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lunes, 8 de julio de 2019

Filosofía, Holocausto y cerdos

Un profesor de filosofía hizo una comparación intolerable, de forma pública, además, y con gran ruido. Lo más probable es que el asunto llegue a los tribunales de justicia, pero el síntoma es inquietante.
Si alguien que ha cursado los estudios de filosofía y luego ha conseguido convertirse en profesor de la materia lleva a cabo dichas actuaciones de forma pública, algo falla en el sistema. Si la filosofía no sirve para que quienes cursan esta disciplina aprendan a pensar con un mínimo de rigor, es que no se da bien. Quienes fueron los profesores de esta persona y quienes diseñaron los planes de estudio mediante los cuales accedió al título, deberían plantearse muchas cosas, porque en estos tiempos que corren al personal no le gusta responsabilizarse de la consecuencia de sus actos o decisiones.
Los responsables de que esta persona haya podido lograr un puesto en el profesorado tampoco deberían sentirse muy felices, ni desentenderse del caso.
Se trata de alguien que se cree capaz de cambiar las costumbres alimenticias que viene manteniendo la humanidad a lo largo de toda su historia. ¿Cómo es posible que tan peregrina idea pase por la cabeza de un profesor de filosofía? ¿Se cree mejor que todos esos pensadores a los que ha tenido que estudiar? ¿Los ha estudiado bien? ¿Se cree capaz de transmitir los pensamientos de ellos a sus alumnos?
Esa falta de humanidad que ha puesto de manifiesto, al reírse a su modo del Holocausto, tampoco debería ser propia de un profesor de filosofía, aunque otros del mismo ramo, en diferentes ocasiones y por distintos motivos, también hayan demostrado esa carencia, inquietante por demás, en cualquier ser humano.
El Holocausto debería ser objeto de atención preferente en cualquier ser humano, pero sobre todo en los del ramo de la filosofía, por cuanto revela de todos nosotros sin excepción. El hecho de que sea tratado de forma banal por alguno, refuerza esta idea.

martes, 28 de julio de 2015

La Iglesia veta a un transexual como padrino de bautizo

Dijo el párroco: Está muy lejos de mí rechazar a alguien así, todo lo contrario, ha sufrido muchísimo y necesita ser ayudado, pero no puedo cambiar 2.000 años de Historia de la Iglesia” .
Para añadir a continuación "El cambio de sexo no está permitido en la moral cristiana". ¿Y por qué está permitido el trasplante de hígado?, pregunto yo. Claro que el párroco no tiene la culpa. Supongo que lo máximo que podría hacer es abandonar la Iglesia, ante el estado de las cosas, porque mientras no lo haga tiene que obedecer a los papas y los obispos.
Estos papas se pasan la vida pidiendo perdón por cosas por las que no deberían pedirlo (y el hecho de pedir perdón no cambia en nada la situación), y no lo piden por cosas por las que sí deberían, como la discriminación de las mujeres y los homosexuales.
Durante siglos, los homosexuales han sido objeto de un trato injusto y cruel y la Iglesia debería estar en contra de todas las torturas físicas y psicológicas. Sin embargo, hay obispos que consideran la homosexualidad como una enfermedad mental y no se dan cuenta de que son ellos los que están como una cabra.
La Humanidad se viene desarrollando sobre la base de una injusticia, como lo es la idea de que el hombre está por encima de la mujer, error al que viene contribuyendo la Iglesia desde el principio, y lo sigue haciendo.
Si la Iglesia pretende hacer que las personas sean mejores debería actuar de modo justo, o intentarlo. El mismo párroco citado al principio dice que el transexual ha sufrido muchísimo y merece ser ayudado. ¿Por qué cree que ha sufrido? Hay que decirlo: ha sufrido a causa de la incomprensión del mundo en el que vive. Y la Iglesia alimenta esa incomprensión.

martes, 18 de diciembre de 2012

Tarjetas navideñas

Hoy he mandado algunas tarjetas felicitando la navidad y el año nuevo. He utilizado las de la Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie.
Creo que son ideales. Las fiestas navideñas son entrañables y en ellas se felicita a los seres queridos y se les desean toda suerte de parabienes para el año venidero.
Los seres humanos tienden al bien. Al menos un porcentaje muy elevado de ellos necesita creerse bueno, y, por ello, cada vez que hace algo malo ha de buscar algún tipo de coartada o justificación. Esto es una gran suerte, porque si no fuera por eso no se llevaría a cabo únicamente un pequeño porcentaje de todas las maldades posibles.
Todos necesitamos creernos buenos, pero hacer buenas obras requiere, por lo común, esfuerzo y sacrificio, no así como el mal, que a menudo es muy fácil de hacer.
Sin embargo, hay cosas buenas que se pueden hacer de modo casi gratuito, como lo es colaborar con estos esforzados pintores que pintan con la boca y con el pie.
Hay otra cuestión que conviene tener en cuenta y es que los cuadros están tan bien pintados que cualquiera se creería que son obra de un profesor de Bellas Artes. Se sabe cómo han sido hechos porque lo pone.
A cualquier persona sensible le produce satisfacción saber que incluso en las condiciones más adversas el ser humano es capaz de encontrar el modo de desenvolverse. Los pintores con el pie y con la boca nos indican el camino a seguir si queremos considerarnos plenamente humanos y no unos animales en proceso de evolución.
Quizá, para considerarnos humanos debamos cambiar nuestro modo de considerar a las personas y tener en cuenta capacidades a las que se presta mucha menos atención de la que merecen. Nos ofuscamos admirando ciertos atributos y nos perdemos lo mejor de las personas.

'Pícaros, ninfas y rufianes'
'Los desorientados'
'Anécdotas de la Historia'
'La Biblia contada a los niños'
'¿Estás bien?'
'Imagino historias fantásticas'
'Las fabulosas aventuras del caballero Zifar'
'El primer viaje de nuestra vida'

viernes, 3 de febrero de 2012

Fernando Savater habla del premio Nobel

Mediante un artículo titulado “Defectos especiales”, contó Fernando Savater las excusas que dieron los responsables de la Academia Sueca por no haberle concedido el premio Nobel a J.R.R. Tolkien. Lógicamente, son mezquinas. Como han de serlo también las que se hayan dado con respecto a otros escritores que también han merecido el Nobel.
Probablemente, ni aunque se dieran tres Nobel al año se podría premiar a todos los que lo merecen y quizá eso explique, aunque sea en parte, que las razones para cribar sean tan peregrinas. Aparte de eso, el hecho de que determinados escritores no hayan obtenido el premio, mientras que otros claramente inferiores sí, ya ha desprestigiado suficientemente al Nobel de Literatura.
Pero mi opinión es que los premios no aportan nada. Salvo que se reconozca que su fin es vender más. Lo que sea, libros o aquello de lo que se trate, aunque no sé muy bien en el caso de algunos premios Nobel qué es lo que se vende.
No creo que haga ningún bien a la ciencia que los científicos compitan y hasta peleen entre sí para ganar un Nobel. Más bien creo que la desvirtúa, e incluso idiotiza a los científicos que caen en la trampa. También puede ser que lo que les interese sea el dinero del premio.
Lo realmente importante en la ciencia y en la artes en general es la obra de cada uno, no los premios o las rentas dinerarias que se que obtengan con ella, interesan solamente a los premiados.
Es triste que la Humanidad se entregue a estos juegos fatuos y sin sustancia, cuando tiene tantos problemas que resolver. Aunque por otras actuaciones se sabe que no tiene mucho interés en ellos.
Creo que los premios que más proliferan son los literarios y probablemente si no fuera por ellos se venderían menos libros.
Cabría concluir entonces en que si unos premios tienen como finalidad servir de reclamo publicitario, la del Nobel es contribuir a la fama de su creador.

'Retorn a l'Illa Blanca'
'El tiempo que nos une'
'Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes'
'La crisis del euro'
'Zero'
'Cuentos nevados de Phil y Maya'
'El Conde Lucanor'
'Contra el insulto'

domingo, 28 de septiembre de 2008

Stephen Hawking predice el desastre

Y tal y como van las cosas no puede ser de otro modo. Lo preocupante es que predice que ocurrirá durante los próximos cien años y que no es la primera vez que lo hace. Sobre este asunto hay dos cuestiones a considerar. La primera es clara: nadie se atreverá a decirle que exagera, puesto que el más y el que menos viene imaginando algo igual, aunque no se atreve a decirlo; pero aunque todo el mundo lo ve, seguimos viviendo insensatamente. La segunda de las cuestiones es más ardua, Stephen Hawking ve que la solución para la humanidad está en otros lugares fuera de la Tierra. Pero esta solución sólo se puede considerar correcta para el caso de que la catástrofe provenga del cambio climático y que éste se produzca de forma natural; si el cataclismo es causado por el género humano, se reproducirá en cualquier otro sitio.
Se refiere el científico a la posibilidad de que mediante modificaciones genéticas se mejorarían algunas características humanas, lo que provocaría conflictos entre los humanos mejorados y los no mejorados. Este último punto es el digno de debate, puesto que si la humanidad perece por causas que no le son imputables no habrá fracasado. Conviene salir a otros mundos, si se puede; pero no es lo urgente. Lo que sí que debe preocuparnos es nuestra propia responsabilidad. La historia ya nos ha mostrado a algunos humanos mejorados. Sócrates, pongamos por caso. El que nos mostró Platón. Si en lugar de ser un personaje excepcional hubiera sido uno más, porque todos hubieran estado a su altura, la humanidad no hubiera llegado a la situación en que se encuentra. La vida sería mucho más agradable para todos. Probablemente, ha habido o hay otros como Sócrates, aunque no han alcanzado renombre.
Es decir, el ser humano tiene una gran capacidad de mejora al margen de la técnica. Pero para mejorar precisa echar mano de su capacidad de emulación y elegir bien a sus modelos.

sábado, 12 de julio de 2008

La cena del G-8

Muchos ríos de tinta han corrido ya acerca de la opípara cena del G-8, que se reunió precisamente para hablar del hambre en el mundo. El propio Zapatero ha criticado el menú, pero es que él no estuvo allí. Pasa hambre el Pueblo saharaui y Zapatero se desentiende. Lo cierto es que la foto de la cena es como una metáfora del desinterés del mundo opulento hacia el mundo hambriento. Ese mismo día, hubo miles de cenas tan copiosas como esa. Y cada día. Quienes la critican habiendo estado alguna vez en algún banquete espectacular son unos hipócritas.
Nueve niños murieron ahogados, cuando huían del hambre en una patera. Pero en el mismo Madrid en el que reside Zapatero, también hay hambre:
“Gracias al delito de esta estafadora, llevo ahora dos días sin comer y no creo que resista más de otros dos o tres días.”
El hambre en el mundo surge del egoísmo de las gentes. Si cada uno de los ciudadanos fuera un poco menos egoísta, disminuiría el hambre en el mundo, pero esto es un empeño imposible, puesto que casi nadie reconoce su egoísmo. Sólo queda una opción, que consiste en que en todo el mundo rijan las mismas reglas de juego. Esto únicamente podría ocurrir si hubiera un único gobierno en el mundo, democrático, por supuesto. Si ese gobierno fuera dictatorial, la humanidad se habría suicidado. No distaría mucho del que se describe en la novela “1984”. Por supuesto que hay actitudes que proyectándolas se ve que llevan a ese mundo. Suelen ser las que más ruido arman y las que menos en cuenta tienen los intereses de las personas. Son aquellos a los que les gusta imponer sus postulados a los demás. Pero hay multitudes calladas que realmente desean un mundo mejor.
Es necesario tener fe en la humanidad, porque sin ella la vida carece de sentido. Esta fe en la humanidad es la que nos indica que el gobierno mundial será democrático y que cuando llegue ese momento todos los ciudadanos del mundo tendrán los mismos derechos y los mismos deberes.

domingo, 30 de diciembre de 2007

La homosexualidad

Ignoro a qué edad se da cuenta alguien de que es homosexual, aunque imagino que la cosa debe suceder en la pubertad. Sin embargo, lo que ha venido resultando de esta toma de conciencia durante siglos, puede tenerse como atroz. Se hace preguntas al respecto el interesado y luego, de modo natural, recurre a sus padres, para que le aconsejen y le ayuden, para encontrarse con el rechazo de éstos. ¿Hay algún dolor mayor que el produce el hecho de ser rechazado por los propios padres? De modo que en el futuro tendrá que saberse menospreciado y rechazado por los familiares que más necesita, por los amigos, por la sociedad en general. La indiferencia de la sociedad ante el dolor ajeno pone los pelos de punta. ¿Cómo es posible que el sufrimiento gratuito e innecesario de estas personas haya pasado inadvertido durante tanto tiempo? Pero lo cierto es que tampoco ha pasado desapercibido, más bien se le ha tratado de acrecentar. ¿Qué importa el motivo por el cual alguien es homosexual? Es fácil comprender que a lo largo de los tiempos tienen que haber sido muchos los homosexuales que hayan luchado contra su condición, tratando de revertirla, intentando convencerse de lo contrario y ocultándola al final. Sea cual sea el motivo por el que alguien deviene en homosexual, o nace homosexual, que yo eso no lo sé tampoco, lo no que no se debe olvidar es que es un ser humano, capaz de hacer grandes cosas. La sociedad, con sus cabezas bienpensantes al frente, no ha venido ofreciendo buenas perspectivas a estas personas y lejos de avergonzarse de ello, muchas de esas cabezas bienpensantes siguen con sus comentarios negativos. Es más que probable que debido a esa injusta presión social, que tanto daño ha hecho, muchos homosexuales hayan intentado dejar de serlo, bien por sus propios medios o bien acudiendo a profesionales. Esto es una tortura más, o debe de serlo. Habría que pedir perdón a los homosexuales por tanto horror y darles las gracias por haberse empeñado en vivir, a pesar de todo. Y por haber sabido disfrutar de la vida. Todavía hay personas con ideas negativas hacia ellos y no obstante su falta sentimientos humanos, adoptan un tono grave y severo, con el que pretender hacer creer que son portadores de grandes principios morales.

martes, 25 de diciembre de 2007

Navidad 07

Hoy es un día entrañable, en el que todos deberíamos tener en cuenta a aquellos que sufren, porque están solos y nadie se acuerda de ellos. Es un día también, propicio para pensar en Dios. Cualquiera, creyente, agnóstico, ateo, etc., puede pensar en Dios. Con ello ni hace daño ni pierde el tiempo. Pero no hay que olvidar que muchas veces cuando se busca a Dios, se hace en función de las propias expectativas y si no se cumplen, se decide unilateralmente que no hay Dios. Puede haber y puede no haber, pero tanto en un caso como en el otro no tiene nada que ver con nuestras expectativas o deseos. Si hay piedras, por ejemplo, son como son y sirven para lo que sirven, independientemente de nuestras expectativas o deseos. Por otro lado, los problemas del mundo no los ha creado Dios, en el caso de que haya, sino que los hemos creado los humanos. Pretender que Dios resuelva lo que nosotros hacemos mal es infantil. No aceptar la vida como es, con las enfermedades, los accidentes, las muertes, etc., es infantil. Es la humanidad la que pone en peligro la Tierra y puede llegar a destruirla; por tanto, es la humanidad la que debe plantearse las cosas que está haciendo mal. Hay que convenir en que el principal problema del mundo es el hambre. Sin embargo, las discusiones políticas, en España en particular, y en el mundo desarrollado en general, giran alrededor de propuestas egoístas, insolidarias y muy poco o nada preocupadas por este problema. Dejamos, entonces, morir a miles de personas sin siquiera inquietarnos por el detalle. ¿Tiene la culpa Dios, si lo hay, de que seamos así? Lo que sí existe es la idea de Dios. Es posible que surgiera cuando nuestros remotos antepasados se dieron cuenta de que eran perfectibles, de que la humanidad iba avanzando. La idea de lo perfectible lleva a la idea de lo perfecto, de modo que debieron pensar que debe de haber algo o alguien perfecto. No obstante, somos limitados. Hay un límite del que nuestra imaginación no puede pasar. Pero dentro de ese límite caben cosas muy buenas: la nobleza, el amor, la solidaridad, el desprendimiento, el interés por el otro, la abnegación, etc. Y todas esas cosas son plenamente humanas.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Un accidente laboral

Alguien que, hipotéticamente, desde su nacimiento viviera al margen del resto de la humanidad y desconociera la existencia de ésta, no tendría ninguna posibilidad de alcanzar la dignidad humana, sino que se vería abocado a vivir como un animal hasta su muerte. La dependencia de los demás es inobjetable en el género humano. El ser humano, desde el mismo momento de su nacimiento, ya es deudor de la humanidad, puesto que recibe todo su legado cultural. Puesto que es así, debería emplear su vida en el intento de pagar esa deuda, trabajando en beneficio de la colectividad. Así se entiende oficialmente, por otra parte, puesto que todos los premios y galardones públicos se conceden a personas a las que se pueden atribuir beneficios para la humanidad. Uno vez dicho lo anterior, habremos de convenir en que en los tiempos actuales rige el individualismo atroz. Investigadores científicos tratan de apropiarse del trabajo de otros; escritores que plagian cruda y descaradamente; etc., ¿para qué seguir? Este estado de cosas se da entre quienes mejor debían saber que actuando así van en contra de sí mismos, pues niegan su propia capacidad para lograr cosas y no contribuyen en nada al emplear trabajos de otros. El actuar pensando en sí mismo, olvidando al prójimo, o robándole, a veces tiene consecuencias trágicas. Un trabajador ha fallecido, tras caerle encima el ascensor que reparaba y este accidente ha destapado la situación en la que estaban inmersos unos cuantos trabajadores, que desarrollaban su labor sin licencia municipal de obras, sin medidas de seguridad, sin contrato de trabajo, sin cobrar y quedándose a dormir por las noches en la misma obra, en colchones en el suelo. Llevaban un mes trabajando en la reforma de ese edificio y durante ese tiempo nadie había detectado nada, a nadie le había parecido raro, nadie se había preocupado por averiguar las condiciones en las que se estaba haciendo la reforma. Quizá sea esto la civilización.

lunes, 26 de marzo de 2007

ERC y la autodeterminación

El ser humano al nacer recibe todo el legado cultural de quienes le antecedieron. Ya está en deuda, entonces, con la humanidad. En solitario, la vida humana no se diferenciaría de la animal. Encuentra su justificación, pues, en la colaboración con los demás, en el empeño por colaborar, cada uno en la medida de sus posibilidades, en el empeño por mejorar lo que recibió al nacer. El egoísmo no es justificable, salvo en los casos de los niños y los ancianos, que, por razones obvias, no están en situación de aportar nada a la colectividad, sino que bastante hacen cuidando de sí mismos. Bajo estas premisas, cabría preguntarse qué aporta a la humanidad el ansia de ERC de conseguir la autodeterminación de Cataluña. Quede claro que si los catalanes la quisieran, no habría modo de impedir que la consiguieran y no se podría dudar de la legitimidad de esta acción. Pero no sería un avance humano. Contribuir a que sea posible que vayan desapareciendo fronteras, sin que esto cause ningún daño o contratiempo, o al desarrollo de zonas más desfavorecidas, sí que sería un afán meritorio. La búsqueda de la justicia, tratar de conseguir que la gente sea más solidaria, son dignos empeños políticos. Sin embargo, da la impresión de que entre quienes se dedican a la política los hay que no quieren complicaciones y sí vivir del cuento. Y con este fin se dedican a fomentar las bajas pasiones, lo que resulta mucho más fácil y permite lograr sin grandes esfuerzos un buen número de votos. Si se dedicaran a pedir esfuerzos y sacrificios, harían bien, pero obtendrían pocos votos. De modo que aquí tenemos unos cuantos despabilados sembrando cizaña en su provecho y de cuando en cuando poniéndose, divertidos, una corona de espinas sobre la cabeza. No hay peligro de que se pinchen. En el mundo hay problemas graves. Los nacionalistas, con su egoísmo, impiden que nos podamos centrar en ellos.

miércoles, 28 de febrero de 2007

Connor McCreaddie

La madre de Connor McCreaddie, el niño de ocho años que pesa noventa kilogramos, ha estado a punto de quedarse sin él. Los servicios municipales del municipio en el que vive pretendieron quitarle la custodia a la madre. La pretensión, que de haberse consumado hubiera agravado el asunto, es una muestra de hipocresía. Durante sus ocho años de vida, el joven ha estado siendo tratado con el mismo descuido, sin que nadie moviera un dedo. De pronto, alguien decidió actuar, por algún motivo que no se ha dado a conocer. En esta vida se dan con mucha frecuencia situaciones de las que un individuo solo no puede salir. Y, generalmente, la ayuda que precisa le es negada. Quizá nos estemos precipitando al considerarnos humanos. Acaso la condición humana no sea más que una posibilidad, que tengamos que alcanzar con esfuerzo. Puede que la madre del muchacho alegue, precisamente, que no sabía cómo tratar el caso y que no encontró apoyo en ningún lugar. Y, de pronto, casi le quitan el niño. Si se examinara el trato que reciben las personas que están a cargo de otras, tal vez la justicia se vería impelida a actuar en numerosas ocasiones. Pero, como se ha visto, se correr las situaciones hasta que la cosa no tiene remedio. Quizá se llegue tarde más de una vez. Por otro lado, si nos ponemos a pensar en cual sería el trato idóneo que debería recibir un niño, y para esto nos vendría de perlas el libro “Bésame mucho”, de Carlos González, nos daríamos cuenta de lo alejados que estamos por término medio de ese ideal. Si la calidad humana surge precisamente de la capacidad de ayudar a los demás y la democracia precisa del respeto y éste comienza en la infancia, nos podemos preguntar no si es lícito inmiscuirnos en la vida de los demás, sino si hacemos bien en no ofrecer nuestra ayuda.

viernes, 2 de febrero de 2007

Cambio climático

Los expertos han dicho que el cambio climático es irreversible y que la acción humana tiene algo que ver con él. Este aserto podrá probarse luego o no. También pudiera ser que el cambio climático, como tantos otros, hubiera tenido lugar de todos modos. Lo que sí es innegable es que los humanos vivimos de forma irresponsable, pensando sólo en nuestra comodidad inmediata. Esto no se puede negar, porque si realmente tuviéramos cuidado con las cosas y ponderáramos las consecuencias de nuestros actos, no recurríamos con tanta facilidad a la guerra, ni nos tomaríamos tan en serio las ideologías políticas. Es decir, hay que tener alguna ideología y la elección debe ser muy cuidadosa. Pero una vez elegida conviene tener en cuenta que el cuidado no exime del error y que la elección no significa que se haya de seguir a ciegas a los líderes de la opción política elegida ni que se piense que la elección ya permite estar en paz con la conciencia. Pero el descuido humano se ve sobre todo en la cantidad de personas que mueren de hambre cada día. Y esto sí que es una catástrofe y además imputable por entero a la mano del hombre. Si la humanidad hubiera establecido objetivos y prioridades, no en defensa de esta nación o la otra, sino en beneficio del ser humano, es seguro que viviríamos en un planeta más habitable, porque en lugar de la furia acumulada lo que veríamos por las calles sería algo muy parecido a la amabilidad. Y a lo mejor, tampoco tendríamos cambio climático. Es irreversible, según dicen y quizá ello nos lleve a despreocuparnos más, lo que puede producir otra catástrofe mayor.

domingo, 14 de enero de 2007

Objetivos del Milenio

Once de las principales empresas españolas se han comprometido ya con los Objetivos del Milenio, lo que resulta esperanzador. Pero quisiera añadir por mi parte que dichos objetivos no deberían plantearse como una meta empresarial, como si se hubiera llegado al estado de cosas que se trata de combatir de modo irremediable, como si los acontecimientos no hubieran podido ser otros. En realidad deberíamos avergonzarnos de que haya gente en tan lamentable situación, de que la humanidad, en su desarrollo, haya sido tan egoísta y no se haya dado cuenta de la gente que iba quedando en la cuneta. Todos tenemos nuestra parte de culpa en el asunto. Un granito de arena no es nada, pero sumados miles de millones de granos hacen una montaña. Miles de millones de personas han puesto y ponen el principal énfasis en vidas en la búsqueda de mejorar su comodidad, olvidando que un número mucho mayor de personas sufría o sufre lo indecible al mismo tiempo. Pero si las personas tenemos nuestra parte de responsabilidad en ese estado de cosas, mucha mayor es la de quienes tienen influencia en la sociedad. Los empresarios deberían comenzar a trabajar por los objetivos del milenio respetando la dignidad de los trabajadores. Si se estuvieran respetando ya no proliferarían los casos de acoso moral en el trabajo, que ha llegado a las escuelas e incluso a las fincas. Si se respetara la dignidad de las personas y todos supieran que un ser humano vale más que cualquier objetivo, la solidaridad brota de modo fácil. Pero cuando se trata de imponer al prójimo las propias ideas, de subyugarle y de obligarle a humillarse, es fácil que ese prójimo, si cede, se convierta en mezquino y egoísta.