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miércoles, 14 de octubre de 2015

A vueltas con el nacionalismo

Algunos, quizá más de los que debieran, se empeñan en mantener que el nacionalismo es democrático. De modo que hay que comenzar explicando que la democracia requiere personas adultas, capaces de cumplir sus obligaciones y de ser conscientes de lo que votan cuando lo hacen.
En democracia, la política está al servicio de los ciudadanos. Para el nacionalismo, la ideología está por encima de los ciudadanos. El nacionalismo no admite a ciudadanos adultos, sino que los requiere infantilizados, dispuestos a comulgar con ruedas de molino y a obedecer fielmente las consignas y órdenes que se les den. Los nacionalismos no pretenden el bienestar de los ciudadanos, sino el triunfo de la causa. Se les dice a los ciudadanos que obtendrán el bienestar cuando triunfe la causa.
En democracia, la ley está por encima de todo. El imperio de la ley es la mejor garantía para los ciudadanos, que así se ven protegidos por ella y a salvo de las arbitrariedades. Cuando a un demócrata no le gusta una ley, trata de revocarla o mejorarla siguiendo los cauces establecidos al efecto. Porque en democracia todo se puede cambiar, siempre que se haga de forma civilizada y legal.
Para los nacionalistas, democracia es lo que ellos dicen que es democracia y si algún capricho o designio suyo choca con una ley aducen que esa ley está mal y que, por tanto, hay que incumplirla. Todo lo que se opone a sus deseos es antidemocrático para ellos.
Las ideas de los nacionalistas suelen ser disparatadas, por tanto, es muy difícil que logren salir adelante por los cauces previstos por la ley, así que ellos optan por la pataleta, el berrinche y la amenaza.
Los nacionalistas son ridículos y peligrosos y, sin embargo, tienen mucho éxito. Quizá el miedo a la libertad y el gusto por los delirios de grandeza estén en la explicación del fenómeno.



lunes, 24 de junio de 2013

Duran i Lleida reconoce que hay duplicidades

Lo que ocurre es que pedir que se elimine el ministerio de Sanidad es un despropósito del tamaño del que suelen ser los de los nacionalistas, tan desleales ellos.
Son leales a la Causa y para conseguir sus propósitos no les importa ser desleales en todos los demás casos, con lo cual queda claro su concepto de la lealtad. Tampoco se la tienen a sus votantes, que han de sacrificarse por la Causa.
Las competencias de Sanidad y Educación no debieron ser transferidas a ninguna Comunidad Autónoma, porque el reparto de fondos nunca puede ser equitativo. Se pacta con todas en un momento dado y tres años después han cambiado las circunstancias de todas. ¿Qué sentido tiene que los médicos tengan que hablar catalán para poder ejercer? ¿Cuando un catalán necesita una transfusión de sangre pregunta si el donante habla catalán?
Los niños constituyen el mayor tesoro de cualquier país. Deberían ser objeto de atención preferente y pensando únicamente en su beneficio, de lo cual acabaríamos beneficiándonos todos. Dejar la Educación en manos de políticos de segundo o tercer nivel es una pulsión autodestructiva. Debería consensuarse entre todos los partidos y seguir de cerca los resultados que se vayan obteniendo y pactar entre todos, una y otra vez, los cambios que la prudencia aconseje efectuar. En este terreno debería evitarse el ordeno y mando. Todos los partidos deberían comprender que nos jugamos mucho en el envite y actuar en este campo con altura de miras.
Lo de adoctrinar a los niños, en cualquier sentido, es una aberración, una canallada, un acto claramente reprobable. Hay que enseñarles a ser personas y a decidir por sí mismos. No sé si los nacionalistas pueden entender esto.
No sólo Duran i Lleida ha echado su cuarto a espadas, también han rebuznado otros nacionalistas, poniendo de manifiesto su egoísmo. No merecen ser tomados en cuenta.





domingo, 13 de septiembre de 2009

Lubna Husein llevará pantalones todos los días

Lubna Husein fue castigada a recibir 40 latigazos por vestir pantalones. En Sudán, las mujeres tienen prohibido llevar pantalones. La presión internacional hizo que le conmutaran los latigazos por 150 euros de multa, que se negó a pagar, prefiriendo la cárcel. El sindicato de periodistas, afín al gobierno, pagó la multa, con la clara intención de que el incidente pierda fuelle en los noticieros internacionales. Lubna, por su parte, no quiere que pase al olvido y anuncia que seguirá poniéndose los pantalones.
De esta lucha suya se saben ya varias cosas. La primera de todas es que ella, o quienes tomen su relevo acabarán triunfando. Cuando lo que se pide es tan evidentemente justo no cabe pensar otra cosa. Lo segundo que se sabe es que a Lubna no le va a salir gratis su triunfo. El Mal existe y no pierde ocasión de demostrarlo. Incluso sabiendo, como es el caso, que al final va a ganar la causa contra la que lucha, resistirá hasta el último instante, momento en que se pondrá el disfraz, para ponerse de parte de los vencedores. Lo tercero que se sabe es que en estos momentos muchas mujeres están de parte del poder y si se tercia pedirán mano dura para las transgresoras. Lubna sabe que está arriesgando la vida, y puede que la acabe perdiendo, o quizá la salud u otra cosa. Algún precio va a tener que pagar.
Se sabe también que cuando finalmente se haya terminado la polémica, muchas de las que antes pedían mano dura con las mujeres que se atrevieran a vestir pantalones, se apresurarán a ponérselos, e incluso el tanga, y escribirán bellos artículos proclamando el derecho de las mujeres a vestir como les plazca. Y hasta puede que algunas de ellas lleguen a ser ministras de cuota del nuevo gobierno, que será más o menos similar al de antes, pero con nuevas formas de enredar. Siempre hay gente dispuesta a beberse la sangre de los mártires.

domingo, 13 de abril de 2008

La causa cubana

Es elevado el número de personas que se abona a una causa. Pertenecen a todos los sectores sociales y religiosos. Ocurre porque abrazar una causa proporciona mucha tranquilidad moral, el interesado no tiene el porqué indagar en su conciencia. Se siente quien lo hace investido de superioridad moral sobre quienes no comulgan con sus ideas. Pero si luego se indaga sobre ellos, puede verse que no les afecta en absoluto el sufrimiento ajeno; son incapaces de mover un dedo por lo demás, salvo que se trate de alguien muy próximo; cuando regalan algo, siempre es porque han recogido o esperan recoger algo a cambio, suelen calcular al milímetro estos detalles; si conocen a alguien que suele repartir los favores sin más preocupación, lo tildan despectivamente de buenazo.
Es gracias a este fervor por la causa por lo que han podido medrar la Inquisición y la dictaduras de toda laya. Los adictos a la causa siempre saben encontrar justificaciones al hecho de que otras personas sean encarceladas, torturadas o asesinadas. La causa está por encima de tantas cosas… ¿Qué será una gota de agua en el océano? Quizá digan lo contrario, pero su modo de proceder, por acción u omisión, demuestra que para ellos el fin justifica los medios. Por otro lado, están convencidos que a ellos nunca les va a ocurrir lo que a los pobres infelices que han caído en desgracia. Ellos andan por la senda buena. Esta última razón, aunque no la digan, es la que más les convence.
El gobierno cubano actual permite algunas cosas que los cubanos tenían prohibidas. Es decir, un gobierno se permite el lujo de prohibir a unos ciudadanos, de cuyo trabajo vive, el disfrute de ciertas comodidades o lujos, si se les quiere llamar así. Quienes han estado defendiendo y alabando al régimen cubano y encontrando excusas de todo tipo para sus desmanes, no se inmutan. ¿Por qué iban a hacerlo? Ellos quieren el bien de la humanidad, lo mismo que Fidel Castro. Poco les importan las víctimas del sátrapa. Ni la crueldad con quienes se han visto obligados a abandonar su país, a quienes se trata de desplumar y se insulta.