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jueves, 1 de diciembre de 2016

Hablemos del capitalismo salvaje

Supongamos que los vecinos de un inmueble en su Junta de Propietarios anual han de decidir qué empresa se ha encargar de la limpieza de las zonas comunes entre las ofertas que les han llegado.
Examinada la cuestión se procede a votar y gana la empresa que ha presentado la oferta más barata.
Poco tiempo después, algunos de los vecinos empiezan a quejarse al presidente de que la limpieza tiene fallos, etc. El presidente traslada la queja al administrador y éste a su vez al responsable de la empresa de limpieza, que, como consecuencia, le echa una bronca a la persona que limpia.
Parémonos a pensar ahora en las condiciones laborales que puede tener esa persona que limpia, el sueldo que le pagan y la carga de trabajo que le ponen por ese dinero.
Pasemos ahora a la siguiente cuestión. ¿A alguien le extrañaría que buena parte de los vecinos de esa finca fueran votantes de Podemos? ¿Se sorprendería alguien que quienes más se quejan de la labor de la persona que limpia la escalera aplaudiesen enardecidos cada vez que el tipo de las coletas, o el amante de la Dominga que le chupa la minga, insultasen a los ‘malvados opresores’, ‘capitalistas salvajes’ que chupan la sangre de los trabajadores.
Y es al final, a poco que analice uno el comportamiento de estas gentes, resulta que la cuestión no consiste en tener compasión por los desfavorecidos, sino, como demuestran las críticas a Amancio Ortega o Juan Roig -algún estúpido ha metido la pata-, en aprovecharse de la envidia que tienen muchos a los triunfadores.
Por eso resulta tan difícil convencer a los simpatizantes de Podemos de que votan a quienes quieren llevarnos a todos, a sus votantes también, a la ruina. Son personas dominadas por sus pasiones y, consecuentemente, no están en disposición de discurrir razonablemente. Es el mismo caso de los que votan a los partidos nacionalistas.

viernes, 26 de octubre de 2012

Réquiem por el Banco de Valencia

La Generalidad Valenciana y las diputaciones y los ayuntamientos de Alicante, Castellón y Valencia tenían y tienen, aunque quizá ya sea tarde, la posibilidad de traspasar todas sus cuentas, con sus saldos, al Banco de Valencia. Y también la posibilidad de negociar condiciones especiales para los funcionarios que hicieran lo mismo.
Es una solución heroica, claro, pero después del estropicio que han causado en el sector bancario valenciano algún gesto deberían haber hecho, con el fin de tratar de remediar lo que se pueda.
Lo que ocurre es que en España nadie se siente responsable de nada. Para los oligarcas, actuar de una manera egoísta y despreocupada es lo más natural del mundo. Y si causa de este comportamiento suyo ocurre una catástrofe ellos no suelen salir perjudicados.
La pasividad del gobierno valenciano con este asunto es total. Como si no fuera con él. El anterior presidente, Francisco Camps, se desentendía del asunto, echándole toda la culpa al Banco de España, como si no hubiera tenido nada que ver con el nombramiento de José Luis Olivas, y como si no le hubiera pedido nunca a este que invirtiera en tal o cual sitio, o que comprara bonos de la Generalidad.
Los empresarios valencianos, tan dados a formar asociaciones, y que tan bien informados debían estar de todo, puesto que les atañía directamente, no dieron señales de que se enteraban de la catástrofe que se le avecinaba al sector bancario valenciano, y una vez que ésta se hizo evidente tampoco corrieron a apuntalar en donde pudieran y a tratar de minimizar los daños. Se han retirado en los últimos meses fuertes sumas de dinero del Banco de Valencia. Se rumorea que a los gestores del FROB no les importaba espantar a los clientes. Pero todo eso tenía que ser conocido y sabido por Rita Barberá, Alberto Fabra, Juan Roig y compañía y se le debería haber puesto remedio.

sábado, 16 de junio de 2012

El desguace del Banco de Valencia

En tiempos no tan lejanos un ahorrador valenciano quisiera sacarle fruto a su dinero podía haberse fijado en el Banco de Valencia y tener en cuenta algunos detalles, como el de que se trata de un banco con más de cien años de antigüedad, que su presidente también había presidido poco antes la Generalidad Valenciana, lo que significa que su partido confiaba en él, que en el Consejo de Administración estaban notorios personajes de la vida valenciana y que su mayor accionista era Bancaja, que gozaba de sólido prestigio. Con todo esto en el pensamiento, decide invertir en el banco y compra un buen número de acciones.
Y pocos años después se encuentra con que estas acciones, que no eran tan rentables como otras, pero que creía seguras, no valen nada. ¿Cómo ha consentido el Consell que ocurra esto? ¿Es que no lo ha visto venir? ¿Qué ha hecho el Banco de España, cuyos auditores presumían de estar en un cuerpo de elite? ¿Qué la CNMV? Ninguno de los asideros que tenía el inversor ha funcionado, pese a que la mayoría cobra del Estado, o sea de los impuestos.
El inversor piensa que tampoco la prensa, ni siquiera la valenciana, le ha dado ninguna pista. ¡Ah, esos periódicos valencianos, con más de cien años de antigüedad, siempre al servicio de los lectores! Pues estarán al servicio de los lectores, pero será según en qué cosas, porque en este asunto no tiene nada de que presumir.
A toro pasado, cuando el asunto ya no parece que tenga remedio, Jesús Civera, en un artículo titulado La burguesía humillada, deja entrever que la misión de los interventores del Frob quizá haya sido la de hundir definitivamente al Banco de Valencia, puesto que se ha dedicado a espantar clientes.
¿Y qué han hecho para evitarlo Alberto Fabra, Rita Barberá, Jorge Alarte, los medios valencianos, Juan Roig, José Vicente González, Arturo Virosque, etc? La respuesta quizá sea que cada uno trata de conservar su puesto en la manada. Si alguien, por hacerse el héroe, es desplazado, su lugar es ocupado de inmediato. De lo que se deduce que vivimos en un mundo irracional, en el que poco o nada importa la justicia.

'La energía después de Fukushima'
'Limones dulces'
'Ocurrió en Valencia'
'Los invitados de la princesa'
'La vida y la poesía de Gustavo Adolfo Bécquer contada a los niños'
'Los mejores dibujos publicados en El País 2004-2011'
'España, un proyecto de país'
'La hoguera del capital'

miércoles, 13 de abril de 2011

Los españoles trabajan más horas que los alemanes

Cada vez que hay excusa para ello, la clase empresarial habla de la baja productividad española, y por el modo en que se suele expresar se deduce que pretende que se trabaje durante más tiempo por el mismo sueldo. Del mismo modo que ha aprovechado la crisis para reclamar unas reformas laborales, pero no para pedir que se castigue a quienes han tenido algún tipo de responsabilidad en que se produzca.
Ahora ha llegado un informe de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico según el cual España es uno de los países del mundo en los que más horas se trabaja. Se pueden poner pegas a este estudio o a la forma en que se ha realizado, pero siempre quedará en pie que en España se trabajan muchas horas. La evidencia es que no se aprovechan bien.
Fallan los sistemas, de los que no tienen la culpa los trabajadores. Y fallan las costumbres españolas, en las que el carácter imperativo está tan presente. Lo que se exige en España a los subordinados es la sumisión absoluta, incluso en asuntos que no tienen nada que ver con su trabajo. A quien sabe dorarle la píldora al jefe se le permite todo o casi todo, mientras que a los que optan por trabajar se les encuentran fallos en todo.
Probablemente, por causas similares, el absentismo entre los funcionarios, según desveló Juan Roig, dueño de Mercadona, hace unas semanas, es del quince por ciento, mientras que en la empresa privada es del seis por ciento.
Mucho hay por hacer en España, sobre todo para que la vida sea más humana para los más desfavorecidos, que en cuanto se confían quedan atrapados en alguna de esas trampas de la vida en las que siempre suelen caer los mismos. Se tendría que haber aprovechado la crisis para renovar las estructuras, no para recortar derechos a los trabajadores.

'El Gran Libro de las Citas Glosadas'

'En busca del Tesoro de Kola'

'El espíritu del último verano'

'Perdurablemente anfetamínico'

'Cómo provoqué la crisis financiera'

'En mi furor interno'

'No había más que empezar'

'Han cegado a Narciso'