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domingo, 13 de octubre de 2019

La filtración de la sentencia

No creo que sea correcto que se haya filtrado la sentencia o, más bien, la parte final y supongo que el juez Marchena, al que los infames intentan desprestigiar, tampoco se sentirá muy feliz de que haya ocurrido.
Sobre este asunto conviene tener en cuenta algunos datos:
a) La voluntad de este gobierno de entrometerse en donde no debe y manipular todo lo que pueda. En el caso concreto de este asunto, con la abogacía del Estado. Parece ser que la sentencia irá en esta línea.
b) La ministra de Justicia le escribió a su colega italiano para que intercediera en el caso Juana Rivas, con lo cual puede dar a entender que está acostumbrada a mangonear en la justicia española y piensa que en Italia ocurre lo mismo.
c) Las estrategias de los abogados defensores, o de parte de ellos, estaban orientadas a facilitar los recursos que, sin duda, van a presentar ante las instancias europeas. Algunos han tratado de poner en evidencia al presidente del tribunal mediante los testigos que aportado o preguntas capciosas. Marchena sorteó todo esto con gran pericia y habilidad y con una paciencia extraordinaria. Soportó mucho más de lo que tenía obligación.
d) La alta probabilidad de que se presenten estos recursos ante los tribunales europeos y la deslealtad que han demostrado algunos de ellos obliga a extremar la prudencia y a procurar una sentencia unánime, con el fin de dificultar un nuevo episodio desleal. Basta pues con que uno de los miembros del tribunal se plante para que los demás tengan que ceder con el fin de lograr esa unanimidad.
Pero ahora mismo todo está en el aire y, como señala Marchena, hasta que no hayan firmado todos los magistrados no hay sentencia. Cuando la haya, habrá que prestar atención a los movimientos de los políticos, porque puede que alguno quiera ganarse el voto de los separatistas para alcanzar la presidencia del gobierno.


viernes, 26 de abril de 2019

El mozo Donaire, como todos

Hay independentistas que, al no estar tocados del ala, por lo menos no totalmente, acabaron por darse cuenta de que el único modo que tienen los de su cuerda de lograr la independencia para Cataluña es mediante una guerra.
Este simple planteamiento ya demuestra la maldad del propósito. Quien piense que merece la pena hacer una guerra con ese fin es rematadamente malvado. Otra cosa sería si Cataluña estuviera sometida y sus habitantes sufrieran hambre y penurias. Pero es al contrario, son los catalanistas quienes tienen sometidos a los que no piensan como ellos.
El caso es que dado que los catalanistas saben que no tienen madera de héroes, sino que a la mínima se rajan, como el tal Donaire, y se tragan sus chulerías previas, e incluso los hay que se han convertido en prófugos, aunque ilusoriamente se autodenominan de otra manera, han intentado conseguir sus objetivos de una manera menos airosa: embarrando el campo y procurándose la complicidad de los indeseables que pululan por el mundo, que no son pocos.
Incluso socios institucionales de España y de los que, por tanto, cabía esperar una actitud leal han demostrado que no son de fiar. Y ahí están Marchena, aguantando lo que no toca, echando mano de su paciencia, porque ya no se fía de otros jueces, y Llarena cariacontecido, viendo que su amor por la justicia y su fe en ella no son tan comunes como quería pensar.
Estos catalanistas, tan taimados como ridículos, tan malvados como tenaces, sirviéndose del dinero que les han ido regalando los sucesivos gobernantes de España, se han esmerado en tejer redes de propaganda y tergiversación y en sobornar y agasajar luego a quienes caen en sus redes. Uno de ellos, J. Fuster, traidor para los valencianos.
No hay que olvidar, ante las próximas elecciones, que estos pájaros de cuenta se abrazan a Otegui y que tanto este etarra como ellos piden el voto para Sánchez. 

jueves, 28 de marzo de 2019

Borrell, enojado

Hay que ponerse en situación para mejor entender el asunto. Borrell es un ministro español y accede a ser entrevistado en una televisión de un país aliado con el que tenemos muchos intereses en común, lo cual es posible gracias a la confianza mutua.
El ministro español accede a ser entrevistado porque espera que se le trate con el respeto debido por su cargo, dado que representa a los españoles. Y entonces el entrevistador traiciona esa confianza y mostrando una absoluta falta de respeto al entrevistado, a la justicia española y al pueblo español, en vista de lo cual el ministro español hace muy bien en marcharse.
Vivimos un momento histórico en el que el espectáculo se antepone a todo. La actitud de ese presentador o periodista alemán no tiene lógica alguna y los espectadores del programa deberían estar asqueados, por cuyo motivo tendrían que haber mandado muchas quejas a esa cadena de televisión. Pero a la vista de lo que viene ocurriendo en Alemania puede afirmarse que no hay ningún alemán que sea más serio, más formal y más respetuoso con las leyes y, por tanto, con el prójimo, como los jueces españoles, Lamela, Llarena, Marchena, que se vienen encargando de lo relacionado con los sinvergüenzas catalanistas. ¡Ya quisieran los alemanes y los belgas tener jueces tan buenos como estos! Y si hay algún alemán con sentido al prójimo es porque vive en España desde hace mucho y se llama Jacobi.
Quizá sea la primera y única vez en la vida que Borrell tiene la razón en algo, yo eso no lo sé. De lo que sí que estoy seguro es de que en esta ocasión la tiene por completo y de que la actitud de esa televisión alemana y la de sus espectadores es lamentable, insolente, grosera y censurable. Si la Unión Europea es esto, su porvenir tiene muy mal pronóstico.

miércoles, 27 de marzo de 2019

El fracaso de los abogados de la defensa

Me refiero, claro está, a los abogados de los presuntos golpistas, y al poner ‘presuntos’ me da la risa, porque el daño que han hecho es incalculable.
El fracaso viene dado porque ‘juegan’ a sentar las bases para un presunto recurso ante los tribunales europeos y han calculado mal sus fuerzas. Marchena sabe más que todos ellos juntos y los va poniendo en ridículo. Si fueran más finos habrían sabido calcular el punto exacto hasta el que podían llegar, ese en el que el buen presidente del Tribunal no habría podido intervenir. Por cierto, ya quisieran Bélgica y Alemania tener jueces como Marchena y Llarena. O como Lamela. También podría ser que estos abogados no tengan ningún agarradero y quieran escenificar ante sus clientes que lo están intentando.
Pero luego todas esas bofetadas, metafóricas, que van recibiendo circulan por youtube, para regocijo de los demócratas. Es posible que estos abogados puedan quedar bien ante sus actuales clientes, pero sin duda que no ante otros. Es significativo también que entre ellos no esté Roca Junyent, que ejerció de caganer durante la redacción de la Constitución. No me extrañaría nada que este abogado hubiera rehusado defender a los sujetos, aquí no es necesario poner ‘presuntos’, que están siendo juzgados. Ojalá Sánchez no pueda indultarlos, en el supuesto de que sean condenados.
Dan pena. Uno que se reía cuando los guardias civiles estaban en apuros e intentaba imponer sus condiciones pierde el control de sus nervios cuando aquellos relatan al tribunal lo que ocurrió y se le escapa un insulto gordo. Hay que saber arrostrar las consecuencias de los propios hechos.
No se les juzga, se les tiene que recordar continuamente, por ser independentistas, sino por los hechos. Pero el independentismo será legal, que lo es, pero no es ético, porque no puede beneficiar más que a dos o tres. 

viernes, 15 de marzo de 2019

Trapero, en crudo

Un juez, Marchena, que dirige con buen pulso el desarrollo del juicio. Unos fiscales que quizá porque consideraron que Trapero no querría declarar, porque tiene su propio juicio, no lo citaron. Un abogado, el de Vox, que sí lo citó.
Durante el interrogatorio a Trapero, al abogado se le olvidó alguna pregunta y el fiscal se dio cuenta de ello y quiso hacerla por su cuenta, pero Marchena, atendiendo a la pureza del procedimiento, le impidió hacerla, pero luego el juez, quizá porque percibió en Trapero el deseo de responderla, acaso porque le pareció pertinente para arrojar luz sobre los hechos objeto de juicio, hizo uso de su prerrogativa y concedió al testigo el uso de la palabra para que explicara lo que ya todo el mundo quería saber.
Parece claro que Trapero, que no tenía obligación de declarar ni de decir la verdad, se sirvió de esta comparecencia como testigo para preparar su defensa en el caso del juicio en el que ha de comparecer como acusado.
No quiere ir a la cárcel y su estrategia consiste en derivar las culpas hacia los demás. El hecho de que se haya tomado el juicio en serio y en lugar importancia a lo sucedido opte por hundir a otros o dificultar su defensa demuestra que es consciente de lo que le puede caer encima. No confía tanto en el indulto que les puede haber prometido el Zapatero de turno, por dos motivos. El primero, porque a lo mejor no gana las elecciones, o si las gana no puede formar gobierno, en cuyo caso la promesa será papel mojado. El segundo, porque aunque logre formar gobierno no es de fiar, porque nunca dice la verdad, así que lo que pudo prometer un día quizá no le convenga cumplirlo llegado el caso.
Así que Trapero, quizá de acuerdo con Tubau, su abogada, ha optado por el pragmatismo con el fin de evitar o reducir su posible condena.
Los tiempos de vino y rosas con quienes hoy se sientan en el banquillo o han huido ya se terminaron.