viernes, 22 de noviembre de 2019

Irene Montero y la Ley de Murphy

A estas alturas no debe de quedar nadie que no haya oído hablar de ambas, de Irene Montero y de la Ley de Murphy, cada una por diversas razones.
Pero ahora hay un modo de unir ambas, puesto que hay motivo para añadir una nueva Ley de Murphy a las ya existentes, y es la siguiente: Toda maldad que pueda ser cometida por Irene Montero, de forma impune o a bajo coste, lo será. En el caso de que pierda la demanda contra la escolta a la que ha despedido e incluso si se le impusiera una multa, es de suponer que no pagará ni un céntimo de su bolsillo, sino que será su propio partido u otra entidad quienes correrán con los gastos.
Hace poco ya puso en la diana a una señora por algo a lo que tenía perfecto derecho y la pobre sufrió el acoso de las hordas. Poner en la diana y acosar son dos actividades altamente dañinas e incivilizadas. A quienes las llevan a cabo se las debería calificar como criminales morales, puesto que como consecuencia de ellas sus víctimas pueden caer en la depresión o tomar la determinación de suicidarse.
Últimamente nos hemos enterado, a través de la propia interesada, de que Irene Montero abusaba laboralmente de su escolta. Ella lo niega, pero conocida la escasa simpatía de los podemitas por la verdad y por la ley, la versión de la denunciante es más verosímil. Sabemos también en qué situación tienen a los guardias civiles que custodian su mansión y el desprecio que los conocidos como marqueses de Galapagar, aunque también de Villa Tinaja, sienten por la Benemérita; no obstante, exigen sus servicios. Son malos. Sería el colmo que un guardia civil perdiera la vida por defender a este par.
Es de imaginar también en que condiciones tienen a la servidumbre de su mansión.


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