sábado, 19 de diciembre de 2015

Elogio de los perros y los caballos

Hay una propaganda mediante la que se trata de disuadir a quien pretende abandonar a un perro. Dice así: «Él nunca lo haría».
Pero eso no es lo único que no haría un perro. Los humanos hacemos muchas cosas que avergonzarían a un perro, si las hiciese. No se da el caso. Un perro nunca traiciona ni engaña. Hay personas que quieren mucho a sus perros, pero no los quieren bastante, porque no aprenden de ellos.
Un perro tampoco odia. Capta todas las traiciones y maldades que le hace su dueño, pero no se las tiene en cuenta, no le odia, ni intenta vengarse. En España el odio y la traición son tan frecuentes que se tilda de estadistas a grandes felones, y se les vota y se les aplauden sus apelaciones al odio y las traiciones que perpetran son tenidas como episodios normales. El agradecimiento a quienes han hecho las cosas bien no consta por ninguna parte.
Según Fernando Savater, ese hombre que sacrificó parte de su carrera académica para combatir a ETA, y no se le ha agradecido, si caminamos erguidos es gracias a los caballos. Es fácil entender esto, pero es que además, el caballo obliga a quien le cabalga a que se comporte con él con nobleza. O sea, alguien que en su vida ordinaria sea abyecto e infame para poder montar a caballo tiene que enterarse de que existe un concepto que es la nobleza y que si lo aprende debe olvidar su propósito.
Los caballos también nos dan lecciones y ahora hay que empezar a mirar cuántas personas fieles, leales, nobles y desprendidas conocemos.
Y no sólo eso, sino que también cabe hacer examen de conciencia y ver en qué medida nos importan estos valores.
Ver la elegancia con que camina un caballo o fijarse en lo feliz que va un perro con su dueño son actividades que generan bienestar.
'A pesar de los pesares'
'El árbol del silencio'
'El bucle'
'Versus'
'Volver a Canfranc'
'Condesa Natasha Brasova'
'La invención del reino vegetal'
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