martes, 21 de agosto de 2018

Segarra, tan nefasta como Catalá

Catalá es aquel ministro de Justicia que debió ser destituido inmediatamente al hacer aquellas declaraciones tan improcedentes acerca del juez discrepante en el juicio a La Manada.
Como le expliqué a cierta persona en relación con ese caso, lo que no puede ser es que porque alguien diga algo tú vayas a la cárcel. Las acusaciones hay que probarlas y si no fuera así todos estaríamos en peligro. Lo que hizo el juez discrepante fue comprobar que las pruebas aportadas eran suficientes para condenar a los acusados. Si el señor ministro de Justicia de ese momento no fue capaz de darse cuenta del favor que nos estaba haciendo a todos (y a todas) ese juez, no merecía su cargo.
La fe queda fuera del ámbito de la justicia. Quienes dicen ‘yo te creo, hermana’ no le hacen ningún favor a la chica, ni tampoco al feminismo.
Por su parte, la ceguera aducida por la fiscal general, María Dolores Segarra, para justificar su indolencia, o inactividad, ante la anunciada prevaricación de la Generalidad Catalana la inhabilita para continuar en el cargo. Si no ve ninguna irregularidad en las amenazas de Torra y su gobierno regional contra quienes quiten la mierda que dejan en las calles, de forma impune, los fanáticos catalanistas es que padece ceguera mental. En estas condiciones, lo correcto sería que abandonara el cargo o la apartaran del mismo.
Pero quien tendría que hacerlo es Pedro Sánchez, el héroe, ¡Ja!, que nos ha librado de Rajoy. Pero yo antes que a ese prefería a Rajoy. Como dice Media Markt, no soy tonto. Una cosa es no estar conforme con Rajoy y otra preferir a alguien peor. Como decía aquel anuncio de tiempos pasados: Busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo. Jamás podrá Sánchez demostrar que es mejor que Rajoy, lo cual no significa que éste fuera bueno.

lunes, 20 de agosto de 2018

La fanfarronería de Pedro Sánchez

Dijo el presidente del gobierno okupa que no descartaba volver a aplicar el 155 en Cataluña. Qué va a aplicar el fantasma este…
Torra lo tiene cogido por salva sea la parte y lo sabe. No hará caer a su gobierno, porque no le conviene, pero apretará bien con sus zarpas, hará que le duela, lo pondrá en ridículo, sabiendo que no va a ser capaz de articular una respuesta coherente.
La coherencia en Pedro Sánchez no existe. Quiere sacar a Franco de su tumba, pero permite que Torra prevarique. ¿Por qué un dictador sí y otro no? Pues porque uno le hace favores y el otro no se los puede hacer porque está muerto. Todos los que conocieron aquel tiempo saben que de vivir en los años sesenta del siglo pasado Pedro Sánchez habría sido un ferviente franquista. Quizá el propio presidente okupa, en su torpeza que ni siquiera puede disimular su doctorado, tal vez ful, se haya dado cuenta de ese detalle y quiera acallar su conciencia desenterrando a Franco.
Con Torra no se atreve porque está vivo y puede hacerle daño. Todo el mundo sabe que un muerto es menos peligroso que un vivo, sobre todo teniendo en cuenta que el vivo está como una cabra y es un bicho.
La Generalidad Catalana va a multar a quienes quiten la mierda esa que de un tiempo a esta parte inunda muchos lugares catalanes, porque gente indeseable la esparce por doquier sin que nadie le llame la atención. Y ahí te quiero ver, morena, digo Pedro Sánchez, a ver cómo te comes eso. Ha dicho Carmen Calvo que no pasa nada, que basta con que quienes pasen por delante de esa porquería se tapen la nariz.
Pedro Sánchez se arruga y Carmen Calvo lo explica con otras palabras. ¿Y qué dicen los socialistas a todo esto?

domingo, 19 de agosto de 2018

La prioridad del secretario general de UGT

El secretario general de UGT ha contestado, mediante una carta a la directora en El País, un artículo de Jorge M. Reverte publicado en el mismo medio. Su respuesta ha venido a ser como poner albarda sobre albarda.
Yo leí lo mismo que Jorge M. Reverte, en los medios en que lo hizo él, pero no me froté los ojos porque a estas alturas ya no me pilla de nuevas. Alega el sindicalista que esas declaraciones fueron sacadas de un lugar al que remite y en el que la bufonada sigue estando.
No me referiré al supuesto de que algunos sindicalistas procuran quedar bien con quienes pueden darles, o les dan, subvenciones, sino en la índole dictatorial de estos elementos que ven la paja, pero no la viga y se empeñan en sacar a Franco del Valle de los Caídos.
Dado su cargo, que presumiblemente le sirve para vivir mejor que la mayoría de los trabajadores, debería saber que la mejor defensa de los más vulnerables es el imperio de la ley. Esos señores que él quisiera ver fuera de la cárcel están encerrados por decisión judicial. A estas alturas ya son muchos los abogados que han explicado que no son los únicos presos preventivos, que hay muchos en idéntica situación, como sucede en cualquier país democrático.
Debería saber también este sindicalista, y supongo que no le cabe duda de ello o es tonto, que estos políticos encarcelados preventivamente han causado un grave daño a los trabajadores, pues muchos han ido al paro a causa de sus políticas. Y bastantes más en situación precaria. Las empresas se van de Cataluña y las que no lo hacen cada vez venden menos y se van a ver obligadas a despedir gente. La situación es muy complicada y si a este señor le preocupa tanto que aquellos estén en la cárcel da que pensar.

sábado, 18 de agosto de 2018

Salvar al catalanismo del independentismo

Alguno ha dicho que hay que salvar al catalanismo del independentismo, como si una cosa no condujera necesariamente a la otra. Tampoco se ha dado cuenta de que primero tendría que explicar, si es que puede, para qué sirve el catalanismo.
El ser humano, en un buen número de casos, tiene tendencia a complicarse la vida, a irse los cerros de Úbeda, en lugar de preocuparse por lo que realmente importa, que es el bienestar. Catalanismo, indigenismo, animalismo… son conceptos que no aportan nada al género humano. El españolismo es un cutre, como todo lo suyo, invento de los nacionalistas y el madridismo tenía que ver con el fútbol, que no deja de ser un entretenimiento como otro cualquiera, aunque los que no están muy bien de la cabeza quieran darle otra dimensión. Sería divertido que hicieran algo similar referido a Guadalajara, ahí sí que les saldría un buen trabalenguas.
Hay personas a las que les gusta vivir a costa de los demás y para ello necesitan desviarlos del que debería ser su objetivo: intentar vivir del modo posible sin perjudicar a nadie y para conseguir eso hay que procurar la unión de todos en pos del bien común. Ahí aparecen los sembradores de odio, que pretenden su beneficio particular a costa de los más tontos. Les llenan la cabeza de grillos y, luego, a un grillo metido en la cabeza de un tonto no hay quien lo saque.
Tenemos, por ejemplo, el concepto catalanismo, que no tiene base alguna en la que sustentarse, tenido por serio y razonable por personas que se las de intelectuales. Un catalán, pongamos que se llama Francisco Carreras, viene a ser parecido a un murciano, un asturiano, o un belga.
El catalanismo no sirve para nada bueno, sino para que algunos catalanes piensen que por serlo tienen más derechos que los demás. Si en lugar de derechos hubieran dicho obligaciones la cuestión sería distinta. Y es que mientras los mayores hablan de obligaciones los niños lo hacen de derechos.

viernes, 17 de agosto de 2018

Conmemoración del 17-A

Es difícil, por no decir que imposible, que los nacionalistas se comporten de modo adecuado en algún momento. El nacionalismo es un invento del demonio para que las buenas personas se hagan malas y las malas, peores.
No hay nacionalismo sin odio, ni lo puede haber sin egoísmo ni violencia, moral o física. El nacionalismo ha generado varias bandas terroristas en España. Una consejera del gobierno regional catalán ha agradecido al etarra Otegui «su enorme sensibilidad», así está el patio en esa casa. No puede haber nacionalismo sin embustes ni falsedades. Así pues, que Torra haga el ridículo, que quede ante el Rey como el patán que es -los catalanes tienen a un patán como presidente-, que intente ofender a los ciudadanos decentes hablando de presos políticos, cuando todo el mundo sabe que son políticos presos, presuntos golpistas, que sin presunción de ninguna clase han hecho un daño incalculable a Cataluña y al resto de España, entra dentro de lo esperable. Las opiniones de Torra, traducidas a muchos idiomas, viajan por todos los puntos cardinales y ya todo el mundo sabe que es un tipo repugnante.
La locutora del acto fue Gemma Nierga, y se empeñó en usar el dialecto catalán -que según el Padre Batllori es infame e infecto, ¡y nos lo quieren imponer a los valencianos!-, que entienden cuatro gatos. Esta locutora es aquella que con ocasión del asesinato de Lluch, por la banda etarra, traicionó el compromiso previo, diciendo por su cuenta algo que no se ajustaba, ni podía ajustarse a la verdad. Lluch no habría intentado dialogar con su asesino, habría intentado escapar, como es lógico.
En el acto también ha estado un personaje lamentable, un presidente okupa, cuya mayor inquietud consiste en colocar a los suyos, incluida su esposa, a la que de todos modos tampoco tiene muy en cuenta. Su nombre, lógicamente, es Pedro Sánchez y es tan burro que quitó la bandera y el escudo español en un tuit sobre el acto.

jueves, 16 de agosto de 2018

Españolistas

Este término no debería ser usado más que por los degenerados que disfrutan haciendo el mal. No en vano, entre sus simpatizantes hay individuos condenados por pertenencia a ETA.
En su afán por aparentar que el partido va empatado, los catalanistas, que ni son todos los catalanes ni muchos de ellos ni siquiera son catalanes, han inventado el término españolistas. No debería usarlo nadie más que ellos, no se les debería hacer esa concesión.
Saben que no tienen ninguna posibilidad, ni siquiera con Pedro Sánchez en la presidencia del gobierno, porque lo que pretenden no es justo y tampoco lo quieren muchos catalanes, porque saben lo que saldrían perdiendo si se diera el caso.
El mundo se divide en dos: los ciudadanos que cumplen con sus obligaciones cívicas y los gamberros que quieren subvertir el orden constitucional. Nada de unionistas y separatistas, ni españolistas y catalanistas, eso es caer en la trampa de los desalmados. No es una exageración llamarles así. Uno de ellos, Toni Albá, publicó el siguiente tuit: «Hi ha bambolles de sabó. Hi ha bambolles de gas. Hi ha bambolles d’oxigen. Hi ha bambolla inmobiliària… I després hi ha la bambolleta ballarina: és com aquella llufa a la banyera que balla dins l’aigua escampant tuf putrefacte després d’una mala digestió pseudo-socialista.».
No sé lo que significa todo eso, porque no entiendo ese dialecto, que, por otra parte, se nos quiere imponer a los valencianos, pero debe de ser muy grave a la vista de las reacciones que ha suscitado.
Todos los catalufos, que no los catalanes, son, aproximadamente, de ese nivel, tienen ese deseo de insultar y ofender a los que sencillamente se dedican a pagar sus impuestos y desear que éstos se utilicen para el bien común y no se despilfarren financiando actividades subversivas, secesionistas, ofensivas, o en televisiones regionales cuya degradación moral ya ha llegado al máximo.

miércoles, 15 de agosto de 2018

El cura que no cree en Dios

En tiempos pasados traté con decenas de sacerdotes, algunas monjas, y hasta con un cardenal; también con muchos cristianos, incluso los hay que lo primero que anuncian es que son creyentes, quizá con la intención de que el personal, o parte de él, se confíe con ellos.
Mi impresión es que el comportamiento de todos ellos indica que ninguno cree en Dios; tengo la sensación de que muchos de ellos ven a Dios como a un jefe de personal de una fábrica de galletas marías, o un director general de una empresa de transportes, es decir, a alguien a quien conviene hacerle la pelota, para tenerlo contento, y poder vivir según la dirección en que sople el viento. No van más allá de eso, es decir, asisten a misa, saludan al párroco por la calle, rezan cuatro oraciones o quizá tres y ya está. Luego, si desean hacerle una barrabasada a alguien se la hacen, son cosas de la vida.
Pero dentro de este ambiente general hay algunos que van más allá de la idiotez. No se conforman con un concepto banal de la fe, sino que incurren directamente en la incongruencia. Defienden postulados absolutamente incompatibles con el cristianismo.
Con respecto a esta cuestión hay que reconocer que la actitud del papa causa regocijo. Fija la postura oficial de la Iglesia y luego deja que cada cura, cardenal, monja, obispo o monaguillo vaya por donde quiera. Se lava las manos como Pilatos. Cada cura es libre de adoptar la actitud con la que piense que va a conseguir sacar más dinero a los feligreses. Si los de una parroquia determinada, pongamos que Pals (Gerona), están a favor de unos presuntos delincuentes que, sin presunción ninguna, han ofendido gratuitamente a la mayoría de los ciudadanos de España, el cura de ese pueblo también está a favor de esos impresentables y también ofende gratuitamente a los ciudadanos españoles.
El papa debería ser claro y decir que los nacionalistas han de abandonar la Iglesia.