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lunes, 6 de agosto de 2018

Anson alaba a Iglesias

Resulta que Anson, el indómito Anson, ¡ja!, ha dicho esto: «Mateo ha sido elegida a dedo por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, político este último que es el mejor orador parlamentario y hombre de vasta cultura y sagaz inteligencia.».                   
Que no cunda el pánico, ni se extrañe nadie. Luis María Anson no se ha vuelto loco. Si se repasa su historial se podrá comprobar que es habitual en él que afirme que Felipe González, ese personaje tan mezquino, es un gran estadista, el mejor estadista español del siglo XX. Algo bueno tiene Anson, y es que es agradecido, gracias a FG está en la RAE. Pero este asunto tiene algunas aristas: es injusto que LMA esté en la RAE y no es cierto que FG haya sido un buen estadista, sino que ha hecho mucho mal a España.
También quiso ese singular periodista, singular entre otras cosas por su desfachatez y desparpajo, hacernos creer que Don Juan de Borbón, ese botarate tan irresponsable y egoísta como él mismo, capaz de dejar a su hijo de corta edad como rehén para asegurarse la corona, fue un gran hombre que se sacrificó por los españoles. Este Anson piensa que cualquier cosa que diga nos la creemos.
También ese Anson pretende miserablemente arrebatarle a Adolfo Suárez el enorme mérito de su obra, llevada a cabo con riesgo diario indudable, para otorgárselo a Juan Carlos I, digno hijo de su padre, capaz de cargarse la monarquía, a pesar de tenerlo todo a su favor. Afortunadamente, Felipe VI parece de otra pasta, quizá le haya salido a la madre. No se puede comparar la actitud de Juan Carlos I ante el golpe del 23-F, tuvimos la suerte de que quien cogió el teléfono fue Sabino Fernández Campo, con la de Felipe VI que con su discurso del 3-O salvó a España de una difícil situación.
Es evidente que a LMA la justicia no le importa demasiado y que quienes confíen en él corren el riesgo de ser engañados. 

jueves, 1 de febrero de 2018

Comín entra en pánico

Mucho se especula con respecto a los motivos por los que Comín pusiera su móvil a la vista de todos. Pero una de las posibilidades que hay que considerar es que se haya dado cuenta de que su situación es dramática y que vencido por el pánico ya no sepa lo que hace. Que no haya renunciado a su acta de diputado puede deberse a que todavía crea que le proporciona inmunidad y no a la ambición, como se ha dicho.
Aquí todos tienen pánico, incluso Rajoy, a pesar de que la carta ganadora está en sus manos. El Tribunal Constitucional dictó un auto según el cual todos podían considerar que habían acertado. Los que decían que no debía haberse impugnado y quienes opinaron que sí. El artículo de un jurista que ha publicado hoy El Mundo deja las cosas claras.
Parece evidente que si Rajoy hubiera tenido el margen de maniobra que sus predecesores en el cargo habría cedido igual que hicieron ellos, pero los catalanistas habían llegado ya al final de su recorrido. Se las prometían muy felices, porque el presidente estaba asustado y en situación muy débil, Sánchez estaba a su favor, como otros impresentables, y Riverita bailaba la yenka.
Y entonces sucedió lo que no habían previsto, Felipe VI pronunció un discurso que significó el fin de la aventura, porque Sánchez no tuvo más remedio que dar marcha atrás. Los impresentables se dedican ahora a tratar de desacreditar la figura del Rey.
Hay que ver la diferencia, mientras que Juan Carlos I, con su irresponsabilidad y su egoísmo, pudo dar lugar de forma impremeditada al golpe del 23-F, y fue una suerte que cogiera el teléfono Sabino Fernández Campo y no él, Felipe VI ha salvado a España de una catástrofe con un contundente discurso.
A Rajoy se le ha aparecido la Virgen, a Comín no y los impresentables, con sus críticas, señalan lo que es bueno.


jueves, 29 de junio de 2017

La Casa del Rey hizo bien

Me refiero al hecho de que no fuera invitado a la conmemoración del cuadragésimo aniversario de las primeras elecciones democráticas. Las explicaciones aducidas por La Casa del Rey son correctas. Y, además, Juan Carlos I debió sentirse representado por Felipe VI.
Además de esas razones están también las históricas. Juan Carlos I siempre ha querido ser considerado como el artífice de la Transición y Luis María Anson suele esparcir esa versión. La verdad, sin embargo, es que el héroe de la Transición fue Adolfo Suárez, al que acompañó en ese empeño Manuel Gutiérrez Mellado. Ambos corrieron todos los riesgos que entrañaba la misión que tenían encomendada y los dos sufrieron todo el desgaste. El entonces Rey, por su parte, estuvo a punto de cargarse la democracia y luego la Monarquía. Debería darse cuenta de que lo mejor que puede hacer ahora es apartarse a un lado y dejar que su hijo intente recuperar para la institución monárquica el prestigio perdido.
Si Juan Carlos I hubiera sido más sensato el golpe del 23-F no se habría producido. Como consecuencia, si Adolfo Suárez y Manuel Gutiérrez Mellado no hubieran actuado como hicieron, seguramente la historia sería otra; como también fue una suerte que cogiera el teléfono Sabino Fernández Campo y no el entonces Rey y dijera aquello de «ni está ni se le espera».
Cuando Agustín Rodríguez Sahagún fue nombrado ministro de Defensa, Juan Carlos I le telefoneó, saltándose al presidente del Gobierno (ese es el respeto que tenía el entonces Rey por Adolfo Suárez), para pedirle que traslada a Madrid al General Armada, a lo que accedió. Al enterarse Adolfo Suárez telefoneó a su subordinado para hacerle saber que si había un golpe de Estado el responsable sería él.
La imprudencia de Juan Carlos I, en tantos aspectos de su vida y de su reinado, nos ha salido cara a los españoles y aun podría haber sido peor. Lo mejor que podría hacer es no molestar.

sábado, 25 de mayo de 2013

Secuelas del 23-F

Con respecto a las investigaciones sobre el fallido golpe de Estado del 23-F, el entonces presidente del gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, dijo que en algún sitio había que trazar la raya, porque de otro modo hubiera habido que meter a dos mil personas en la cárcel.
En ese tiempo, la Justicia tenía un punto de independencia, puesto que Alfonso Guerra aún no había podido enterrar a Montesquieu. Hubiera sido mejor que la Justicia hubiera sido totalmente independiente, con lo que Calvo-Sotelo no hubiera podido trazar ninguna raya y esos dos mil hubieran ido todos a la cárcel. Estando sueltos, se han ido colocando bien y pudriendo todo lo que tocaban. ¿Qué podrían tener de demócratas quienes participaban en un asunto como ese? Hubiéramos sabido también, en este caso, cuál fue el verdadero papel del Rey en el asunto, porque al final nos quedamos todos con el arreglo que supo hacer Sabino Fernández Campo. La deriva del PSOE también hubiera sido diferente. Y en líneas generales puede decirse que hubiera vencido la democracia, esa cosa que hoy ya sabemos que no existe en España.
Si no se hubiese elevado ese monumento a la impunidad tampoco la Familia Real hubiera podido llegar tan lejos. La cantidad de cosas que se va sabiendo de esta gente pone en entredicho a quienes necesariamente tenían que estar al cabo de la calle. ¿Cómo es que nadie ha dicho nada sobre la cuestión? ¿Cómo es que nadie ha tratado de frenar esta escalada de disparates, por llamarles de algún modo?
Pocas cosas tienen arreglo ya partiendo de la situación actual. Urge un cambio radical de sistema y que se le quite la inmunidad a quienes tan generosamente se les concedió. Algunos se han dedicado durante todo este tiempo, quizá por conveniencia, a glorificar al Rey, y también a su padre, y ya se va viendo que de tal palo tal astilla. Quienes hacían este servicio al Rey es dudoso que no supieran lo que se cocía tras los muros del palacio de La Zarzuela.

jueves, 29 de octubre de 2009

Un tal Cayo Lara

Se puede admitir que no supieran quien fue Sabino Fernández Campo un viajante de comercio, un médico de familia, o cualquier otro que no tenga un interés inmediato en el asunto. Pero un político sí debe saberlo y más si ostenta un cargo importante en un partido. Sin embargo, Cayo Lara, coordinador general de Izquierda Unida, contestó de forma displicente y torpe cuando se le preguntó por el recientemente fallecido ex Jefe de la Casa del Rey.
No es esta la primera muestra del “talante” del tal Cayo Lara. No hace mucho aprovechó su primera visita al Palacio de la Zarzuela para explicarle al propio Rey, con todo lujo de detalles, el modo en que piensa acabar con la monarquía. De modo que él mismo ha puesto al descubierto la “finura” de su educación y su “calidad” democrática.
Cada uno puede pensar como crea conveniente y la república es una opción respetable, pero ahora mismo la monarquía es la forma de Estado que prefiere la mayoría de los ciudadanos y, por tanto, hay que respetar los deseos de la población. Por otro lado, la forma de Estado tampoco es una cuestión prioritaria, ni la culpable de la corrupción, ni tampoco de la ineficiencia de nuestra clase política.
Aprovechar, por otro lado, una visita protocolaria al Palacio de la Zarzuela del modo en que lo hizo Cayo Lara es un golpe bajo impropio de un dirigente nacional. Los simpatizantes de este partido debieron avergonzarse mucho. Y si ahora ha salido demostrando tan poco interés por la figura de Sabino Fernández Campo es porque tampoco tiene demasiado interés por la historia reciente de España, ni se ha preocupado en saber lo que ocurrió aquel 23 de febrero, ni por qué ocurrió, ni los motivos por los que felizmente se restableció la democracia. Lo más probable es que a Cayo Lara sólo le interesen unas pocas cosas, las cuales, a la vista del personaje, me traen sin cuidado.