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sábado, 21 de septiembre de 2013

Acerca de los catalanistas

He de confesar que el carácter catalán me encanta y que esa discreción, esa elegancia, esa educación extrema de que saben hacer gala deberían ser expandidas hacia el resto de España.
Esas cualidades tan hermosas hay que adivinarlas en quienes han sido contagiados por el virus del nacionalismo, esa peste que incluso se extiende por los sectores de la izquierda, que deberían estar vacunados contra ella. Hay que adivinar esas cualidades, puesto que quedan sepultadas por el fanatismo. Incluso hay otros que son catalanistas sin ser catalanes y son incluso más ruidosos, vocingleros y fanáticos.
Lo que sigue es lo que sabe hacer un catalanista, éste escondido en el anonimato:
Comentario por encarnita polo 20.09.13 | 20:28
    Menuda mamarrachada... ¿acaso no estudia un asturiano, un andaluz y un canario el mismo idioma???
    ¿Negará usted que entre un asturiano y un canario que hablan español hay muchas más diferencias que entre un tortosino y un alicantino que hablan catalán?
    ¿Niega usted que catalán y valenciano son lo mismo?

    Vaci a fer la mà!!!!
Comentario por encarniya polo 21.09.13 | 11:53
    Don Jose Sanchez... y después son los catalanes los que manipulan la historia.
    Que si hombre que si, como dijo aquel, el valenciano es un idioma prehistórico.
Por otro lado, en el diario El Mundo, en su edición del 10 de septiembre, apareció la siguiente información:
[...]Es de esperar que sus ponentes pasen de largo sobre los retoques que el admirado archivero Próspero de Bofarull —un enorme retrato suyo decora la sede del Archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona— hizo en las páginas del Llibre del Repartiment. Fue el filólogo e historiador Antonio Ubieto quien denunció en los años 80 que Próspero de Bofarull había modificado el Llibre en el que se registraban las donaciones de casas o terrenos hechas por Jaime I a los que participaron en la conquista de Valencia descartando asientos que se referían a repobladores aragoneses, navarros y castellanos. El descubrimiento, que ha pasado prácticamente desapercibido pese a su trascendencia y que Crónica recupera del olvido, le supuso a Antonio Ubieto el enfrentamiento con compañeros catalanistas y ser objeto de amenazas que incluyeron pintadas con el nombre de sus hijos en los colegios donde estudiaban. [,,,]
Lo que se dice de Antonio Ubieto lo sé, por otras fuentes, desde hace muchos años.

martes, 9 de marzo de 2010

Gallego, en el sentido más peyorativo del término

En esta España de nuestros pecados hay que llevar mucho cuidado con lo que se dice, porque como se diga algo no políticamente correcto no hay nadie que se contenga a la hora de dar palos. Ya parecen lejanos aquellos tiempos en los que estuvo bien vista la elegancia, e incluso demostrar que se carecía de ella se consideraba un demérito grande.
Rosa Díez podía haber dicho lo mismo de otro modo, en lugar de “Zapatero es gallego, en el sentido más peyorativo del término”, pero acaso al tratarse de un programa en directo, en el que se le pidió que definiese con una palabra al presidente, no acertó a rebuscar otra expresión más conveniente. Si ella hiciese gala constantemente de tener fobia a los gallegos, hubiera merecido que se le reconviniera; no siendo el caso, lo elegante era pasar por alto la cuestión. La elegancia no da votos, de ahí que a los políticos les importe poco. Consecuentemente, todos los que tenían algo que ganar se han hinchado a darle palos.
En la época en que ocupaba la vicepresidencia del gobierno, Alfonso Guerra contaba que cuando recibía a los empresarios catalanes, y puesto que tienden a unirse, los recibía uno a uno; en cambio, cuando recibía a los valencianos, y dado que suelen discutir entre ellos, los recibía todos juntos. Este, que es un uso banal de los estereotipos, no fue utilizado por nadie. Una ligera mirada sobre la cuestión proporciona la idea de que los catalanes son más disciplinados e inteligentes que los valencianos. Sin contar con la evidencia de que Guerra buscaba salirse con la suya, no averiguar qué era lo más conveniente, cosa que todo parece indicar que era la pretensión de los valencianos.
La frase de Rosa Díez ha dado lugar a disputas enconadas, con graves acusaciones entre las partes en algunos casos, y lo único que cabe decir es que quienes han tratado de hacer sangre, basándose en esa única frase, porque no han encontrado nada más de Rosa Díez en contra de los gallegos, tienen muy mala intención. Y poca elegancia.

domingo, 23 de diciembre de 2007

El respeto a las instituciones

Manuel Marín, al que ya le queda poco como presidente del Congreso, ha concedido una entrevista al diario El País, de la que cabe destacar su afirmación de que los políticos españoles no respetan las instituciones. Supongo que esta afirmación es creída sin más por la mayoría, dado lo evidente de la misma. Esto lleva a la evidencia de que la política española se ha convertido en un nido de patanes. Baste recordar que recordar que bastante antes de que se acabe el mandato del actual presidente del Congreso, ya se ha dicho que el próximo será José Bono, ese demagogo con el que Zapatero quiere engañar a los votantes de centro; y digo engañar porque los políticos nos tratan como si los votantes fuéramos caracoles a los que hay que hacer salir del cascarón. No me olvido de que el gesto de enseñar a José Bono puede ser muy eficaz, electoralmente hablando, pero adolece de una total falta de elegancia. Si en la política española reinaran el señorío y el sentido común, ni al más lerdo de los diputados le cabría ninguna duda de que hay que preservar las instituciones por encima de todo. Lo cierto es que las instituciones, o buena parte de ellas, ya llegaron muy tocadas a esta legislatura, durante la cual no sólo no se ha hecho ningún esfuerzo para remediar la situación, sino que se ha atacado a la línea de flotación de las que aún conservaban algún prestigio. Cabe suponer que nuestros políticos, o la mayor parte de ellos, llegan a la política con buenas intenciones, aunque haya quien sospeche que, al menos, algunos lo que quieren es enriquecerse. Suelen olvidar, sin embargo, ese útil refrán que dice que el infierno está empedrado de buenas intenciones. Antes de intentar hacer un bien deberían preocuparse por averiguar las consecuencias que podría tener su acción, no fuera a ser que provocaran una catástrofe mucho mayor que el bien que pretendían hacer. Eso es exactamente lo que viene ocurriendo en España, legislatura tras legislatura. Llegada la hora de votar, convendría tener en cuenta a aquellos políticos que pretendan recuperar la fe en las instituciones.

lunes, 15 de enero de 2007

El meme

Yo había leído el Re(paso) de lengua pero no me animé a seguir el hilo. Pero en El color del cristal me lo han dicho de un modo que me impide sustraerme. Así que allá voy con mis cinco cosas:
1.- Me atrae la gente que duda. Quienes llenan su mundo de certezas me parecen sumamente peligrosos. Una gallina, un tigre, un pulpo, no dudan jamás. Siempre saben lo que han de hacer.
2.- Me gusta la elegancia en todas sus formas, especialmente la espiritual.
3.- Coincido con Julián Marías en que la principal cualidad humana es el valor. Para hacer lo que se debe en cada ocasión, y no lo más fácil, es necesario vencer el miedo.
4.- Creo que no se puede medir a ningún ser humano, salvo que él mismo dé idea de su propia pequeñez. Generalmente, cualquier medición será parcial e incompleta. Son innumerables las facetas humanas y las circunstancias en las que puede verse envuelta cualquier persona. El personaje más impensado puede revelarse capaz de la más inverosímil proeza. Pero como he dicho, de esta última posibilidad cabe tener como incapaces a los terroristas y en general a quienes machaconamente se decantan por la mezquindad.
5.- Opino también que lo único que salva al ser humano es su capacidad de redención. Por tanto, todo aquel castigo, como la pena de muerte, que prive de esta posibilidad a un semejante es injusto.
Y ahora me toca decir que impongo este meme a todas las personas que hayan pasado por aquí, citando la fuente. Pero me tomo la libertad de retirar la imposición y lo dejo al libre albedrío de cada cual.

La sociedad olvida a quienes más necesita

Huelgas de hambre

Doña Jimena