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lunes, 27 de agosto de 2018

Las feministas, ni están ni se las espera

El feminismo fue en sus inicios un movimiento necesario, forjado con grandes sacrificios y mucho esfuerzo, que hizo un bien inestimable a la sociedad al acelerar el proceso histórico mediante el cual las mujeres obtuvieron, en los países civilizados, idéntica consideración que lo hombres.
El feminismo se basaba, pues, en la pretensión de justicia, mientras que el machismo representaba la ley del más fuerte.
Pero todo eso pasó a la historia desde el momento en que los podemitas y otras gentes afines al pensamiento idiota y malintencionado se apoderaron de un movimiento tan bello. ¿Qué tiene que ver Podemos con la justicia? Pues nada, absolutamente nada. Así que el movimiento feminista en manos de Podemos ha pasado a ser ridículo, cuando no tenebroso: todos, todas, todes, etc. Compañeros, compañeras, compañeres. No se puede esperar nada bueno de los podemitas.
La cuestión es que una señora, con hijos que estaban delante, ha sufrido una agresión por parte de un energúmeno catalanista -si alguien conoce a algún catalanista que no sea un energúmeno que levante la mano-, en presencia de su marido y sus hijos, con el resultado de que le ha roto la nariz. El asunto, aparte del descarado machismo, contiene dosis elevadas de xenofobia y racismo. Sin embargo, las, en otras ocasiones, estruendosas feministas no han dicho ni mu. Tampoco se espera que lo hagan.
Las autodenominadas feministas de hoy en realidad son sectarias, y el sectarismo es refractario a la justicia. De lo que se deduce que hay una parte del feminismo, que tampoco es tal, que se ha prostituido, ha pervertido sus propósitos y el peligro es que logre contaminar a feministas bienintencionadas.
Al feminismo le queda mucho por hacer, teniendo en cuenta además la inmigración procedente de países salvajes, y es triste y preocupante que podemitas y otras hierbas se apoderen del movimiento.

martes, 15 de septiembre de 2015

Una Cataluña catalana

Los catalufos, esos que al contrario de los catalanes, no respetan las leyes ni la lógica, tienen repartidos troles a lo largo y lo ancho del mundo digital, con el fin de provocar disgusto y así poder decir que hay odio a Cataluña.
No lo hay, estos tipos tan cansinos dan pena. Se inventan cosas tan peregrinas como la de que quieren una Cataluña catalana. En un principio se podría pensar que es imposible que un asturiano reclame una Asturias asturiana, menuda sandez, pero puesto que el virus del nacionalismo penetra con tanta facilidad no me extrañaría que pronto tuviéramos esa canción, una Andalucía andaluza, una Murcia murciana, etc. O un calamar calamarista.
Pero ya se entiende que su pretensión consiste en reducir a Cataluña, hacerla más provinciana, erradicar 'casi' todo lo que venga de fuera. Y digo 'casi' porque para satisfacer su megalomanía necesitan apropiarse de lo que no es suyo, como el Siglo de Oro Valenciano, por ejemplo. Con este propósito han gastado mucho dinero, procedente de los impuestos de todos los españoles, mediante subvenciones que dan a sus afines.
No les importa trivializar un concepto serio, como es la xenofobia, diciendo que la hay contra la lengua catalana. La xenofobia no tiene nada que ver con las lenguas. Y son ellos, los catalufos, los que pretenden imponer esa lengua, inventada por Pompeu no sé qué, a la fuerza, arrinconando a la española. Se burlan de los valencianos que defienden la autonomía de la lengua valenciana y los menosprecian.
Como los peores catalanistas son los valencianos, una energúmena que se gana la vida en el sector de la cultura, trivializó otro término muy serio, el del genocidio, afirmando que hay genocidio contra la lengua catalana.
Julio Caro Baroja dio en el clavo al afirmar que el problema catalán sólo se puede resolver mandando trenes llenos de psiquiatras.