martes, 17 de diciembre de 2019

Caso Arandina

He leído varios artículos, escritos por prestigiosos juristas de ambos sexos, sobre el Caso Arandina. El resultado es desolador, porque lo que está en juego no es la suerte de unos chicos, sino la justicia misma. O sea, la democracia.
Este texto, que a la ministra Dolores seguramente no le causa ninguna preocupación, pero a los españoles normales sí que debería inquietarles:
«He estado más de diez trienios en las cárceles tratando con todo tipo de delincuentes y he conocido distintas condenas para el mismo delito o muy parecido, dependiendo la mayoría de las veces del abogado defensor, la acusación particular y, en mucha mayor medida, del tribunal sentenciador. Cinco o seis años antes de jubilarme se hizo evidente la inclinación judicial a castigar con el máximo rigor los delitos catalogados como “de género”, llegando a su máxima gravedad si la acusación particular -no necesariamente la fiscal- la ejercía una asociación de las que los españoles llaman “de mujeres”», extraído de aquí: http://salmonetesyanonosquedan.blogspot.com/2019/12/38-anos.html
Hay grupos que pretenden desprestigiar a la Corona, porque se dan cuenta de que es un bastión en la defensa de las libertades y la democracia, y amedrentar a los jueces, porque la justicia es el otro baluarte con el que chocan. Y esos, cuya maldad no disimulan, se atreven a criticar a Franco. No tienen derecho a hacerlo con nadie, porque para ello primero deberían optar por la virtud.
Aquel juez que redactó un memorable voto particular en la sentencia de La Manada, lo hizo procurando el bien común, tratando de salvar a la justicia, para que los ciudadanos podamos desenvolvernos con tranquilidad, sabiendo que los jueces no permiten las medidas arbitrarias. Sin embargo, fue criticado por otro lamentable ministro de Justicia, más atento al ruido de la calle que a defender a los ciudadanos.
Con la sentencia del caso Arandina, quien no se eche a temblar es un inconsciente.

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