sábado, 21 de diciembre de 2019

Insólito gesto humano en Sánchez

El presidente del gobierno en funciones ya lleva suficiente tiempo expuesto a la opinión pública, por lo que hay motivos más que suficientes para que todo el mundo sepa cómo es.
A nadie se le puede escapar a estas alturas que, para él, todo lo que le conviene es bueno, ético, e incluso saludable, ecologista, feminista y solidario. Y lo que no le conviene es lo contrario y algunas cosas más, como fascista, franquista y antipatriota.
Y las cosas pueden cambiar varias veces a lo largo del día, de la noche, de la semana o de la media hora. Si ayer le quitaba el sueño dormir con el coletas, hoy se dispone a peinárselas. Incluso es posible que le haya preguntado ya si prefiere que se lo haga con peine o con cardador.
O sea, que sabemos, porque no nos queda más remedio que saberlo, que Sánchez tiene la cara suficientemente curtida y endurecida para hacer frente a las necesidades que le procura su narcisismo intenso. Pero aún faltaba una vuelta de tuerca más y es que, según he leído en algún medio, se ha sometido a algún tratamiento facial o acaso operación quirúrgica para estar más guapo. Eso también es importante en un presidente de España. Otros se dejan barba, él opta por una solución más arriesgada.
Es decir, el tipo es humano. No todo en él son ansias ilimitadas de poder y un deseo infinito de castigar severamente a quienes no colaboran para que se cumplan sus sueños, que considera legítimos e irrenunciables, sino que también dedica un tiempo a sí mismo, a mirarse en el espejo, para vislumbrar si le devuelve toda la grandeza que imagina, y si observa alguna pequeña imperfección en sus facciones, se apresura a restañarla.
En la política también hay lugar para la coquetería.
El cirujano o profesional que le haya atendido no sabe el honor que se le ha hecho.


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