Mostrando entradas con la etiqueta País Catalán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta País Catalán. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de septiembre de 2015

El tarugo que desprecia a Fainé

Acostumbrados a mentir, tergiversar o inventar, él y sus cómplices, ha dicho, refiriéndose a Fainé: «Su influencia para frenar la independencia es nula.»
Lo que quería decir el tarugo este al que los catalanes maldecirán durante varias generaciones, es que Fainé no tiene el mismo poder de convocatoria que él, que es muy distinto. La independencia la frenará la realidad. Como dijo el torero, 'no puede ser y además es imposible'. Lo que no puede frenar nadie tampoco es el proceso de empobrecimiento gradual de Cataluña. Lo ha puesto en marcha el tarugo ese, que cada día hace más méritos, junto con sus cómplices para ir a la cárcel, y ya ni siquiera lo puede frenar él. Por cierto, quizá suponga una frustración para él que no lo encierren. Querría pasar a la historia como un mártir. De un tarugo cabe esperar eso.
No sería extraño que Fainé fuera incluso más catalanista que Mas. Es posible que Fainé haya soñado que Barcelona sea la capital de España y que la mitad de las inversiones del Estado vayan a Cataluña y que la lengua catalana, esa que se inventó Pompeu no sé qué, fuera la oficial. Pero si Fainé ha soñado eso ha tenido que bajar a tierra, porque todo lo que está haciendo el tarugo perjudica a su negocio, e incluso puede llevar a la quiebra a La Caixa. Al tarugo no le importa el daño que hace.
En una hipotética independencia de Cataluña, La Caixa tendría que optar entre quedarse en el País Catalán, o abandonarlo. En el primer caso perdería todos los clientes españoles y en el segundo los catalanes. Pero todas las empresas catalanas estarían en idéntica tesitura.
En la actual situación, La Caixa pierde clientes de ambos lados. Fainé se ve obligado a ser muy prudente porque ha de mirar por su negocio. En el Reino de Valencia pierde clientes por su empecinamiento con la lengua catalana.

lunes, 13 de mayo de 2013

Dicen que en Argentina se habla argentino

Circula por la red una noticia, que quizá sea un montaje, en la que aparece la portada de un popular medio argentino con un llamativo titular: Argentina ya no habla español, habla “argentino”.
No me parece mal. Los dueños de una lengua son quienes la usan. Lo que resulta raro, a mi entender, es que todavía el español de Argentina, o de México, se parezca tanto al español de España. La razón por la que esto sea así hay que buscarla, probablemente, en el interés común. Hablar la misma lengua facilita mucho el comercio. A los países de habla española les interesa mantener ese nexo entre ellos por utlidad práctica, no por ningún romántico amor a España.
No obstante, en el campo de lo romántico también tiene una utilidad, puesto que permite que siga vivo el sueño de la América Latina unida.
Hay gente que suele aplaudir la aparición de palabros, con la excusa de que la lengua vive en constante evolución. Habría que explicar que esta manera de ver las cosas es como la de aquel que con la excusa de que los cerdos comen de todo, alimenta al suyo con lo más barato, sin caer en la cuenta de que como mejor lo alimente más bueno será el jamón que dará después.
También los hay que se acogen a la ciencia como si ésta promulgara dogmas, y establecen la unidad de ciertas lenguas por el artículo 33. Lo dice la ciencia, alegan. Y no se hable más.
El interés o desinterés que pueden tener en Colombia o en Perú, por la unidad, o no, del castellano, se nutre de motivos distintos a los que pueda haber en el Reino de Valencia y el País Catalán, por ejemplo. A los valencianos les puede interesar, o no, por cuestiones totalmente diferentes a aquellas.
Por supuesto que nadie debería inmiscuirse en los motivos ajenas. Lo que se hable en Argentina es cuestión de los argentinos y lo del Reino de Valencia de los valencianos.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Los recortes no llegan a los privilegiados

Algunos han nacido para sorber. Mientras la mayor parte de la gente vive angustiada y quienes mantienen sus empleos temen perderlos mañana, algunos defienden sus privilegios, y para ello intentan servirse de esos mismos trabajadores angustiados, manejándolos y manipulándolos.
Los hay que acumulan cargos, remunerados, en instituciones y organismos perfectamente prescindibles. Y no dan el paso de sugerir que se suprima este o aquel organismo, sino que reclaman que se mantengan. Exigen la pervivencia de la bicoca en la que están instalados.
Al mismo tiempo que se producen recortes en la Sanidad y en Dependencia, algunos persisten en su empeño de forjar unos quiméricos e inexistentes Países Catalanes, empeño en el que hay gastado mucho dinero. Yo sólo conozco un País Catalán, que está dirigido en estos últimos tiempos por un remedo barato de Moisés. De quienes le antecedieron es mejor no hablar.
Los egoísmos de unos pocos se vienen cargando a los bolsillos de la mayoría, no de todos.
El país, o sea la mayor parte de sus gentes, está postrado, dolorido, aterrado, pero siguen dándose subvenciones que reportan ningún beneficio a la población. Y hay parados y trabajadores que temen quedarse parados que apoyan, porque se han dejado cegar la visión, a aquellos egoístas que atentan contra sus intereses. Les defienden y, además, apasionadamente.
Los líderes políticos y partidos políticos tienen, más que seguidores, forofos. Hagan lo que hagan, digan lo que digan, tienen la aprobación de muchos, simplemente por pertenecer al partido.
Tradicionalmente se ha dicho que las clases humildes son las más solidarias. La experiencia lo demuestra además. Quienes más se aferran a sus cargos y privilegios son quienes menos lo merecen. Quien se ha ganado una cosa con su esfuerzo no necesita que se lo reconozcan. He ido decenas de veces a dar sangre. Nunca me he tropezado con un político. Sé que alguno va a veces y lo sé porque cuando va se lleva las cámaras detrás.

domingo, 31 de marzo de 2013

Los franceses son demócratas

En Francia hay democracia desde hace mucho, lo cual significa que los franceses han adquirido hábitos democráticos. Quizá eso explique que allí un etarra haya muerto en la cárcel, que es en donde deberían morir todos. Los etarras están en el escalón más bajo en el que puede estar un ser humano.
En España, en cambio, según en qué sitios, un etarra es un señor. Se entiende en qué nivel están esos que consideran tan bien a los etarras. La democracia que hay en España no es comparable a la de Francia y, en líneas generales, la calidad democrática de los españoles es muy inferior a la de los franceses. Cuando me refiero a España incluyo en ella, como es lógico, al País Vasco, al País Catalán, al País Madrileño, etc.
Es evidente que la democracia no es un sistema político perfecto, sino el menos malo de los sistemas políticos. De hecho, en una democracia tan poco sospechosa como la de Estados Unidos rige, en buena parte de sus Estados, esa aberración que es la pena de muerte. Pero eso es así porque lo desean los ciudadanos. Esos ciudadanos están equivocados, claro; eso de que el pueblo no se equivoca nunca es una falacia. El pueblo se equivoca muchas veces y hacen falta políticos con valor para hacérselo ver.
En España, ni hay políticos con valor, ni hay democracia, aunque le llamen así. Tampoco abundan los demócratas, porque éstos no surgen por generación espontánea. Tendría que haber una verdadera democracia para que los ciudadanos se reconvirtieran en demócratas. Pero se conoce que ni al PP, ni al PSOE les interesa la democracia. Eso supondría que la Justicia fuera independiente, cosa que les llena de temor. Por supuesto que a los partidos nacionalistas no les interesa la democracia, y ya no sólo porque teman a la Justicia independiente, sino porque su modo de ser es totalmente dictatorial. La relación entre IU y la democracia es dudosa y UPyD sí que promueve la reforma de la Constitución.
Pero de momento nos conformamos con creernos iguales que los franceses en este aspecto.