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lunes, 24 de junio de 2013

Duran i Lleida reconoce que hay duplicidades

Lo que ocurre es que pedir que se elimine el ministerio de Sanidad es un despropósito del tamaño del que suelen ser los de los nacionalistas, tan desleales ellos.
Son leales a la Causa y para conseguir sus propósitos no les importa ser desleales en todos los demás casos, con lo cual queda claro su concepto de la lealtad. Tampoco se la tienen a sus votantes, que han de sacrificarse por la Causa.
Las competencias de Sanidad y Educación no debieron ser transferidas a ninguna Comunidad Autónoma, porque el reparto de fondos nunca puede ser equitativo. Se pacta con todas en un momento dado y tres años después han cambiado las circunstancias de todas. ¿Qué sentido tiene que los médicos tengan que hablar catalán para poder ejercer? ¿Cuando un catalán necesita una transfusión de sangre pregunta si el donante habla catalán?
Los niños constituyen el mayor tesoro de cualquier país. Deberían ser objeto de atención preferente y pensando únicamente en su beneficio, de lo cual acabaríamos beneficiándonos todos. Dejar la Educación en manos de políticos de segundo o tercer nivel es una pulsión autodestructiva. Debería consensuarse entre todos los partidos y seguir de cerca los resultados que se vayan obteniendo y pactar entre todos, una y otra vez, los cambios que la prudencia aconseje efectuar. En este terreno debería evitarse el ordeno y mando. Todos los partidos deberían comprender que nos jugamos mucho en el envite y actuar en este campo con altura de miras.
Lo de adoctrinar a los niños, en cualquier sentido, es una aberración, una canallada, un acto claramente reprobable. Hay que enseñarles a ser personas y a decidir por sí mismos. No sé si los nacionalistas pueden entender esto.
No sólo Duran i Lleida ha echado su cuarto a espadas, también han rebuznado otros nacionalistas, poniendo de manifiesto su egoísmo. No merecen ser tomados en cuenta.





miércoles, 28 de enero de 2009

El riñón

Un médico llamado Richard Batista dio uno de sus riñones a su esposa, para salvarle la vida. Tiempo después descubrió que ella le estaba siendo infiel con el médico que la atendió durante su convalecencia. Puso el caso en manos de un abogado, que exige a la mujer un millón y medio de dólares por el riñón.
Al margen de lo que diluciden los tribunales de justicia, la situación, en términos generales, no es insólita. Si Quevedo escribió que “quien recibe lo que no merece pocas veces lo agradece”, no debió de ser porque lo viera una única vez. El donante es alguien con cierta capacidad para el altruismo, cuestión esta que no siempre se da en el caso de los receptores.
Hay personas que no sólo no serán capaces de dar jamás ni una gota de sangre, salvo que sea para un familiar muy cercano, no digamos ya si trata de otros órganos, sino que en el caso de verse en la necesidad, quisieran poder seleccionar a los donantes, aunque es lógico suponer que estas personas aceptan de inmediato lo que sea. Sin ninguna intención de agradecerlo, como es lógico. Sé de quién, en trance de recibir médula ósea, para curarse la leucemia, dijo a un tercero, en presencia de quien iba a ser donante, y refiriéndose a él: es que no hay otro.
El donante, a pesar de semejante menosprecio, le dio la médula, a cambio de nada, por supuesto. Y ahora viven los dos, uno con la satisfacción de haber obrado como debía y el otro con la carga de su ingratitud, de la cual a lo mejor ni siquiera es consciente.
Y es que ésa es otra. Resulta frecuente entre quienes reciben favores que piensen que sus benefactores tienen la obligación de actuar del modo en que lo hacen. Ni siquiera se paran a pensar en lo que harían ellos si la situación fuera a la inversa.
En el caso concreto de la receptora del riñón de Richard Batista, concurre otra frecuente circunstancia. Resulta más difícil valorar las cosas que se tienen que las que faltan. Ella tenía tan seguro al marido que hasta le había dado un riñón. Lo excitante estaba por otro lado. He aquí la flaqueza de carácter, la imposibilidad de actuar racionalmente. La ingratitud que descalifica.

domingo, 25 de enero de 2009

¡Sangre!

Sin los actos altruistas la humanidad hubiera perecido hace tiempo, el egoísmo no conduce nunca a nada bueno. Winston Churchill supo verlo así: La falla de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles sino importantes. Dar sangre es un acto altruista de enorme importancia. Como dice el lema, “dar sangre es dar vida”. He visto que algunos donantes sufren cuando dan, porque resulta difícil encontrarles la vena, o porque, por motivos que desconozco, sufren mareos u otras dificultades y a pesar de todo vuelven. Lo habitual, no obstante, es que no haya ningún problema.
El donante es el rey, según reza en los decálogos al uso. O sea, que esa es la teoría y esa debería ser la realidad. Un donante es alguien que sacrifica parte de su tiempo con el fin de ayudar a otros a que vivan. Al menos momentáneamente ha superado su egoísmo y si lo ha hecho una vez cabe esperar que pueda hacerlo más, dando sangre de nuevo o de cualquier otro modo. Goza además de una cierta superioridad moral, puesto que la sangre que regala puede servir para curar a quien ha tratado por todos los medios de perjudicarle. Es evidente pues que la donación de sangre estimula el civismo y ayuda a consolidar la humanidad. Pero se da poca sangre.
La política es, teóricamente, un servicio público, aunque lo que hacen los políticos españoles es crear problemas, en el intento de tener excusa para perpetuarse en sus puestos y esquilmar las arcas públicas. Para compensar esto y hacer algo realmente útil, nuestros políticos deberían hacerse donantes de sangre y además hacer publicidad de ello, con el fin de convencer al mayor número posible de personas.
Es fácil imaginar que el día en que estuviera anunciada Soraya acudiría una multitud. Más que el día en que le correspondiera a María Teresa, la doña, por supuesto. El día de Zapatero acudirían todos los de su gremio. Y el de Rajoy, se lo pensarían “¿voy o no voy?” Los que tuvieran que coincidir con González Pons llevarían tapones para los oídos y aspirinas, por si aquéllos no fueran suficientes. Quienes coincidieran con Maleni se harían previamente un seguro de vida y acudirían con casco y salvavidas.

'Casi nunca'
'Veinte Grandes Fraudes de la Historia'
'Razón y desencanto'
'Las fosas de Franco'
'Bambalinas de cartón'
'Amnistía Internacional'
'¿Tienen los animales que lavarse los dientes?'
'Arrasando con el corazón'

martes, 5 de junio de 2007

Contra reloj

Aunque da la impresión de que el mal es más ruidoso, aunque sean los oportunistas y los egoístas quienes suelen obtener las victorias y las ventajas pasajeras, al final es el bien lo que prevalece. No hay más que ver que la literatura que prevalece es la buena y se olvida la mala. No hay más que fijarse en que el común de los mortales recuerda las cosas buenas que hizo en la vida y tiende a olvidar las otras, aunque alguno hay que intenta recordarlas, porque ello le ayuda a mantener la necesaria humildad. Lo bueno queda y lo malo pasa. Resulta agradable haber resultado útil en la vida, aunque a veces sea suficiente con no haber empeorado más las cosas. En ese sentido, vale la pena inscribirse como donante de médula ósea. Salvar la vida a otra persona es algo grandioso. Quien ha salvado una vida ya tiene motivos para sentirse útil. ¿Por qué no hacerlo si está al alcance de la mano? O, por lo menos, intentarlo. Conviene aclarar también que es muy difícil ser compatible con alguien. Yo he dado médula una vez, ocurrió en 1986, y estoy registrado desde entonces y nunca jamás he vuelto a ser compatible con nadie que lo haya necesitado. También salí ganando algo. Yo era un fumador empedernido y pensé que si dejaba el tabaco mi médula sería de mejor calidad. Lo dejé meses antes de la donación. Luego me dijeron que no tenía que ver, pero ya no he vuelto a fumar desde entonces. Me hubiera gustado que me volvieran a llamar y haber proporcionado así la vida a otra persona. Lo mismo viene a ocurrir con las donaciones de sangre. Uno puede pensar que quizá su sangre sirva para salvar a algún enemigo, o familiar cercano suyo. Ésa es la suprema victoria sobre ellos. De modo que hay muchos motivos para convertirse en donante y Patricia merece encontrar uno compatible.