viernes, 7 de diciembre de 2012

Las cosas que se van sabiendo de Díaz Ferrán

Van apareciendo en la prensa hechos que se le atribuyen a Gerardo Díaz Ferrán y el contribuyente medio se pregunta que cómo es posible que hubiera podido hacer todo eso.
En las delegaciones de Hacienda suelen haber colas de personas pobres a las que se les ha detectado algún error en la declaración de la renta, o que sin habérseles detectado ningún error se les pide que aporten que aporten justificantes.
¿Y cómo es que este señor ha podido hacer todo esto sin que nadie se entere? No hace mucho, Hacienda pilló a un pez gordo. A saber el dinero que tuvo que invertir para lograrlo. La investigación que tuvo que llevar a cabo no pudo salir gratis. Y el pez gordo se defendió en los tribunales y ganó. ¿No sería todo un montaje? El tal pez gordo ha cometido otros delitos, dando por supuesto que aquel no lo fue, ya que no fue sancionado. Otros delitos tributarios, porque de los demás ni se sabe, aunque no creo que nadie se sorprendiera si se diera noticia de ellos.
Todo esto es muy extraño o no, según se mire. Por una parte es increíble y por la otra estamos acostumbrados a las cosas increíbles, por lo que no lo son tanto, para vergüenza de las oligarquías, si la tuvieran.
Hay una lista de 569, cuyo número ya es famoso. Quizá sea muy demandado para la lotería de navidad. No hace falta decir a qué se refiere esa lista, sólo hace falta recalcar que lo que pretende la clase política española es que la olvidemos. ¿Ha pedido el partido socialista que se desvelen los nombres de quienes la componen? ¿Sabremos alguna vez la verdad que se oculta tras el borrador del que dio noticia el diario El Mundo? Hacienda somos todos, pero en España unos más que otros.

'Pícaros, ninfas y rufianes'
'Los desorientados'
'Anécdotas de la Historia'
'La Biblia contada a los niños'
'¿Estás bien?'
'Imagino historias fantásticas'
'Las fabulosas aventuras del caballero Zifar'
'El primer viaje de nuestra vida'

jueves, 6 de diciembre de 2012

Gallardón privatizará el Registro Civil

El ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, se propone hacer una de las suyas, que no es otra que privatizar la gestión del Registro Civil.
Cuando lo nombraron ministro de Justicia no faltaron quienes pensaban que le habían dado ese ministerio porque no tiene presupuesto. Quienes pensaban así demostraron conocerlo poco. La megalomanía siempre encuentra cauces para manifestarse.
Dicen de Gallardón que le gusta que un mayordomo, vestido como tal, le lleve el café y que no tolera que sus subordinados le miren a los ojos. Un día, miré a uno a los ojos, como si le interrogara, y salió huyendo. Ya no recuerdo si fue Gallardón, pero no debió de ser porque ocurrió en Valencia; en cualquier caso, se trataba de uno de esos que cobran un sueldo descomunal por destrozar lo que tienen entre manos. Quizá esa sea una de las razones, y no sólo la megalomanía, por lo que no soportan que se les mire a los ojos, para que no vean qué es lo que hay en ellos.
Este Gallardón se cree que es listo y no sé si por iniciativa propia o porque se lo han hecho creer, y como tal listo no piensa que se puede equivocar. No tiene presupuesto, pero tiene poder. Y hace uso de él.
Algunos se creen que si algún servicio público no funciona el problema se resuelve privatizándolo. O eso quieren hacer creer. Porque a lo mejor ocurre que buscan una excusa para privatizarlo, no es que deseen que funcione.
No se les ocurre pensar que la mayor parte de los males de España provienen de la falta de democracia y los que no son capaces de darse cuenta de esto no son demócratas. Esta deducción es tan evidente que ni siquiera precisa demostración. Es incalculable el daño que pueden hacer a la democracia los no demócratas que gobiernan en su nombre. Y creo que en España hemos tenido muy pocos gobernantes demócratas.

'Pícaros, ninfas y rufianes'
'Los desorientados'
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miércoles, 5 de diciembre de 2012

El director de La Vanguardia hace el ridículo

No sé si será muy dura la tarea de ajustarse a lo políticamente correcto, que de lugar a lugar da la impresión de que cambia, aunque en realidad siempre es lo mismo. Para mí, desde luego que sería tarea imposible.
Un periódico que no sea libre y totalmente independiente del poder ni siquiera debería llamarse periódico. Un periódico que dependa de algún poder debería llamarse órgano propagandístico de tal o cual. También hay periódicos que cuando el poder no lo ocupa su partido favorito van a joder al que lo tiene, no a criticar lo que le parece mal o informar de lo que hace, pero eso es otra historia.
En España no hay periódicos libres, ni independientes, por más que quieran hacernos creer lo contrario. Se ve a la legua que todos dependen de unos poderes u otros. Y dentro de los periódicos españoles, los más sujetos de todos a una servidumbre parecen ser los catalanes, puesto que hacen editoriales conjuntos, etc.
Algunos de sus columnistas, que tienen madera para sobresalir sobre el resto, dan pena. Y la dan porque se empeñan en hacer creer que el agua es vino, o porque son capaces de poner a caldo a los presidentes del gobierno de España, pero a los de Cataluña ni los tocan, a pesar de las buenas piezas que se suceden en la presidencia de la Generalidad. Da la impresión de que sin el apoyo del gobierno de España la ruina de Cataluña ya sería total.
Supongo que el director del periódico del conde hará el ridículo una vez tras otra, como el propio medio, pero yo me he fijado en su tonta pretensión de hoy. La lengua une, no divide, lo ha titulado. ¿Se creerá que ha descubierto el Mediterráneo? El uso que hacen los políticos del asunto de las lenguas pasa de castaño oscuro. ¿Por qué ha de haber una lengua oficial? ¿Por qué hay que obligar a que se estudie en determinada lengua? Debería haber mucha más libertad en este y en otros campos.

'Pícaros, ninfas y rufianes'
'Los desorientados'
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martes, 4 de diciembre de 2012

Díaz Ferrán, en el candelero

Han pillado a Díaz Ferrán y no me sorprende. Es decir, lo que no me sorprende es que un pez gordo actúe delictivamente, lo que me sorprende es que lo pillen. Quizá este Díaz Ferrán haya caído en desgracia.
Un pez chico también puede actuar delictivamente, pero con más riesgo. Si un pobre olvida incluir en la declaración de la renta cien euros que cobró quince meses antes y de los que ya ni se acuerda es llamado al orden por los servicios de Inspección de Hacienda. A los ricos que se llevan el dinero a los paraísos fiscales se les ofrece una amnistía fiscal, a la que se acogen apenas cuatro gatos, y saber por qué razón lo hacen. Los más se saben impunes. Si pudiendo pillarles Hacienda no lo hace ¿a qué tanto miedo?
Los oligarcas españoles, financieros y políticos, se protegen unos a otros, quizá por corporativismo, pero acaso también porque temen que haya dossieres en liza.
Sea por lo que sea, lo cierto es que no se ve en España que la justicia trate igual a los delincuentes de cuello blanco, a los que en la mayor parte de los casos ni siquiera se les puede llamar así, que a los pobres, a los que no ses perdona nada.
Quizá el peso de la ley caiga sobre Díaz Ferrán y le haga daño. Pero también es posible que si llegan a juzgarlo y condenarlo, luego le apliquen todos esos beneficios penitenciarios de los que gozan los de la crema. A algunos, por no decir que a la mayoría, incluso los indultan.
Me inclino a pensar que toda la publicidad que se ha dado en este caso, como en otros que han tenido que ver con personas famosas, tiene la finalidad de que nos creamos que Hacienda está vigilante. Es cierto que vigila, pero a los pobres.

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lunes, 3 de diciembre de 2012

Los 430 euros de un jubilado

Si un jubilado medio se ve en la necesidad de gastar 430 euros mira y remira el objeto que ha de comprar, para no errar el tiro, puesto que no hay bala en recámara. Muchos jubilados, con su paga han de atender a hijos y nietos. Algunos han de pagar la hipoteca de sus hijos para que no los desahucien a los dos.
Y de pronto el gobierno decide quedarse con esos 430 euros. El jubilado, en principio, se siente satisfecho. La patria lo necesita. O sea, los españoles. Puede envolverse con mantas, en lugar de poner la calefacción; puede disminuir las dosis de carne y pescado de su dieta; puede prescindir de la cerveza, del vino y hasta del café; puede dejar de tomar los medicamentos que necesita; si muere a consecuencia de todo ello considerará que lo ha hecho por la patria.
Pero abre un periódico, que tampoco puede comprar, y se entera de que los diputados nacionales y autonómicos hablan por el móvil a su costa. Que muchos dirigentes políticos tienen coche oficial con chófer y que algunos de ellos lo utilizan para llevar a los niños al colegio o para hacer la compra. Que las elecciones catalanas, adelantadas caprichosa y tontamente, han costado cerca de 40 millones de euros. Que las televisiones, cuya utilidad no se advierte por ningún lado, pierden grandes cantidades de dinero.
Y que los demás partidos políticos y los sindicatos han protestado la medida, pero ninguno ha renunciado a sus privilegios, prebendas, ni subvenciones. Y el jubilado piensa que algo que ya sabía, que unas cosas son más necesarias que otras, cobra una nueva dimensión: para quienes manejan el dinero de los contribuyentes el bienestar de los políticos y de los sindicalistas es fundamental. El jubilado comprende entonces que si muere por no poder comprar comida, o medicamentos o calefacción, no será por la patria, sino por una parte de ella.

domingo, 2 de diciembre de 2012

El Corredor Mediterráneo está gafado

Pero no lo está por una tontería cualquiera, o por un gafe contrastado, sino por la atroz estupidez de que las vías férreas que pasan por Madrid tienen prioridad.
El asunto tiene que ver con la escasa calidad democrática de quienes viven de la democracia. El orden por el que se han ido haciendo las líneas del AVE responde más al capricho de los sucesivos dirigentes que a las necesidades reales de los ciudadanos.
Los políticos españoles manejan el dinero de los ciudadanos como si cayera del cielo y no se percatan de que muchos ciudadanos han de renunciar a cosas que necesitan imperativamente para poder satisfacer las apetencias de los políticos, que no se privan de nada, dicho sea de paso.
Se esperaba, por ejemplo, que las Comunidades Autónomas sirvieran para acercar la Administración a los ciudadanos y resulta que se utilizan para tomarles el pelo, haciéndoles desear y pugnar por cosas que no necesitan y gastar su dinero en instalaciones que jamás serán rentables y cuyo mantenimiento habrá que pagar siempre. Habría que averiguar qué personas se ocupan de esos mantenimientos y cómo han accedido a los cargos. Y si ha habido comisiones en la construcción de esas instalaciones y quiénes se las han llevado.
Si estos políticos que derrochan nuestro dinero sin que podamos hacer nada más que mirar cómo lo hacen, porque en este menester todos son iguales, fueran realmente demócratas respetarían a los ciudadanos y en este supuesto cada vez que se hubieran propuesto hacer una línea de AVE, un aeropuerto, una autovía y tantas otras cosas, hubieran optado siempre por la opción más rentable. En este supuesto, el Corredor Mediterráneo sería una realidad desde hace mucho.
Por supuesto que el Estado ha de ir a donde no llegue la iniciativa privada, pero es otra historia. Además, si se malgasta el dinero tampoco se pueden atender estas necesidades.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Lo dijo Elena Valenciano

Estoy dispuesto a ponerme en la primera fila si de criticar a Rajoy se trata. Ahora bien, si al mismo tiempo que se critica a Rajoy se alaba a Zapatero no vamos a ninguna parte.
La situación en España es crítica. No es momento para ir con bromas. Actuar ahora en clave sectaria es criminal para lo más indefensos. No se trata ahora de que ganen los propios y que pierdan los ajenos. Por parte de la clase política (iba a escribir “por parte del ganado”, por lo obedientes que son todos ante sus líderes), alguien debería comenzar a pensar en los desfavorecidos.
¿Cómo pueden ser tan egoístas los políticos? Miríadas de personas atraviesan el umbral de la pobreza, mientras ellos gozan de prebendas y privilegios sin cuento. Y ya se ve para qué sirve tanto político. Si imperase la lógica, haría años que se hubiera reducido de forma drástica su número.
Lo que ha dicho Elena Valenciano es que Zapatero estaba solo en el Consejo Europeo defendiendo el Estado del Bienestar, que Rajoy se ha cargado en solo un año.
Rajoy no hubiera podido hacer nada de eso si no hubiera sido precedido por Zapatero.
Con respecto a Zapatero, Joaquín Leguina tiene muchísimo más tino que Elena Valenciano. Lo que ocurre es que la mejor arma para medrar en la política española es la obsecuencia, cosa que lo pervierte todo. Quienes han de optar por ella, porque lo han decidido así, no observan la realidad, sino que fijan de antemano la meta a la que quieren llegar y luego buscan los argumentos que conducen hasta ella.
Ramón Tamames tiene recogidas en sus libros una serie de frases y actuaciones de Zapatero que moverían a risa a cualquiera que no hubiera sufrido las consecuencias en sus carnes. De modo que si la conclusión a la que se quiere llegar es que Rajoy es malo y Zapatero es bueno, todo lo que se haga será perder el tiempo.