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jueves, 3 de septiembre de 2009

Lo que calla Carrascal

En su artículo de hoy, en la Tercera de ABC, titulado Partitocracia, José María Carrascal expone su criterio según el cual en España no tenemos democracia, sino que lo nuestro es una partitocracia. A lo largo de todo su fundamentado artículo va exponiendo las razones por las que no cabe catalogar como democracia nuestro sistema político, sino como dictadura de los partidos.
No es original, puesto que a estas alturas ya media España se ha dado cuenta y la otra media también, pero sería un milagro que los partidos políticos actuales se hicieran el harakiri, para dar paso a una democracia auténtica, en la que los políticos tuvieran que responder ante los ciudadanos, los verdaderos dueños del poder, en lugar de hacer la pelota a los líderes de sus partidos. De este modo los ciudadanos no tenemos más remedio que darnos cuenta de que no pintamos nada, o todavía menos que nada, puesto que se nos intenta manipular, para que seamos cada día más sectarios, con el objetivo de “fidelizar” nuestros votos.
En refuerzo de la anterior tesis viene la noticia de la destitución del letrado de las Cortes Valencianas, según su presidenta Milagrosa Martínez por la “incomunicación” con ella misma. No se entiende que pueda haber “incomunicación” entre dos instancias oficiales, lo que lleva a pensar que esta palabra fue usada como eufemismo, y quizá lo que realmente quiso decir es que no le obedece.
Por el otro lado, otros conspicuos socialistas, como Jordi Sevilla y otros, también muestran su descontento por la mano férrea con la que Zapatero rige el partido. Los ministros se limitan a obedecer y así vamos directos hacia la catástrofe.
Como dice José María Carrascal, los partidos controlan el ejecutivo, el legislativo y la justicia. También los medios estatales. Pero cuando habla de los restantes medios de comunicación dice que bastante tienen con hacer oír sus voces. Pues no. También están controlados por los partidos. Las administraciones públicas compran buena parte de sus tiradas y además insertan anuncios en ellos. De ahí que cada medio tenga sus límites bien marcados y resulte arriesgado salirse de ellos. Eso los lleva a ir muriendo poco a poco, pero es que de otro modo podrían morir de golpe. La democracia les podría dar algún tipo de esperanza.

domingo, 16 de agosto de 2009

Un periodista se harta

El periodista Bru Rovira ha dejado La Vanguardia, según explica él mismo, porque no le gusta la situación que atraviesa la prensa. Pero la cosa tiene muy mal arreglo. Hoy, cada periódico se mueve dentro de su parcela ideológica. Todos tienen poco margen de maniobra porque dependen en grado sumo de las subvenciones. A la vista de sus contenidos se puede pensar de algunos que dependen exclusivamente de las subvenciones. No es raro que algún dirigente político telefonee al director de un periódico para quejarse por algún artículo aparecido en el medio.
Dado este estado de cosas podría pensarse que el medio que apueste por la libertad y se lance a informar sin más pretensión que esa tendría el campo abonado para ganarse la audiencia de inmediato. Pero las cosas no son así y la prueba es que no lo hace nadie. O casi nadie. En España no hay hábitos democráticos y entre eso y los años de euforia que hemos vivido nos hemos deslizado de la ilusión por la democracia al sectarismo más descarado. La euforia, que lleva al relajamiento y de ahí a la búsqueda de lo fácil, propiciando que de la preocupación por las personas se pase a la preocupación por lo que piensan las personas. Es mucho más descansado juzgar a alguien según la ideología a la está adscrito, que tener que estar pendiente de sus actos.
Los lectores de periódicos españoles lo que buscan es reafirmar las ideas que ya tienen a priori y de ahí resulta que quienes no se sonrojan por darles a sus lectores exactamente lo que quieren logran gran audiencia. Y ese es el juego en que no quiere entrar Bru Rovira. Lo cierto es que las ideas no definen a nadie, porque todo el mundo tiene derecho a equivocarse. Lo que importa es la intención con la que se hacen las cosas. Hay gente bienintencionada en la derecha y en la izquierda.

miércoles, 13 de junio de 2007

Blair y los medios

Tony Blair se ha enfadado con los medios, aunque los que de verdad le molestan son los de Internet. Se conoce que con la prensa tradicional las cosas eran más fáciles. A unos medios los podía tener a favor, más o menos incondicionalmente, y con los otros podía llegar a acuerdos realistas. Los columnistas de la prensa de papel pueden permitirse grandes altibajos en sus artículos, en la seguridad de que se va a vender el mismo número de ejemplares y quienes compran el periódico no tienen otra opción que la que se les ofrece en sus páginas. En cambio, el lector por Internet tiene un gran número de posibilidades a su alcance. El que ayer le pareció bueno o interesante hoy ya no le atrae. La búsqueda de lectores provoca una gran tensión y cada uno la resuelve a su manera. Hay quien prefiere seguir fiel a su línea y quien recurre a lo que sea, con tal de llamar la atención. Lo mejor que ha traído Internet es el soplo de libertad, aunque este es un concepto, como tantos otros, que muchos no tienen claro. En la red se puede encontrar, como en la vida real, lo mejor y lo peor. Y como en la vida real cada uno encuentra lo que busca. Quizá sea posible establecer algún tipo de marco legal en cuanto a los contenidos de la prensa, yo eso no lo sé, pero lo que me parece evidente es que no se podrá torcer el rumbo que ha tomado. Cada medio tratará de atraer a los lectores a su manera, y quien no logra una audiencia mínima se queda sin la necesaria publicidad. La clase política no tendrá más remedio que adaptarse a los nuevos tiempos. Otra cosa que tienen los medios digitales es la interactividad con los lectores, que en una gran parte de ellos pueden dejar sus comentarios. Quizá a la prensa tradicional le esperen grandes cambios, puesto que su papel ya no podrá ser el de dar noticias.