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jueves, 7 de enero de 2010

Etarras en huelga de hambre

Como ciudadano español, que paga sus impuestos y participa en la vida pública en la medida que los todopoderosos partidos españoles lo permiten, me daría vergüenza que De Juana o Azpiazu, esas escorias de la sociedad, hubieran recibido en las cárceles españolas un trato parecido al que ha de soportar María José Carrascosa en las cárceles del corrupto Estado de Nueva Jersey.
Nada de esto puede ocurrir, pues los nacionalistas ya procuran que estén bien, financian en exceso a sus familiares para que los visiten, etc. Pero una cosa es que no se permita a los carceleros hacer las salvajadas con las que se entretienen los de Nueva Jersey (y hay ciudadanos españoles y de otros sitios que se alegran de que María José pase por eso), y otra muy distinta que se tengan tantos miramientos como se tienen con los asesinos.
A María José la fueron a visitar seis diputados valencianos y por ello la metieron en una celda de castigo durante quince días. ¿Qué culpa tuvo ella de que la visitaran? Escribió Reyes Monforte un libro sobre el caso y la volvieron a castigar. Cuando se les ocurre se presentan en su celda por la noche sin aviso y la someten a todo lo que quieren. Todo por defender a su hija de un delincuente al que el infame juez quiere que le entregue a su hija.
Y los etarras encarcelados, en cambio, incluso amenazan con huelgas de hambre. ¿Es que no hay un término medio entre la bestialidad y la estupidez? A los etarras que hagan huelga de hambre que les pongan un bocadillo a su disposición y cuando se lo coman, tanto si tardan una hora en hacerlo como si son cinco días, que les pongan otro. No cabe ninguna otra preocupación. A los etarras no les gusta morir, sino matar. Y cuando por algún motivo pasan a otra vida no faltan curas que estén dispuestos a celebrar la homilía.

viernes, 17 de agosto de 2007

¿Qué hará el Vaticano ahora?

Quizá tenga al personal entretenido, modificando la wikipedia, y no hayan llegado hasta allí los efluvios del funeral de Xirinacs. Éste, una vez muerto y por tanto inofensivo, es digno de lástima y compasión. Sobre todo a la vista de la jaula de grillos que poblaron su cabeza. ETA tenía estilo, decía el finado cuando estaba en vida, puesto que a pesar de lo que cuesta robar la dinamita, avisa cuando sus bombas pueden matar “inocentes”. Se conoce que José Edmundo Casañ, por ejemplo, no era “inocente”, ya que no lo avisaron de que lo iban a matar. Y allí estaban 17 sacerdotes, nada menos, oficiando la misa. Y Carod, como presidente en funciones, representando a los catalanes. ¡Qué bien representados están los catalanes! Carod, en su día, viajó en coche oficial a entrevistarse con los etarras. Carod homenajea a uno que se declaró amigo de los etarras; y muy amigo, por lo que se sabe. Carod se puso la corona de espinas sobre su cabeza, y sonrió. ¿Si permiten que éste entre en los templos, por qué les niegan el paso a otras personas? En la homilía, el predicador dijo que Xirinacs fue un cristiano de una pieza. El Señor permitió que se dijeran esas palabras, para que el mérito y la paciencia de las víctimas de ETA sean mayores. A la vista de lo que les toca soportar, les espera el más glorioso de los destinos en el otro mundo. Dijo también el encargado de decir las sandeces, a cual más gorda, que Xirinacs vivió en la búsqueda permanente de la libertad y que la vida trae violencia. Esto se lo debió de inventar, porque que yo sepa la vida no trae violencia. La violencia la traen algunas personas. Las hay tremendamente pacíficas, aunque nadie las proponga para el Nóbel de la Paz. ¿Suspenderá a divinis el Vaticano a esos diecisiete sacerdotes? ¿Suspenderá a divinis a monseñor Uriarte? Si fuera homosexual y no lo ocultará, quizá. Dicen que Carod jamás ha sido condenado por corrupción, luego no es corrupto. Bien, pero al menos es Carod. Con eso ya tiene bastante.