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sábado, 15 de marzo de 2014

Cuando los ministros ganaban 8 millones de pesetas

Era en aquellos tiempos en los que se hablaba de los pobres, los descamisados y todo eso. Se trataba de conseguir que el voto de estas personas fuera en determinado sentido. Han pasado los años y la mayor parte de aquellos pobres hoy son más pobres todavía. Quienes ocupaban los cargos en el gobierno en aquel entonces son, por lo general, mucho más ricos.
El caso es que en aquella época apareció un asesor fiscal muy famoso para explicar que a partir de unas ganancias de ocho millones de pesetas anuales había unos mecanismos para desgravar o pagar menos, ya no lo recuerdo exactamente. Pero sí que recuerdo que hizo una previsión: Ocho millones es lo que gana un ministro. Se conoce que la política de aquel gobierno consistía en regalar palabras a unos y hechos a otros.
Las cosas no han cambiado mucho. Y si lo han hecho ha sido a peor. Aunque también hay que tener en cuenta que en la actualidad es más difícil controlar el dinero, puesto que puede saltar de un país a otro, e incluso refugiarse en los paraísos fiscales con mucha facilidad.
¿Por qué hay paraísos fiscales? Pues esa pregunta habría que hacérsela a los chinos, a los rusos, a los ingleses (ojo con Gibraltar), a los estadounidenses.
En cualquier caso, el fraude fiscal en España es descomunal. Y Montoro, que a lo mejor se hace el tonto, lo sabe. ¿Por qué no se persigue el fraude fiscal en España? Quizá los jueces tengan mucha información, o muchas sospechas, pero teman ir más allá.
Ahora van a hacer, o eso creo, otra reforma fiscal, y a lo mejor sólo se trata de dar una vuelta de tuerca más a los de siempre, mientras se acarician las espaldas cubiertas con los abrigos de pieles más suaves. Probablemente el fraude fiscal seguirá siendo de muchos millones y los pobres que no declaren hasta el último euro lo pasarán mal.

jueves, 30 de diciembre de 2010

El café de Miguel Sebastián

Ha dicho el ministro de Industria, Miguel Sebastián, que la subida de la luz supone el precio de un café. Los ricos suelen minimizarlo todo. Un café para Miguel Sebastián no es lo mismo que para un parado o jubilado o trabajador precario. Sin contar con que el de Miguel Sebastián será digno de llamarse café. Conviene recordar que Miguel Sebastián es miembro de un gobierno socialista. Y que gracias a él ahora hay más descamisados que cuando Alfonso Guerra los puso de moda. Para pedirles el voto, claro.
Y es que, curiosamente, de los pobres todo el mundo se acuerda a la hora de pedirles algo, sobre todo el voto, que es lo que puede permitir a los políticos seguir exprimiéndoles. A comer, invitan a los ricos, aunque sean unos y otros, políticos y ricos, los mayores responsables de la crisis, que, como se sabe, han de pagar los pobres. Y encima, el recochineo. La subida de la luz, un café; la bajada del sueldo, mil cafés; la subida del gas, x cafés; la congelación de las pensiones, cien cafés. Bien, aceptamos pulpo como animal de compañía: Miguel Sebastián es muy gracioso. Pero, ¿qué comemos? Porque se puede uno privar del café, sobre todo si no tomaba ya por no poderlo pagar, pero hay que comer algo de vez en cuando.
Miguel Sebastián ha tenido hasta el momento ocurrencias varias, que han propiciado derroches considerables, con la supuesta intención de ganar tiempo hasta que la crisis se resolviera por sí sola. Ese dinero derrochado haría falta ahora, pero como ya no está, lo ha de pagar alguien y de ahí la gracia del café. Miguel Sebastián, además, se destapó como chivato, al sacar a relucir a una tal Corulla. No ha tenido más ocurrencias, probablemente porque ya no hay dinero. Ni para café.

'Factor Emocional'
'Leyendas de Bécquer contadas a los niños'
'Guía de supervivencia de Amelia frente a matones'
'El Quijote contado a los niños'
'La aventura del cálculo'
'Chitón. Historia de una infancia'
'Diario de Amelia'
'Antes de que se me olvide'