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jueves, 3 de mayo de 2012

Absolutismo y religiosidad en España

El sistema de gobierno español ha venido siendo, a lo largo de los tiempos, el absolutismo, incluso cuando en los países de nuestro entorno ya se había impuesto la democracia. Y al absolutismo le siguió la dictadura. Durante todo este tiempo la religión ha tenido una importancia capital en España, hasta el punto de que los obispos hablan como si fuesen los dueños del país.
En este contexto, no resulta extraño que en el ánimo de los españoles imperen los espíritus religioso y dictatorial. En estos tiempos que cada vez va menos gente a misa, el espíritu religioso se ha trasladado a la política. La forma de los españoles de seguir a sus partidos políticos preferidos tiene mucho de religiosa. Esto se pone de manifiesto en muchos seguidores de todos los partidos, cuyo entusiasmo oscila entre el de los forofos de los clubes de fútbol y el de los fervorosos creyentes.
Donde se ve más claro es en el caso de los nacionalistas. No dan discursos, sino sermones. No tratan de explicar las bondades de sus propuestas, sino que éstas las dan ya por sabidas, son dogmas. Los nacionalistas se apoyan mucho en los dogmas, y se infiltran de tal modo en las mentes de los ciudadanos de las Comunidades Autónomas en las que han conseguido implantarse que los representantes de los otros partidos, aparentemente laicos, se ven obligados a aceptar muchos de estos dogmas como único modo de conseguir algún voto. Incluso tienen su remedo del tribunal de la Inquisición, como es ese organismo que persigue en Cataluña a todos aquellos comercios que no rotulen en catalán. En el País Vasco, el remedo de la Inquisición es más tenebroso aún. Esos vascos que siguen la política como si fuera una religión se llevaron sendos varapalos con la publicación de dos libros, Vidas rotas y Mal consentido. Su villanía ha quedado al descubierto. En la actualidad, políticos medrosos y oportunistas, atributos que tampoco son ajenos a muchos clérigos, hay movimientos tendentes a lavarles la cara, pero la tienen muy sucia.

'Los invitados de la princesa'
'La vida y la poesía de Gustavo Adolfo Bécquer contada a los niños'
'Los mejores dibujos publicados en El País 2004-2011'
'España, un proyecto de país'
'La hoguera del capital'
'El aprendizaje por competencias'
'Cómo escribir una biografía'
'Ostras para Dimitri'

martes, 9 de noviembre de 2010

Lo de la multiculturalidad

Aparentemente, no debería ser muy difícil que personas con distintas creencias religiosas, ateos y agnósticos convivan entre sí. En la práctica viene a ser como meter varios gallos en el mismo corral. Lo que viene a demostrar que, en realidad, la lucha es por el poder.
Sin embargo, se trata de un asunto que tarde o temprano habrá que resolver, por cuyo motivo lo conveniente sería abordarlo cuanto antes. La única manera de conseguir la convivencia civilizada entre todos consiste en establecer de forma clara y rotunda que el ámbito de las religiones es el espiritual y que fuera de ahí no se les admite. Se ha de llegar a un punto en que la tolerancia con el Islam será recíproca o no será. Habrá que exigir a los gobernantes islámicos que admitan la libertad religiosa en sus países, sin cuyo requisito no se deberían autorizar las mezquitas en los occidentales.
Los residentes en los países democráticos deberían saber, de forma clara y taxativa, que ningún líder religioso puede dar órdenes que contradigan las leyes del país en el que viven. Es bajo un Estado inequívocamente laico como se puede dar la hermandad entre creyentes y no creyentes. Cuando la religión se mezcla con el poder puede surgir algo tan terrible como la diabólica Inquisición de antaño. En nuestros días ya se ve de lo que son capaces los líderes religiosos islamistas.
Los sentimientos son claramente manipulables, como sabe la legión de manipuladores que pulula por el mundo. Los sentimientos, además, pertenecen al ámbito de lo privado y, salvo que sea estrictamente necesario, no deberían salir a relucir. Las creencias se mezclan con los sentimientos y con mucha frecuencia se imponen a la razón, lo que no deja de ser una sinrazón. Lo más noble que pueden hacer los líderes de cualquier sector de la vida humana es dirigirse a la razón de las personas y no excitar el interés o manipular los sentimientos. La multiculturalidad sólo puede darse en un entorno civilizado, con unas reglas de juego claras.

'Los más duros de la historia'
'Felipe V'
'Tauroética'
'Fábulas contadas a los niños'
'Espejismos'
'Hablar sin palabras'
'Los tiburones han muerto'
'El Cid contado a los niños'

miércoles, 22 de julio de 2009

Adela Cortina y la calidad de la democracia

Adela Cortina, ha escrito un bello artículo hoy, en El País, titulado “Conciencia y calidad de la democracia”. Se refiere a la conciencia de los políticos y alerta contra el monolitismo. En su texto figura esta frase: “La Inquisición tuvo siglos para modelar el alma de un país atemorizado”. Si Adela Cortina lo dice así, es porque, al menos, en gran parte será verdad.
Pero tampoco conviene olvidar que la Inquisición ya desapareció hace tiempo, y partir de cierta edad no hay excusa para no pensar por cuenta propia. Ahí tenemos a Aído, desafiando con su “miembra” y con “eso no tiene base científica”, a la RAE y al mundo de la ciencia. Pero claro, ni la RAE ni el mundo de la ciencia le pagan el sueldo y ahí está el hilo con el que tirar del ovillo.
Algunos diputados han mostrado a veces su desacuerdo con los líderes de sus partidos, o con alguna medida que iban a tomar sus partidos, pero a la hora de votar se han plegado totalmente a lo que se les manda. Probablemente la Inquisición tiene poco que ver con esto. Ella dice: “Y si un hombre encuentra en sí la fuerza para obrar con conciencia, siente una alegría inmensa". Pero ocurre que ello en la política española no está permitido. Si uno de esos ingresa en un partido político español no pasa del primer peldaño.
Lo que ocurre es que lo que les va a los políticos españoles es el poder y no el deseo de servir a los ciudadanos. La política española no está configurada para estos últimos. Aquí, lo que priva es la dictadura de los partidos. Quienes alcanzan el poder dentro de ellos, ya no lo sueltan por las buenas. Y mantienen en posición de firmes a quienes tienen a sus órdenes.

miércoles, 15 de octubre de 2008

La Inquisición

Éste fue uno de los peores inventos del diablo. Vino a llenar de desconfianza, temor y falsedad a las familias. El Santo Tribunal daba un plazo de gracia de treinta días para que todos aquellos que se creyeran culpables confesaran sus culpas. Además, todos tenían la obligación de denunciar a quien fuera, familiar o no, en cuanto notaran algo sospechoso. Cuando se habla de denunciar a un familiar, no se trata de uno lejano, sino que podía ser el hijo o el padre, la esposa o la madre. La denuncia debía ser secreta y estaba prohibido avisar a la persona denunciada. El quebrantamiento de este mandato tenía un castigo tan grave como la misma herejía.
Esta institución tan atroz ha funcionado bajo el mandato de muchos Papas, sin que ninguno diera en caer en la cuenta de que era totalmente contraria a lo que se supone que es el cristianismo. Se puede decir sin ambages y sin temor a caer en el error, que la Inquisición ha hecho mucho daño a la humanidad en general y no sólo a aquellos que ha torturado y matado. Porque ha frenado el desarrollo natural del mundo, impidiendo que afloraran ideas que podían ser útiles, y porque como ya se ha dicho al principio, inevitablemente tuvo que envenenar las relaciones familiares y sociales.
Y sin embargo, hoy en día sigue habiendo, en la Iglesia, algún organismo heredero del Santo Oficio, alguna reminiscencia de lo que fue. La mentalidad represora y censora sigue vigente. El pasado no ha proporcionado ninguna enseñanza, como no sea en el arte de la destreza para manejar el poder. Perdura por otra parte, en nuestra sociedad, el hábito inquisitorial, el deseo de castigar al que no camina por la senda marcada.
Incluso Santa Teresa de Ávila tuvo que cuidarse del Santo Oficio. Aunque la sangre no llegó al río, es decir, no se le llegó a abrir proceso, fue denunciada varias veces, como no podía ser menos. Un comentario suyo del salmo Audi, filia fue incluido en el índice. Y tuvo que cuidarse porque siendo mujer no debería empeñarse en poder discurrir como los hombres. ¿Cómo hubiera sido Santa Teresa sin la Inquisición? ¿Qué hubiera sido capaz de hacer?

domingo, 13 de abril de 2008

La causa cubana

Es elevado el número de personas que se abona a una causa. Pertenecen a todos los sectores sociales y religiosos. Ocurre porque abrazar una causa proporciona mucha tranquilidad moral, el interesado no tiene el porqué indagar en su conciencia. Se siente quien lo hace investido de superioridad moral sobre quienes no comulgan con sus ideas. Pero si luego se indaga sobre ellos, puede verse que no les afecta en absoluto el sufrimiento ajeno; son incapaces de mover un dedo por lo demás, salvo que se trate de alguien muy próximo; cuando regalan algo, siempre es porque han recogido o esperan recoger algo a cambio, suelen calcular al milímetro estos detalles; si conocen a alguien que suele repartir los favores sin más preocupación, lo tildan despectivamente de buenazo.
Es gracias a este fervor por la causa por lo que han podido medrar la Inquisición y la dictaduras de toda laya. Los adictos a la causa siempre saben encontrar justificaciones al hecho de que otras personas sean encarceladas, torturadas o asesinadas. La causa está por encima de tantas cosas… ¿Qué será una gota de agua en el océano? Quizá digan lo contrario, pero su modo de proceder, por acción u omisión, demuestra que para ellos el fin justifica los medios. Por otro lado, están convencidos que a ellos nunca les va a ocurrir lo que a los pobres infelices que han caído en desgracia. Ellos andan por la senda buena. Esta última razón, aunque no la digan, es la que más les convence.
El gobierno cubano actual permite algunas cosas que los cubanos tenían prohibidas. Es decir, un gobierno se permite el lujo de prohibir a unos ciudadanos, de cuyo trabajo vive, el disfrute de ciertas comodidades o lujos, si se les quiere llamar así. Quienes han estado defendiendo y alabando al régimen cubano y encontrando excusas de todo tipo para sus desmanes, no se inmutan. ¿Por qué iban a hacerlo? Ellos quieren el bien de la humanidad, lo mismo que Fidel Castro. Poco les importan las víctimas del sátrapa. Ni la crueldad con quienes se han visto obligados a abandonar su país, a quienes se trata de desplumar y se insulta.

sábado, 15 de marzo de 2008

La Inquisición, en su papel

Viene un ser humano al mundo y mira a las estrellas y aún absorto por la inmensidad del Universo, todavía tratando de averiguar cómo puede encajar su pequeñez ante tanta grandiosidad, maravillado al descubrir tanta belleza, comienza a recibir presiones, normas, consignas, amenazas. Pronto comprueba, que si las desatiende, comienzan a cerrársele puertas, que no es probable que se vuelvan a abrir jamás. Le proscriben y le maldicen. Y se queda solo y desnudo, por defender su libertad. De modo que ya sabe que quienes le han puesto en esa situación, no le quieren. Tal vez, dé las gracias al Cielo por haberle aclarado las cosas con tanta rapidez.
La Asociación de Teólogos del Tercer Mundo no está conforme con la condena de un libro de José María Vigil, uno de sus miembros, hecha por la Comisión Episcopal Española para la Doctrina de la Fe, con la excusa de que es un instrumento dañino para la fe de los sencillos, según noticia difundida por el diario
Levante.
Cabe preguntarle entonces a esta comisión episcopal cómo piensa que han adquirido su fe los sencillos. Porque si como la misma Iglesia dice, todos somos iguales para Dios, sencillos y complicados, cultos e incultos, blancos o negros, todos hemos de tener las mismas posibilidades de lograr la fe. Y de conservarla. ¿Por qué hay que proteger, entonces, a los más sencillos? Tienen tanto derecho como los demás a informarse. Pero es que al condenar el libro no se lo hurta sólo a los más sencillos, sino a todos.
Un ser humano privado de libertad no es humano. Si no puede decidir por sí mismo, si ha de optar siempre por lo que le manden u ordenen, acaba siendo un hipócrita, termina siendo un robot sin corazón, sin principios y sin criterio. La duda ennoblece a las personas. Alguien con la certeza incrustada en el entrecejo es capaz de cualquier cosa, incluso de prohibir un libro. Quien duda, se abstiene de golpear, no vaya a ser que esté equivocado y una vez asestado el golpe sus consecuencias ya no tengan remedio.