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martes, 11 de septiembre de 2018

Otra diada más, ¿hasta cuándo?

Sólo una mente retorcida, preñada de maldad y de malasombra, pudo seleccionar la fecha de una supuesta derrota como fiesta regional.
El motivo no puede ser otro que el de insuflar odio y deseos de venganza en la población. Las personas de mente sana y llenas de amor a su pueblo eligen fechas festivas y alegres, para que las gentes del lugar disfruten y que su gozo sea el germen del compañerismo, de la amistad y de la concordia.
En cambio, los malnacidos que eligieron la derrota, y el deseo de segarles el cuello a quienes a continuación y de modo arbitrario fueron señalados como enemigos, han de inventar la derrota, tergiversando todo lo que haya que tergiversar y manipulando el sentido de la historia. También han de hacer caso omiso del deber de agradecer la ayuda recibida. La Guerra de Sucesión fue una guerra europea, más que española, en la que primero se trató de evitar que Francia se convirtiera en la nación más poderosa del mundo, y posteriormente que lo fuera Alemania. Los sinvergüenzas lo cuentan de otra manera.
Fue precisamente a raíz de Felipe V cuando Cataluña comenzó a progresar, a costa de las demás regiones españolas. Los privilegios y ventajas que se le fueron concediendo a Cataluña fueron desventajas que tuvieron que sufrir las demás regiones españolas.
Lo mejor que se podría hacer por Cataluña, que debe su prosperidad al sacrificio de las demás regiones españolas, es fomentar la gratitud entre los catalanes.
La gratitud es propia de los espíritus elevados, del mismo modo que el deseo de venganza surge en las gentes más mezquinas. Fomentar la gratitud hacia quienes se han sacrificado tanto por Cataluña es elevar el espíritu de los catalanes, mientras que avivar el rencor sirve para envilecer a los ciudadanos, o sea, multiplicar a los rufianes.

lunes, 3 de abril de 2017

Gibraltar y el Brexit

Parece ser que algunos británicos tildan de oportunista, o algo peor, la posibilidad de que España aproveche algún de su gobierno en la negociación del Brexit para tener alguna ventaja en el contencioso gibraltareño.
Olvidan que su nación ha siempre tan presta para mejorar las condiciones de vida de los suyos como para empeorar las de los demás.
En este sentido cabe recordar que su intromisión en la Guerra de Sucesión española no tuvo nada de altruista y que el daño que hizo a España con ello excede en mucho la rapiña del Peñón de Gibraltar. Si se hubieran quedado en casa disfrutando de sus prados y de sus fantasmas la tal guerra no habría tenido lugar, o habría durado muy poco, con el considerable ahorro de muertos y Felipe V habría mantenido la aceptación popular de que gozó al principio en toda España. Las secuelas de esa intromisión todavía las estamos sufriendo los españoles, no hay más que fijarse en lo que ocurre en Cataluña para verlo.
Los ingleses entraron en esa guerra que no les concernía, perpetraron sus maldades, se retiraron cuando dejó de interesarles y aun se quedaron con Menorca y Gibraltar como pago por sus desmanes.
Se ven a sí mismos como muy nobles, pero es porque sólo recuerdan lo que les conviene y olvidan la gran cantidad de felonías que han venido perpetrando a lo largo y lo ancho del mundo.
Si de verdad fueran nobles reconocerían que es un anacronismo que exista una colonia en nuestros días y, es más, que nunca debieron haber ocupado el Peñón. Todo lo que no sea eso es un acto de fuerza, ilegítimo, consentido por un mundo que no tiene a la justicia entre su prioridades.
El Reino Unido no tiene ningún derecho a presumir de nada mientras mantenga a Gibraltar entre sus posesiones.

'El Parotet y otros asuntos'
'Diario de un escritor naíf'
'Yo estoy loco'
'Valencia, su Mercado Central y otras debilidades'
'1978. El año en que España cambió de piel'
'Historias de la otra razón'
'Por qué España'
‘Búsqueda y desarrollo del talento’

miércoles, 8 de febrero de 2017

Ridícula acusación británica

Cree el ladrón que todos son de su condición. Acostumbrados los británicos a inmiscuirse en todas partes, sembrando el desconcierto y dejando un reguero de muertos, como en el caso de la Guerra de Sucesión española, por ejemplo, creen que los demás tienen las mismas intenciones.
Si Inglaterra no se hubiera entrometido en la Guerra de Sucesión, Felipe V habría sido proclamado rey a las primeras de cambio, con lo que se habrían evitado muchas muertes y nos habríamos ahorrado el incesante lloriqueo catalán y este episodio en el que tres dirigentes catalanes están dando una muestra de indignidad al mundo, aunque ellos lo ven de otro: piensan que son más listos. ¡Pobres! Y Gibraltar nunca habría dejado de ser español.
El caso es que ahora no tienen verdura en sus tiendas y observan que las estanterías de los supermercados españoles están bien abastecidos de ella y este hecho les da pie a pensar que la función de estos establecimientos consiste en perjudicar al Reino Unido y con este motivo acaparan toda la verdura. Pues no. El objetivo de los supermercados españoles no es ese, sino que lo que pretenden es ganar dinero, por lo que se puede llegar fácilmente a la conclusión de que no compran nada que piensen que no pueden vender.
Aparte de eso, se puede llegar a una segunda idea que añadir a la primera, y es que en la actualidad se impone el pensamiento fácil y que la reflexión pausada supone demasiado esfuerzo para muchos contemporáneos. Un suceso equiparable tuvo lugar en Alemania cuando la crisis del pepino. Puesto que los pepinos procedían de España, vetaron enseguida el pepino español, que perdió ventas en medio mundo. Poca gente se paró a pensar que todos los casos ocurrieron en Alemania, por lo que el foco tenía que estar allí, como acabó demostrándose al final.


martes, 29 de marzo de 2016

A Junqueras no le importa mentir

Claro que no es noticia que a Junqueras no le importe mentir. A ningún nacionalista le importa. Las patrias necesitan una épica y si no la tienen se la inventan. Y a la vista de que hay un público que traga, cuanto más gorda mejor.
Junqueras es un señor, por nombrarlo de algún modo, que además de llorar a moco tendido por una imbecilidad ante las cámaras de la televisión, no tiene reparos en decir lo que sea, sabedor de que está en el lado al que se le consiente todo.
¿Cómo explicarles a los catalufos que la supuesta guerra España contra Cataluña, terminada en 1715 no fue tal? En la Guerra de Sucesión combatieron muy pocos soldados españoles, puesto que lo que se dirimía era el equilibrio en Europa. Cuando a Inglaterra ya no le convino apoyar a los Habsburgo pudo darse todo por acabado.
Cataluña empezó a crecer precisamente a partir de Felipe V, y si no se hubieran dado las circunstancias que hicieron que Inglaterra se inmiscuyera en el asunto todo habría sido muy diferente. Gibraltar seguiría siendo español y Cataluña seguiría siendo pobre.
Los nacionalistas se empeñan en contar las cosas a su modo y todas aquellas personas que no pueden ser nadie por sí mismas, porque están poseídas por el dios de la banalidad, se creen que adoptando la locura nacionalista serán más que el resto de españoles.
Todo nacionalismo es perverso y atonta a quienes lo abrazan, como lo prueba el hecho de que quienes dirigen Cataluña la llevan hacia el abismo y les siguen votando.
Todo lo que tiene que ver con la supuesta nación catalana es falso y fruto de una imaginación enfermiza. Todo intento de los catalanes resistentes al nacionalismo es reprimido mediante la violencia moral y física. Los nacionalistas no admiten la discrepancia. Las mentiras de Junqueras, en cambio, son aceptadas como verdades.