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viernes, 10 de agosto de 2018

Diferencia entre el PSOE y UPyD

Ya ocurrió en el caso de Alonso Puerta. Ocurrió en aquellos tiempos tan ilusionantes para la mayoría, incluso para muchos de los que no habían votado al PSOE.
Uno de los que estaban llenos de ilusión fue Alonso Puerta. Tanta tenía que cuando en el ejercicio de sus funciones se encontró con un incipiente acto de corrupción en su partido lo denunció inmediatamente a los órganos rectores del PSOE. Se desilusionó por completo y de repente, puesto que en lugar de atender su denuncia lo expulsaron del partido.
Concurrió a las siguientes elecciones en otra formación política, pero los votantes le volvieron la espalda y optaron por los corruptos.
Con UPyD vino a ocurrir algo similar. Cualquier socialista informado podría haber aceptado perfectamente el ideario de este partido, e incluso habría tenido que admitir que se ajustaba mucho más al ideal socialista al estar totalmente exento de nacionalismo, ideología esta que además de nefasta y antidemocrática es incompatible con el socialismo. Y sin embargo los votantes siguen prefiriendo las siglas a la decencia y la coherencia ideológica.
Pero además de esas diferencias en lo que a la ideología se refiere están las que se plasman en los programas y en las formas de actuar. En el de UPyD estaba el adelgazamiento de la Administración. ¿Cómo se puede defender el Estado del Bienestar y el Sistema de Pensiones si el Estado gasta una cantidad indecente de dinero en organismos e instituciones prescindibles? Las televisiones autonómicas nos cuestan más de mil millones de euros.
Por supuesto que el PSOE no quiere reducir la Administración. Lo prueba el hecho de que Pedro Sánchez está colocando a todos los suyos, incluida su esposa. El Estado del Bienestar no le importa tanto como el bienestar de sus allegados. Ya se ve que piensa que los trabajadores tienen las espaldas muy anchas y pueden cargar con todo.

martes, 26 de junio de 2007

Juan Carlos Rodríguez Ibarra

Juan Carlos Rodríguez Ibarra ha escrito un artículo en El País, titulado Arriba y abajo, en el que no da pie con bola, a mi entender. No obstante, hay que reconocerle algunos hallazgos, como el de llamar “mugre humana” a los etarras. Y creo que se equivoca porque la justicia no puede someterse a caprichos, sino que siempre debe tratar de buscar la solución más justa. Si los etarras están diseminados ha de ser porque en el País Vasco son peligrosos. Es decir, si una vez en la cárcel se olvidaran de la banda y se comportaran como los demás presos, no habría ninguna excusa para alejarlos, hiciera lo que hiciera ETA. En el caso de que ETA desaparezca, tampoco habrá ninguna excusa para mantenerlos alejados. O sea, que tampoco sobre este asunto se puede negociar. El hecho de que los distintos gobiernos españoles hayan negociado con ETA no es más que una prueba de debilidad ante la banda y lo que la sustenta. Y también de ambición boba, por querer apuntarse el tanto de la derrota de ETA. Por su parte, De Juana inició la huelga de hambre, probablemente, al notar la proclividad de buena parte de la población a ceder ante sus exigencias. En estos momentos, no la observa, por tanto, se cuida mucho de hacer tonterías. Me parece una enorme tontería, por parte de Rodríguez Ibarra, esa pretensión suya de hacer saber con hechos y no con palabras que la ruptura de la tregua no es gratis. Lo que no debe salir gratis no es la ruptura de la tregua sino ninguna de las actividades de la banda. No se puede dar a ETA el plazo de tres meses ni de un día. Hay que exigirles, como a cualquier bandido, que se entreguen a la justicia inmediatamente. El artículo citado acaba con la frase: la decencia exige que termine (el terrorismo). Ahora hace falta que a los del doble lenguaje les interese la decencia.