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viernes, 13 de diciembre de 2019

Lo de Julia Otero no se sostiene

Sus fans descerebrados se han lanzado sobre Rocío Monasterio, y sus palmeros interesados dicen en los titulares de sus medios que le ha dado cumplida respuesta, lo cual no es cierto ni remotamente, porque no he visto ni un solo argumento en sus respuestas.
Todo empezó con un tuit de Monasterio en el que reprochaba a Otero su fe en la nueva religión del ‘cambio climático’ y en el neomarxismo, concepto este que no sé si es nuevo, pero que me parece acertado. Sobre el primero de los puntos escribí aquí mismo el pasado día 9 de los corrientes y me remito a lo dicho. Básicamente consiste en que hay certeza sobre el calentamiento global, por lo que hay que abordar seriamente el asunto cuanto antes, y que lo que se está haciendo al respecto es un circo y una tomadura de pelo. Hace bien Monasterio en calificarlo como nueva religión.
Por su parte, Otero dice que fue expulsada de su tierra por el régimen que Monasterio venera. Este régimen no puede ser otro que el de la democracia, puesto que ella ha jurado cumplir y hacer cumplir la Constitución y no como los afines a Otero, que son de talante dictatorial, puesto que se ríen de ella y atacan de modo infame a quienes no son de su cuerda.
Más gordo es lo de que fue expulsada de su tierra. Saldría de ella como es tradición entre los gallegos -sobre todo desde que se empobreció a Galicia, al igual que a otras regiones, para favorecer a Cataluña- para tratar de mejorar sus condiciones de vida.
El tuit inicial de Monasterio, incluso teniendo en cuenta su intención provocadora, daba pie a una respuesta más sosegada y documentada, pero ya se ve que la especialidad de Otero es la tergiversación, la manipulación y la mentira. 

domingo, 21 de julio de 2019

Lo de Plácido Domingo con la Iglesia de la Cienciología

Una de las pocas cosas que sé de la informática es que los sistemas tienen a menudo debilidades por las que se cuelan los programas maliciosos.
Este hecho sirve como símil de los sistemas políticos, porque también tienen debilidades. El sistema español, por ejemplo, permite partidos antisistema, lo cual es un contrasentido evidente, un juego sumamente peligroso, como vamos comprobando.
Pero la debilidad de la que interesa hablar ahora es de la que representan las religiones. Porque basta que a cualquier cosa se le ponga el nombre de religión para que se le otorgue un halo de respetabilidad y se le abran todas las puertas. Se las abren de par en par y se cuela de todo, desde sectas peligrosas hasta religiones no menos peligrosas.
Dije en el libro ‘1978. El año en que España cambió de piel’, y perdón por la autocita, que debería exigirse a las religiones que adaptasen sus estatutos o normas a la Constitución antes de permitirles operar en territorio español. O en cualquier otro país democrático, porque en los que no lo son, como Venezuela, pongamos por caso, ya se sabe que el gobierno funciona como una religión.
El asunto es muy lógico. Nada debe quedar fuera de la Constitución. Salvo en el caso de las religiones lo que queda fuera es delito. ¿Lo pillan, lo pillan?
Quizá a algunas religiones les costara mucho adaptarse a esta norma, pero seguramente saldrían ganando, porque lo que queda en ellas fuera de la Constitución es vano, hojarasca pura, y a otras les resultaría imposible. Este dato es muy importante.
Dado que se da el caso de que algunas de estas religiones hechas para el mal, aunque muchos de sus adictos sean buenos, tienen tantos fieles y tanto dinero, y tanta capacidad para hacer daño, que no se las puede expulsar, tendrían que llevar, al menos, una advertencia, como las cajetillas de tabaco.
Es decir, en un mundo más racional, como el que reclamo, Plácido Domingo se habría evitado ese mal trago.
'2016.Año bisiesto' 
'El Parotet y otros asuntos'

'Diario de un escritor naíf'
'Yo estoy loco'
'Valencia, su Mercado Central y otras debilidades'
'1978.El año en que España cambió de piel'
'Tránsito en la mirada'
'Te doy mi palabra'   

jueves, 15 de marzo de 2018

El PSOE y la cadena perpetua

El buenismo viene de lejos y la tontuna es contagiosa. Esa necesidad de parecer bueno y sobre todo de creérselo, que es menos trabajoso que intentar ser bueno, que implica renuncias y sacrificios, llevó a que en la Constitución brotase esa norma que dice que las penas de cárcel han de estar orientadas a la reinserción.
Pero si el interesado no quiere reinsertarse, ¿qué? Otegui, sin ir más lejos, jamás ha dado muestras de arrepentimiento, ni prácticamente ningún etarra, ni tampoco cualquiera de los asesinos de similar atrocidad.
Curiosamente, la cadena perpetua es la que más induce a la reinserción, porque obliga a quienes la cumplen, en los países democráticos en los que está vigente, a plantearse si lo que hicieron está bien o mal y si mereció la pena.
Los etarras que cumplen condena en las cárceles españolas se sienten respaldados por el resto de etarras y también por todos esos cómplices suyos que los consideran héroes.
La cuestión es que el legislador debe buscar el bien de la sociedad. Está muy bien que se den facilidades y se ayude a quienes quieran ser reinsertados y se esfuercen en ello, pero hay que tener en cuenta que la decisión ha de ser suya, o sea de ellos. Hay crímenes horrendos a cuyos autores se les prevé de antemano una muy difícil, sino imposible reinserción. Con la cadena perpetua nos habríamos ahorrado, con total seguridad muchos atentados. Los etarras presos, con el fin de obtener beneficios que les evitaran esta condena habrían colaborado en el esclarecimiento de los atentados pendientes de aclarar. Habríamos evitado también las ignominiosas negociaciones del gobierno español con la banda y las bochornosas huelgas de hambre que han llevado a cabo algunos sanguinarios terroristas. No habría sido necesario dispersar a la banda. Los admiradores de los etarras se quedarían con las ganas de hacerles homenaje cuando salieran.
Si algún etarra que cumpliera cadena perpetua lograra convertirse en persona se le podría aplicar el indulto.


miércoles, 14 de marzo de 2018

Gandhi y los catalanes

Me permito recordar que distingo entre catalanes y catalufos y que este último término no es invención mía, y hace referencia a la afición que tienen los nacionalistas a los inventos, las mentiras, las quimeras, o sea, que tienen algún tipo de similitud con los aficionados a la ufología. Los catalanes, lógicamente, son los sensatos, los respetuosos con la ley, los demócratas, los que se pueden incluir en Tabarnia.
La cuestión es que en la manifestaciones independentistas suelen utilizar como eslogan un pensamiento de Gandhi, como si lo arrojasen a la cara de quienes se les oponen: «Las leyes injustas no deben ser obedecidas». Eso es un alarde de ignorancia malintencionada, porque los compatriotas de Gandhi no habían intervenido en la redacción de las leyes por las que se les regía, ni las habían votado, mientras que los representantes de Cataluña sí que intervinieron en la redacción de la Constitución y luego los catalanes la votaron mayoritariamente. Según un estúpido argumento, los catalanes actuales no la han votado, pero es que en ningún lugar del mundo se vota la Constitución cada diez o quince años.
Por otra parte, Gandhi jamás podría haber estado a favor de los secesionistas, habida cuenta de que era pacífico, mientras que los nacionalistas necesitan de la violencia física o moral, si no tienen capacidad para obligar, imponer, prohibir, violentar a los disidentes, no son nadie.
Si en lugar de imponer su criterio por todos los medios a su alcance se hubieran limitado a intentar convencer, sin coacciones ni violencias de ningún tipo a estas alturas ni siquiera tendrían representación parlamentaria. Habrían desaparecido.
Los nacionalistas incitan al odio, Gandhi dijo esto: «Dios no ha creado fronteras. Mi objetivo es la amistad con el mundo entero». De modo que no tienen ningún derecho a citarlo y mucho menos a hacerlo de modo torticero.

miércoles, 7 de febrero de 2018

La prisión permanente revisable

Uno de los artículos un tanto ñoños de la Constitución dice que las penas de cárcel han de estar orientadas a la reinserción. Ha hecho mucho daño, aunque El País, en un lamentable Editorial, lo reivindique.
No se puede reinsertar a nadie sin contar con el propio interesado y, por otro lado, la cadena perpetua habría evitado muchos atentados etarras y nos habría evitado muchos episodios vergonzosos, como la ‘huelga de hambre’ de De Juana. Quizá ni siquiera hubiera sido necesaria la dispersión de los presos etarras, porque una vez encerrados de por vida su utilidad para la banda habría sido nula.
El buenismo, no cabe duda, es una de las múltiples formas de hacer el mal.
Pero cuando se presentó la prisión permanente revisable, si no recuerdo mal, UPyD y Covite se opusieron porque consideraban más apropiada una ley anterior que exigía el cumplimiento íntegro de las penas. Esta ley aparentemente más dura podría significar en la práctica una suavización de la anterior.
Las apariencias a veces engañan y ahora hay una pugna o debate sobre lo que parece esta ley y no sobre lo que realmente es. Al mismo tiempo, se detecta en algunos el deseo de parecer más humanos que nadie, menos crueles, cuando lo que ocurre, en realidad es lo contrario. La humanidad hay que tenerla con las víctimas y a éstas hay que decirles la verdad y no hacerles creer lo que no es.
Quienes delinquen, matan en este caso, ya saben de antemano que su acto tendrá consecuencias y si saber eso no les frena sólo queda aplicar la ley, que no tiene por qué ser dura ni blanda, sino justa y con la finalidad de prevenir y evitar nuevos delitos. Si con posterioridad el delincuente recapacita y se arrepiente, lo que no suele ocurrir en el caso de los peores asesinos, los mecanismos para resolver este caso deben ser muy exigentes y no estar al alcance del primero que los invoque.

sábado, 1 de julio de 2017

El Cupo vasco

A veces tiene su encanto comparar unas épocas con otras. Por ejemplo, viene bien fijarse en aquellos remotos tiempos en que Homero recitaba sus versos y su audiencia los memorizaba, gracias a lo cual han llegado hasta nosotros.
En la actualidad, y hablando en términos generales, nos tragamos cualquier bola, o bulo, sin someterlo a un análisis crítico previo, si aparentemente conviene a la causa. Dicho esto no como reproche, sino como constatación de un estado de cosas.
Lo de que ‘aparentemente’ convenga a la causa viene dado porque aunque, en principio, se puede pensar que los privilegios que otorga el Cupo convienen al pueblo vasco en realidad no es así, puesto que el hecho de que existan lesiona la democracia, sistema político en el que todos han de ser iguales ante la ley.
Los políticos vascos que exigen estos privilegios perjudican, seguramente a sabiendas, a sus conciudadanos, a los que además presentan esta particularidad como un éxito. Les dicen lo que han ganado, pero callan que han perdido calidad democrática, lo cual, por otra parte, les importa poco a esos políticos, dado que el nacionalismo es incompatible con la democracia.
Los políticos del resto de España parece que no se acaban de enterar. Ya durante la redacción de la Constitución, después de haber incorporado el artículo 14 que dice que todos los españoles son iguales ante la ley, establecieron tranquilamente algunos artículos en sentido contrario. ¿Por qué hicieron eso?
Hasta ahora, sólo UPyD ha propuesto corregir ese error, que afecta gravemente a la convivencia entre los españoles, porque la democracia requiere la existencia de demócratas que la sostengan y el camino emprendido por la mayoría de los partidos políticos consiste en convertir a los ciudadanos en forofos, de modo que la política ya no consiste en discernir qué es lo mejor, en cada momento, para todos, sino que viene a ser como un partido de fútbol en el que hay que derrotar a los rivales como sea, aunque del resultado del partido resulte una catástrofe.

viernes, 19 de agosto de 2016

Cuenta atrás para Forcadell


Son muchas las ansias, y sobre todo en Cataluña, de que la maquinaria de la Justicia actúe implacablemente sobre quienes se atreven a desafiarla. Cabe recordar que quienes creen en la impunidad son, por definición, malas personas.

Puesto que la peste nacionalista se expande de modo vertiginoso por todo el suelo español, y a menudo de la mano del PSOE, se espera que la acción de la ley funcione como un medicamento de gran eficacia.

Permitir la impunidad es ponerse de parte de los malos y parece que eso no va a ocurrir esta vez, puesto que las cosas se han llevado ya tan lejos que a la Justicia no le queda más remedio que actuar. No sólo está el caso de Forcadell y compañía, sino que también anda por en medio el de Otegui.

Rajoy va a tener la suerte de que sea bajo su mandato, y con el PSOE poniendo palos en las ruedas de la justicia, cuando se pinchen esos globos nacionalistas que comenzaron a hincharse tras la aprobación de la Constitución y que recibieron una considerable cantidad de aire durante el mandato de Zapatero.

El Tribunal Constitucional ha advertido a los miembros de la Mesa de la Cámara de que pueden incurrir en responsabilidades, incluida la penal. Y les da veinte días de plazo para explicarse individualmente.

Habrá que esperar esos veinte días para ver cómo reaccionan. El más perjudicado puede ser el secretario general del Parlamento catalán.

De momento, la señora Forcadell ha recibido la citación insultando a los ciudadanos decentes. Ha dicho lo siguiente: «Recibida la notificación. Reitero que en los Estados democráticos los conflictos políticos se resuelven políticamente con diálogo y acuerdos, no en el TC».

No es de recibo que la presidenta de un parlamento regional, que cobra del erario público, desconozca qué es la democracia y cuales son sus obligaciones.



martes, 16 de agosto de 2016

Burkini, de entrada no

Ni tampoco nunca. Según algunos pensadores, como es el caso de Pannenberg, el ser humano es religioso por naturaleza. Yo no lo creo así. En mi opinión, la religión tuvo que surgir al ser consciente el ser humano de que tenía que morir y de que estaba expuesto a muchos fenómenos que no podía controlar.
Poco a poco, se han ido encontrando respuestas fuera de la religión y parece evidente que en el futuro las religiones tendrán que decantarse por la racionalidad, olvidando los dogmas y ciertos rituales.
Pero hay religiones que se aferran al pasado y mantienen una serie de actitudes radicalmente injustas, como es la de considerar a la mujer como un ser inferior, e incluso peor aún, como un objeto.
En el mundo occidental y democrático los hay que insisten en defender esas actitudes, con el peregrino argumento de que es su cultura y hay que respetar sus creencias, etc.
Pues no. El mundo occidental debe atender a todos los que lleguen, siempre que quepan, pero haciéndoles saber cuales son las leyes a las que deben someterse y cuales son los principios que han de aceptar.
En los países democráticos hay igualdad ante la ley entre hombre y mujer, y cualquier intento de someter a ésta es castigado. Incluso aunque ella consienta en someterse no está permitido.
De modo que todos esos signos externos que muestran a la mujer como dependiente del varón deben ser prohibidos. Las obligan a taparse para que no las miren, o sea, las consideran objetos, no personas cabales con capacidad para decidir lo que quieren y lo que no.
En el libro ‘1978. El año en que España cambió de piel’, digo que el Estado debería dictar unas reglas por las que tuvieran que regirse las religiones que quisieran establecerse en el país. Por ejemplo, no podrían tener ninguna norma o precepto que fuera contra la Constitución. Quizá España sola no pudiera hacerlo, porque no nos venderían petróleo, pero la Unión Europea sí podría.