martes, 9 de noviembre de 2010

Lo de la multiculturalidad

Aparentemente, no debería ser muy difícil que personas con distintas creencias religiosas, ateos y agnósticos convivan entre sí. En la práctica viene a ser como meter varios gallos en el mismo corral. Lo que viene a demostrar que, en realidad, la lucha es por el poder.
Sin embargo, se trata de un asunto que tarde o temprano habrá que resolver, por cuyo motivo lo conveniente sería abordarlo cuanto antes. La única manera de conseguir la convivencia civilizada entre todos consiste en establecer de forma clara y rotunda que el ámbito de las religiones es el espiritual y que fuera de ahí no se les admite. Se ha de llegar a un punto en que la tolerancia con el Islam será recíproca o no será. Habrá que exigir a los gobernantes islámicos que admitan la libertad religiosa en sus países, sin cuyo requisito no se deberían autorizar las mezquitas en los occidentales.
Los residentes en los países democráticos deberían saber, de forma clara y taxativa, que ningún líder religioso puede dar órdenes que contradigan las leyes del país en el que viven. Es bajo un Estado inequívocamente laico como se puede dar la hermandad entre creyentes y no creyentes. Cuando la religión se mezcla con el poder puede surgir algo tan terrible como la diabólica Inquisición de antaño. En nuestros días ya se ve de lo que son capaces los líderes religiosos islamistas.
Los sentimientos son claramente manipulables, como sabe la legión de manipuladores que pulula por el mundo. Los sentimientos, además, pertenecen al ámbito de lo privado y, salvo que sea estrictamente necesario, no deberían salir a relucir. Las creencias se mezclan con los sentimientos y con mucha frecuencia se imponen a la razón, lo que no deja de ser una sinrazón. Lo más noble que pueden hacer los líderes de cualquier sector de la vida humana es dirigirse a la razón de las personas y no excitar el interés o manipular los sentimientos. La multiculturalidad sólo puede darse en un entorno civilizado, con unas reglas de juego claras.

'Los más duros de la historia'
'Felipe V'
'Tauroética'
'Fábulas contadas a los niños'
'Espejismos'
'Hablar sin palabras'
'Los tiburones han muerto'
'El Cid contado a los niños'

lunes, 8 de noviembre de 2010

El papa y el laicismo

Dijo, en un artículo reciente, Gabriel Albiac que Benedicto XVI es un gran pensador. Siendo así, debería comprender este papa que la religión no debe mezclarse con la política y que el laicismo es la mejor solución.
Los sentimientos son fácilmente manipulables, eso lo saben los políticos y lo sabe su santidad. Cuando un político dice: ‘porque nosotros, los socialistas…’, está intentando manipular, porque ser socialista no es ningún mérito, como bien sabe el papa. Tampoco es ningún mérito ser cristiano. Lo que sí es meritorio es defender la justicia a costa de lo que sea. José Bono, por ejemplo, se las da de cristiano y de socialista, no sé por qué orden, pero me temo que para él hay un orden, y si lo hubiera ya estaría traicionando ambos ideales, el socialista y el cristiano. Comportarse de forma sectaria, como hacen algunas personas, defendiendo siempre a los propios, sea justo o no lo que defienden, es traicionar a la causa, lo haga Cañizares, Gallardón, Pujol, o el citado Bono.
Mezclar la religión y la política no es nada aconsejable, como se puede ver dando un vistazo a la historia, o una mirada al presente del islam. Las religiones sirven a la sociedad cuando animan a sus miembros a ser mejores y son un lastre cuando los utilizan para lograr cuotas de poder. El Estado se debe a los ciudadanos, a los que debe cuidar y proteger, y para este cometido es mejor que no tenga interferencias de nadie. Las religiones deben captar a sus adeptos con la fuerza de la palabra y del ejemplo de sus representantes. El Estado debe permitir y respetar a las religiones que cumplan los requisitos estipulados, y no debe consentir ninguna interferencia en su labor, ni tampoco los líderes religiosos deben intentar ese camino. El papa debería ser el primero en apoyar el laicismo. Por el bien de todos.

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domingo, 7 de noviembre de 2010

La política exterior de Zapatero

Es, como se sabe, tan desastrosa como la interior. Mohamed le chulea, insulta a España y a los españoles, trata sin miramientos a los que coge por delante, y el ministro de Exteriores español, bien sea Moratinos o bien sea Jiménez, opta por sonreír. Chávez chulea a Zapatero, insulta a España y a los españoles y trata sin miramientos a los pilla por delante. La ministra Jiménez negó la existencia de presos políticos en Venezuela. Quizá porque le han dicho a la sonriente ministra que no llegan a cien.
¿Qué va a hacer el gobierno de Zapatero? ¿Enfadarse con Mohamed, Chávez y demás amiguetes? Se quedaría solo, cosa que trata de evitar por todos los medios. O sea, que esos dictadores nos pueden insultar todo lo que les parezca. A veces, la política exterior se cruza con la interior, como ha ocurrido en el caso de la visita del papa. Se puede estar de acuerdo o no con el papa, pero lo que no se puede es perder los modales. Zapatero, como presidente del gobierno, debería haber recibido al papa. En lugar de eso, y acaso por temor a los abucheos, ha huido a Afganistán, en donde está tratando de hacerse perdonar aquella chulesca y desastrosa forma de salir de Irak.
La guerra de Afganistán, que para muchos es imposible de ganar, nos cuesta vidas y dinero, pero ahí estamos. Mejor dicho, están los soldados y nuestro dinero. El acontecimiento planetario que anunció la, incomprensiblemente, nueva ministra de Sanidad, queda así: Obama, tras un descalabro electoral, da la cara. Zapatero, cuando no lo ve claro, se escabulle.
El fracaso total de Zapatero tiene, además, la dudosa virtud de tapar otros fracasos, no menos estrepitosos, de un buen número de gobiernos autonómicos, endeudados hasta mucho más allá de lo prudente. Y pone de manifiesto también el fracaso del PP, que ha sido incapaz de hacer caer al gobierno, dado que tampoco suscita excesiva confianza.

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sábado, 6 de noviembre de 2010

Lo de los apellidos

Lo que hace que el feminismo sea una causa digna de tomar partido por ella es que la situación de las mujeres a lo largo de los siglos es radicalmente injusta. Nuestra sociedad se ha construido sobre una gran injusticia y eso explica muchas cosas. Es fácil deducir entonces que lo que procede es procurar una sociedad más justa, de lo cual, evidentemente, nos beneficiaremos todos, los hombres y las mujeres.
Pero a Zapatero la justicia no le interesa tanto como el poder. Si le interesara la justicia no se hubiera rodeado de ministros incompetentes, obsecuentes o sectarios. Hubiera puesto siempre a los más capaces, le sonrieran o no al pasar por delante de ellos, para llevar a cabo las tareas encomendadas. A Zapatero no le interesa la justicia, ni la lucha antiterrorista, ni el bienestar de los españoles, ni el feminismo, ni la profundización en la democracia. A Zapatero le interesan las causas potencialmente manipulables, con el fin de lograr el máximo poder posible.
A Zapatero no le interesa hacer un mundo más justo más justo para las mujeres y de rebote para todos, sino ser conocido como el defensor de la causa de las mujeres. De ahí que se empeñe en hacerlo todo por la fuerza, no en vano le apasiona el poder; impone paridades, con lo cual puede sumar una injusticia nueva a la ya existente, cosa que no le preocupa, puesto que lo que en realidad quiere parecer, no ser.
El orden de los apellidos es un problema menor, entre tantos tan importantes que tienen las mujeres. Imponer el orden alfabético además es tan burdo que da risa, por no decir otra cosa. Lo que ha hecho Zapatero con esta medida es causar muchos problemas, cosa que le viene muy bien, porque lo que no hubiera querido él es que pasara inadvertida. Algunas almas cándidas, o no tan cándidas, pensarán que lo ha hecho con buena intención.
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viernes, 5 de noviembre de 2010

Anasagasti riza el rizo

Cuando sale a relucir ETA, los nacionalistas vascos sacan a pasear a Franco. Si lo hacen es porque tienen poca gana de acabar con la banda o quizá que llenar sus redes con los votos infames de los simpatizantes de ETA. El franquismo no puede servir como justificación de ETA, ni tiene nada que ver. El franquismo y ETA diametralmente distintos.
Si los españoles tuviésemos convicciones y comportamientos democráticos la guerra incivil hubiera sido imposible y sin ella no hubiera habido franquismo. Lo de ETA es otra cosa. ¿Por qué Anasagasti y el resto de los nacionalistas vascos no hablan nunca del libro Vidas rotas?
Anasagasti es uno de esos maestros del arte del birlí birloque que toman una frase de Cospedal, “Contra ETA debe haber vencedores y vencidos”, o sea, que los criminales acaben en la cárcel, dan dos pases mágicos, citan a Franco, como malo, y a Sabino Arana, como bueno, et voilà, ya tenemos aquí que los malos son los del PP, y también, pero un poco menos, los del PSOE, y a los simpatizantes de ETA hay que abrirles las puertas de par en par.
Habla el tal Anasagasti, en su afán enredador, en el que está tan ducho, de un alcalde impuesto de Bilbao, como si en ese tiempo no hubieran sido impuestos también los demás alcaldes de España. Y lo dice con el afán de ligar las palabras de Cospedal con las del franquismo. Ahora bien, que no espere Anasagasti que califique su intención, porque no lo voy a hacer. No es necesario. Se trata de acabar con ETA, Anasagasti. ETA es una banda infame, que ha roto muchas vidas, ha hecho que muchas personas tengan que abandonar el País Vasco y ha enrarecido la convivencia en muchas familias y condicionado la vida política.
Una persona noble y preocupada por el bienestar de los demás no tendría ningún inconveniente en convenir en que lo principal es acabar con ETA y dejar claro a sus simpatizantes que ese camino es una aberración.

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jueves, 4 de noviembre de 2010

El cuello de Artur Mas

Como todo nacionalista, Artur Mas es alguien peligroso, hay que medir las palabras, porque realmente los nacionalistas lo son. Ellos dicen lo que se les ocurre sin que les importe ofender a los demás con sus proclamas, pero a la mínima se sienten ofendidos en lo más hondo de sus sentimientos. Porque ellos hablan de sus sentimientos, los de ellos, hay que recalcarlo, que son sagrados.
Se callan, claro, que los sentimientos son manipulables, por eso juegan en ese terreno y no en el de la razón. Han puesto de moda la identidad colectiva, como si tuviera alguna importancia. Por ejemplo, yo amo a España, porque nací y vivo en ella, pero eso no significa que me tenga que identificar con todo lo que hace España o se hace en nombre de ella; por encima de mi amor a España está mi amor a la justicia.
Artur Mas es un nacionalista profesional, o sea un político. Y juega a enredar. Ha dicho que los partidos políticos rozan la ilegalidad para financiar sus campañas y ha prometido que la suya será una administración honorable y transparente, “y si no es así, cortadme el cuello”, ha añadido. Pero los partidos políticos, desde aquel episodio de Alonso Puerta, han sofisticado en grado sumo sus mecanismos. Félix Millet ha estado haciendo de las suyas durante muchos años y ninguno de los encargados de fiscalizar sus cuentas ha dimitido, con lo cual queda claro que las palabras de Artur Mas se las lleva el viento. Al parecer, sólo un chivatazo de un descontento del propio partido, que además haya obtenido pruebas, puede destapar un caso de corrupción de un partido. Lo que tiene que hacer Artur Mas, en lugar de esa grosería de ofrecer su cuello, es proponer la democratización de los partidos. Que prometa luchar por profundizar en la democracia, comenzando por los partidos. Nadie quiere el cuello de Artur Mas. Que se lo guarde.

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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Eguiguren y Otegi

Jesús Eguiguren, presidente del PSE, ha sido citado a declarar como testigo de la defensa de Arnaldo Otegi. Conozco a mucha gente que se avergonzaría de tener amistad con Otegi, o sea, por nada del mundo tendría ningún tipo de relación con ese sujeto, salvo que fuera policía o juez.
Yo mismo no me atrevería a salir a la calle, si se diera el caso, porque podría cruzarme con alguna víctima de ETA, en cuyo caso tendría dos opciones: bajar la vista al suelo o convertirme en un desalmado y mirarla con descaro. Otegi nunca ha condenado a ETA, si lo hiciera lo soltarían de inmediato, dadas las ganas que demuestran tener de ello. Otegi, todo lo más que ha dicho es que no es tiempo de bombas y cosas similares.
Ser amigo de Otegi es lo mismo que ofender a las víctimas. Yo no podría soportar que una víctima de ETA tuviera motivos para despreciarme. Eduardo Madina, víctima de ETA y socialista, debe de estar que trina. Tiempo atrás, dio muestra de su habilidad literaria explicando su odio a Aznar. Cabe suponer que si odia tanto al anterior presidente del gobierno, los etarras, que le han hecho tanto mal, y a los amigos de los etarras le deben hacer vomitar de asco. Quizá Eduardo Madina no pueda explicar en su blog lo que piensa de Eguiguren, porque ambos militan en el mismo partido y los dos tienen cargos importantes.
Jesús Eguiguren, no se ha privado de alabar a Otegi, del que ha dicho que es amante de la paz y que sería mejor que estuviera fuera. Es presidente del PSE y dadas las estructuras actuales de los partidos cabe pensar que ha obtenido el cargo mediante las maniobras habituales. Si hubiera accedido a ese cargo siendo el partido absolutamente democrático, sería preocupante.
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