Mostrando entradas con la etiqueta Karl Jacobi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Karl Jacobi. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de marzo de 2019

Rufián y los estercoleros

Lo explicó muy bien Jonathan Swift: «Cuando surge un villano en el mundo se le puede reconocer por este signo: no hay estercolero en el que no hoce».
La última de Rufián, o quizá la penúltima, porque no para, consistió en ir a Alsasua, uno de los pueblos malditos que hay en España, en el que los bildutarras imponen su ley. Ha ido, como no podía ser de otra manera, a demostrar sus simpatías a esa multitud gallinácea que apalizó sin piedad a cuatro personas indefensas, dos hombres y dos mujeres, por la simple razón de que los hombres eran guardias civiles. Dos fueron las mujeres agredidas y además de forma continuada, la agresión no acabó con la paliza, sino que posteriormente siguieron los hostigamientos. Las feminazis, esas que se desgañitaban empujando a Juana Rivas hacia el abismo, en este caso no han dicho nada, y seguramente es mejor así. Las damas del actual gobierno tampoco. Rufián fue a Alsasua a ofender a las víctimas y con ellas a todos los demócratas. Un demócrata es alguien que respeta las leyes y, por tanto, a los demás ciudadanos, paga sus impuestos y vive de su trabajo. Hay mucho caradura al que no le importa hacer el mal, o el ridículo, con el fin de vivir a costa de los demás. Cuando un demócrata se dedica a la política, como es el caso de Karl Jacobi, propone soluciones.
Rufián puede ponerse en contra de las víctimas porque intuye que nunca lo será. Siempre estará en el lado de los que dan las palizas, no en el de quienes las reciben. Ese pensamiento le permite burlarse de las cuatro víctimas de los salvajes de Alsasua, que además ahora, como suelen hacer todos los malvados, quitan importancia a su bestial y multitudinaria agresión. ¿Podemos deducir que si llega a estar Rufián en el sitio también habría dado patadas a las víctimas cuando estaban en el suelo?

sábado, 22 de diciembre de 2018

El mejor alcalde de Barcelona

No me refiero al mejor alcalde, o alcaldesa, de Barcelona que ha habido hasta ahora, que obviamente no es Colau, sino al que puede haber en un futuro inmediato y concretamente al que salga de las próximas elecciones.
Cualquier voto que no se le otorgue a Karl Jacobi puede considerarse como autodestructivo para Barcelona, aunque también hay que tener en cuenta que el poder destructivo de unos es mayor que el de otros; Colau, por ejemplo, pero no solo Colau, quiere cargarse la civilización.
La elección de Karl Jacobi resultaría muy ventajosa para Barcelona y de rebote para Cataluña, porque significaría que la Ciudad Condal desea desmarcarse de esa locura colectiva que va a sumir en la ruina a la región. De pronto, las empresas que se han ido y las que están considerando la posibilidad comenzarían a plantearse otras posibilidades.
La citada locura colectiva recibiría un jarro de agua fría que haría bajar la tensión, quizá se dieran cuenta algunos de sus integrantes de que habían comenzado un viaje a ninguna parte.
La noticia tendría impacto en Alemania y de pronto muchos alemanes querrían visitar Barcelona, lo cual revitalizaría el comercio de la ciudad. Los alemanes tendrían interés en comprar productos hechos en Cataluña.
El tribunal alemán que dejó escapar a Puigdemont, comportándose de forma desleal con la justicia española, recibiría un zapatazo en la boca. Los alemanes que aplaudieron la decisión injusta de ese tribunal alemán tendrían ocasión de darse cuenta de que estaban equivocados.
En Bélgica también tendrían que acusar el golpe, no les quedaría más remedio que darse cuenta de su idiotez. Y en todos los demás sitios en los que acogen a prófugos y se pretenden civilizados.
Y además de todas estas ventajas, los barceloneses disfrutarían de la gestión de Karl Jacobi, lo cual, después de haber sufrido a Colau, sería como estar en el paraíso.

sábado, 29 de septiembre de 2018

Manuel Valls, candidato

La carrera política de Manuel Valls, a pesar de su juventud, parece finiquitada en Francia, no por culpa suya, sino por la descomposición de su partido. Si a esta circunstancia se le añade que nació en Barcelona y que su padre también era oriundo de la Ciudad Condal se entiende que intente convertirse en alcalde de esta ciudad.
A Barcelona le conviene, porque es un político experimentado y de probada capacidad gestora, y también porque el prestigio de este candidato en todo el mundo repercutiría para bien en ella.
En principio, tiene posibilidades de ganar, porque viene de un partido socialista y en los primeros tiempos de la democracia los socialistas solían ganar en Barcelona. También tiene a favor que, como la inmensa mayoría de los catalanes, nacionalistas o no, se ha tragado bastantes bolas de los catalanistas y esto lógicamente ayuda a que los votantes de una región infectada por el virus del nacionalismo lo consideren de los suyos.
Pero no está todo tan claro dado el auge de los populistas en el mundo, que ha permitido que una mujer tan burda como Colau, a la que Azúa mandó a freír pescado, o quizá a vender, sea quien actualmente disfruta de la vara de mando, para vergüenza de los barceloneses que conservan algo de sensatez.
Colau no sería rival para Valls ante un electorado que tuviera suficientes dosis de lucidez y amor a la ciudad, pero pensar en esto en lugares envilecidos por el nacionalismo y el populismo es utópico.
Y al parecer habrá otro candidato en Barcelona, muy interesante desde cualquier ángulo que se examine, porque se trata de un empresario alemán, Karl Jacobi, que lleva decenios residiendo en la ciudad, que la vive intensamente y que por motivos lógicos no se ha dejado infectar por el populismo ni por el nacionalismo. Como en el caso de Valls, sería un gran reclamo publicitario que consiguiera convertirse en alcalde. 

viernes, 4 de mayo de 2018

El arte de tomar el pelo a los catalufos

Quien más se significa en ello en los últimos tiempos es Torrent, el braz tont del Parlament, que simula desafiar al Estado, pero con el traje de caganer puesto, es decir, llegando hasta el borde mismo de la ley, pero sin pasar de ahí.
Con ello se conoce que se conforman los catalufos, aunque todos estos simulacros desesperan a los catalanes, porque perjudica a la economía, no sólo de Cataluña, sino de toda España. Los catalanes, como los madrileños, los murcianos, y todos los demás, son personas tranquilas, que prefieren ocuparse de sus asuntos particulares y no hacer ruido, pero la presión de esos enloquecidos catalufos, que cuando les llevan la contraria lo rompen todo y se comportan como energúmenos ha obligado a muchos catalanes a comportarse de forma heroica, para hacer frente a los incívicos catalufos, para que el mundo sepa que Cataluña no es como quieren hacer creer esos.
Entre ese nutrido grupo de catalanes que con gran esfuerzo tratan de revertir esa dinámica negativa, y a pesar de que todos merecen ser destacados, creo que merece la pena hablar de
Karl Jacobi, nacido en Alemania, que con el apoyo de otros muchos alemanes que residen en Cataluña y el de la práctica totalidad de la gente civilizada, que es la que sabe que nadie puede estar por encima de la ley, está llevando a cabo muchas actividades de las que los jueces alemanes deberían ser conscientes, ya que con ello evitarían hacer el ridículo de nuevo.
Karl Jacobi se lo dijo bien claro a Torrent, en perfecto español, y el vídeo es fácil de encontrar. Baltasar Gracián explicó que son tontos todos los que lo parecen y la mitad de los que no parecen. Pues en ese vídeo se aprecia claramente que Torrent es de los que lo parecen. Lo ha demostrado, además, al no aprovechar la lección de sabiduría que recibió.