que el gris Joan Lerma envidiaba tanto. También fue por esa época cuando la citada Clementina Ródenas dijo que los de derechas se reproducen por partenogénesis espontánea, con lo cual creo que no estaría muy de acuerdo Julio Iglesias, que es de derechas. Digamos que el matrimonio Bru- Ródenas es, o era, más pedante que ingenioso, sin negar esto último tampoco. Menos imaginación demostró otro diputado, en las mismas Cortes Valencianas, cuando le espetó a su interlocutor:
- O su señoría retira lo que ha dicho o me cago en la madre que lo parió.
Lo cierto es que al igual que Javier Marías puso de moda la palabra pecio, que hace poco no conocía casi nadie y ahora todo el mundo la usa, aunque no venga cuento, Segundo Bru, hizo lo propio con vultúridos y ahora hasta los diputados del PP la dedican a sus oponentes.
Lo que, al parecer, no saben sus señorías, a fuerza de no hacer más que pulsar el botón que les mandan y atender a todas las consignas de los líderes de sus partidos, es que el español es un idioma rico en insultos. Pancracio Celdrán Gomariz los ha recopilado todos, en el libro titulado
El gran libro de los insultos, para lo cual ha necesitado más de mil páginas. Es decir, los políticos podrían dedicar unos minutos cada día a estudiar los insultos, con lo que evitarían copiarse unos a otros y, por otra parte, podrían sorprender a sus contrarios. Ni que decir tiene que todo sería más divertido. El propio Pancracio Celdrán, en esta entrevista, explica que conviene saber lo que significa cada insulto y así a quien sólo sea un chorizo, no le carguen con la responsabilidad adicional de ser un cerdo. Ya no pueden decir que es por falta de herramientas por lo que se muestran tan parcos en el lenguaje.