viernes, 21 de abril de 2017

En contra de que el sorteo sustituya al voto universal

Por circunstancias que bien merecen ser analizadas por los sociólogos y otros profesionales entendidos en la materia, vivimos tiempos en los que en las democracias de todo el mundo el nivel de la clase política ha bajado mucho, sobre todo a causa de los populismos, y en España se agrava el asunto, puesto que aquí la separación real de poderes no ha existido nunca, motivo por el cual además de populismos sufrimos nacionalismos y corrupción excesiva.
Este estado de cosas ha propiciado que algunos propongan sustituir el sufragio universal por el sorteo entre los ciudadanos más preparados para formar gobierno. A simple vista parece una buena idea, dado que el gobierno resultante tendría una gran preparación y estaría exento de las tentaciones totalitarias u oligárquicas, porque en el plazo estipulado volvería a haber otro sorteo para formar gobierno.
Lo que ocurre es que un examen más detenido demuestra que este sistema desnaturaliza la democracia, puesto que los ciudadanos dejarían de ser responsables de su destino. Su papel vendría a ser el mismo que se tiene en las dictaduras. Los gobernantes actuarían como dictadores que se suceden unos a otros. Al salir del gobierno, recuperarían el papel de súbditos que tenían anteriormente.
En democracia, aunque muchos se tomen como un juego el acto de votar y no se hacen responsables de los malos actos de gobierno que perpetran los beneficiarios de su voto, los ciudadanos son responsables del destino de la nación. Muchos votan pensando que si sale mal basta con cambiar el voto la siguiente vez, sin tener en cuenta de que mientras llega esa siguiente vez los políticos que han votado toman muchas decisiones.
La democracia es un sistema para gente madura y responsable y optar por el sistema del sorteo equivaldría a infantilizar a la población, hecho este que tiene unos efectos que perduran durante generaciones.



'El Parotet y otros asuntos'
'Diario de un escritor naíf'
'Yo estoy loco'
'Valencia, su Mercado Central y otras debilidades'
'1978. El año en que España cambió de piel'
'Cantos al camino'
'Historias de la otra razón'
'Por qué España'

jueves, 20 de abril de 2017

No hay compasión para los venezolanos

Por parte de los podemitas, claro. Pero esto no puede extrañar a nadie. Si no la tienen para las víctimas del terrorismo, ¿por qué se tenían que preocupar por los venezolanos?
Uno de Podemos, o una, ya no me acuerdo, al ser preguntado por Venezuela respondió que sólo sabía de una calle llamada así. Y sin embargo hubo quien derramó “un Orinoco de lágrimas” cuando murió Chávez. Los podemitas son cursis, entre otras muchas cosas.
Venezuela es un drama, porque tiene un gobierno dictatorial, tirano y sanguinario, pero resulta que ese gobierno dictatorial, tirano y sanguinario, que además tiene a cuerpo de rey a unos cuantos etarras, es el modelo de los podemitas, que quiere implantar uno igual en España.
Los venezolanos han saltado desesperados a las calles, en donde los paramilitares chavistas no tienen empacho en asesinar a algunos.
Este gobierno venezolano, al que tanto admiran Iglesias, Monedero, Errejón, Bescansa, Garzón, etc., esos que pretenden convertir el Parlamento español en un circo, ese gobierno de Maduro, repito, ha entregado armas de fuego a la población civil adicta a su causa, lo cual demuestra claramente que es un régimen criminal.
Es una dictadura encubierta que está buscando la manera de convertirse en dictadura formal, lo que ocurre es que incluso las dictaduras necesitan de la conformidad de la población para poder subsistir y la población venezolana está ya muerta de hambre, muerta de asco, muerta de miedo ante la magnitud del mal que se cierne sobre ella.
Me dijo alguien, en tiempo de Chávez, que yo no debía criticar a ese gobierno, puesto que no había estado nunca en Venezuela. Aparte de que Pablo Iglesias ha dicho que se puede opinar sobre lo que sea, aunque no se tenga ni idea del asunto, está claro que yo tenía razón cuando criticaba a Chávez, porque la situación en Venezuela no ha hecho más que empeorar desde entonces. Y los podemitas, montando circos. 

miércoles, 19 de abril de 2017

El tramabús de los cojones

La democracia española cada vez es de peor calidad. UPyD trataba de ennoblecerla, pero incluso quienes gracias a este partido recuperaron su dinero decidieron no votarlo; en cambio, otros partidos que tratan de enmierdarla, como Compromís, Podemos, etc., recibieron un número suficiente de votos para hacer lo que deseaban.
En el autobús de Podemos figuran algunas personas, como puestas en la diana. De algunas de esas personas ya se ocupa la justicia, con lo cual un demócrata debería darse por satisfecho. Otras personas personas están en el tramabús sencillamente porque le caen mal a Pablo Iglesias.
Otegui no está en el tramabús. Tampoco está ningún etarra. La banda terrorista condicionó la política española, y lo sigue haciendo, aunque de otra manera, sembró de dolor muchos hogares españoles y de terror a todos salvo los de sus cómplices. Sin embargo, para Pablo Iglesias, los atentados de la banda tenían motivaciones políticas. Hace poco salió a la luz que algunos terroristas tenían su teléfono, el de Pablo Iglesias. ¿Qué cosas se contarían? ¿De qué hablarían?
Se deduce claramente que lo persigue con el autobús, autorizado por Carmena, que prohibió otro, es colgar al PP, o a la derecha, el sambenito de la corrupción, como si el modo de hacer política de Podemos no pudiera inscribirse como una de las modalidades de la corrupción. Le han hecho notar al coletas que debería quitar las caras que figuran en ese autobús y poner las de Podemos.
La forma de hacer política de estas personas que consiste en lanzar insidias, provocar, insultar y amedrentar, y no hacer jamás ninguna propuesta, no es seria. UPyD sí que hacía propuestas y llevaba a cabo iniciativas en los sitios en los que se debe hacer y su política tuvo resultados beneficiosos para todo el país. Que luego no le hayan votado es la prueba de que la democracia española todavía tiene un largo camino que recorrer.



martes, 18 de abril de 2017

La Iglesia ofende a las víctimas del terrorismo

En el simulacro grotesco que organizó la ETA y que sus simpatizantes insisten en consagrar estuvo el arzobispo Matteo Zuppi.
Estaría a título particular o en nombre de la Comunidad de San Egidio. En cualquier caso, su presencia en el acto fue ofensiva para las víctimas del terrorismo y para todos los españoles a los que repugna ser cómplices activos o pasivos de ETA. Puesto que el Vaticano no lo ha desautorizado ni amonestado, puede decirse que la Iglesia de Roma es responsable del hecho.
Llueve sobre mojado, porque el Vaticano tampoco excomulgó, y ni siquiera amonestó a Setién y Uriarte, tan comprensivos con los etarras como distantes con las víctimas, ni a ninguno de los infames curas que han hecho de las suyas en el País Vasco.
Le gusta mucho a la Iglesia pedir que se ponga la x en su casilla de la declaración de la renta, pero yo prefiero dejar que lo hagan los etarras y sus simpatizantes. ¿Cómo puedo querer ayudar económicamente a unas personas que se han portado tan mal con las víctimas del terrorismo?
Pero es que en Cataluña también hay cardenales, obispos, curas y monjas que fomentan el odio hacia el resto de los españoles y el Vaticano no los llama al orden. Si al Vaticano le parece bien que haya cardenales, obispos, curas y monjas que bendigan toda esa burla hacia la legalidad que están llevando a cabo los catalanistas y que fomenten el menosprecio hacia otros seres humanos, no debe esperar que yo contribuya económicamente al mantenimiento de esos individuos e individuas.
El Vaticano debería explicar qué relación puede haber entre el catolicismo y el nacionalismo y si no es capaz de encontrar ningún punto de sintonía entre ellos será cuestión de que empiece a excomulgar a buen ritmo a todos esos impresentables que hablan en su nombre.

lunes, 17 de abril de 2017

Otegui, la dignidad, y Arzalluz

Se conoce que Otegui dijo que esa (mala) función de teatro según la cual los etarras entregaron las armas era una manera de «cerrar un capítulo de la manera más digna posible».
Hay que tener en cuenta que el hecho de que alguien use una palabra no significa que conozca su significado más allá de lo que dice el diccionario. Y ni siquiera eso. Para entender lo que significa la palabra dignidad hay que estar en condiciones de valorar el esfuerzo de Consuelo Ordóñez. Sólo quien es capaz de comprender la importancia de la tarea que lleva a cabo al frente de Covite y está dispuesto a colaborar en la medida de sus posibilidades con la asociación conoce el alcance de la palabra dignidad.
Un etarra, Otegui por ejemplo, que de repente y a causa de un milagro sólo al alcance del mismo Dios, tuviera alguna noción de lo que significa esa palabra comprendería al mismo tiempo el inmenso daño que ha hecho la banda a la sociedad española y comprendería que es imposible repararlo ni siquiera en una mínima parte. Por supuesto que de inmediato se pondría a colaborar con las instancias judiciales para esclarecer los atentados que todavía siguen impunes. Tendría vergüenza de utilizar la palabra dignidad. ¿Cómo va a tener dignidad un terrorista o quien de forma activa o pasiva ha colaborado con los terroristas?
Otro en cuya boca la palabra dignidad adquiere un significado grotesco es Arzalluz. Más próxima a la verdad parece esa aseveración suya de que pasará a la historia como un malvado. ¡Y tanto que sí!
Sabe perfectamente que sin el PNV no habría podido existir ETA. La mera existencia de este partido ya era una coartada para que la banda actuara con la crueldad que le es propia, del mismo modo que sin la existencia de ETA el PNV no habría podido alcanzar jamás tanto poder.


domingo, 16 de abril de 2017

A Puigdemont le inspira la cebada

A nadie le debe de extrañar, por otra parte, que la visión de un campo de cebada despierte en el actual presidente de Cataluña, conviene tener presente este dato, despierte sus afanes poéticos.

Que a la cebada la llame trigo puede deberse a que está acostumbrado a dar a las cosas los nombres que le da la gana, a tergiversar, mentir o inventar. La cara de pillastre que tiene lo explica todo.
Que no tenga ni repajolera idea de si es trigo, cebada, arroz o centeno, también cabe dentro de lo posible. ¿Qué más le da a él que sea lo que sea? Lo que importa es que el campo le ha conmovido, quizá pasaba por ahí a la hora de comer, o a cualquier hora en la que le apeteciera comer.
Puede que supiera perfectamente que eso es cebada, pero que la haya llamado trigo para no dar pistas sobre sus gustos. O que se haya dado cuenta de que la palabra trigo, y su derivada trigal, son muy poéticas, aunque haya puesto el nombre en catalán.
Su vena poética da miedo, es verdad. Eso del tiempo de la siega dicho de forma metafórica. Pobres de los que caigan en manos de este pillastre que juega a poeta.
También cabe pensar que su olfato le haga creer que la cárcel huele a cebada, dada su obsesión por entrar en ella, a pesar de que a Rajoy no le hace ninguna ilusión verlo allí, tampoco al resto de los catalufos, y se hace el bobo cada vez que da motivos para que lo encierren. Pero dado el interés que pone Puigdemont en el asunto, acaso por ese presunto olor a cebada, se puede esperar que acabe consiguiendo sus propósitos. Y también que con ello se extingan sus derechos sobre la fabulosa pensión que se ha procurado.


sábado, 15 de abril de 2017

Cuelgan banderas republicanas

Varios ayuntamientos valencianos han colgado banderas republicanas en sus balcones. Se han servido, todos o algunos, de diversas estratagemas para hacerlo. Que si no son banderas, sino pancartas, puesto que no tienen mástil, etc.
¿Por qué lo han hecho? Pues la única respuesta es que quieren incordiar. ¿A quién o quiénes? A muchos de sus convecinos, sin duda. Pero el caso es que esas personas a las que quieren molestar con su gesto pagan sus impuestos, o sea, que les pagan el sueldo, o parte de él, a esas otras que disfrutan molestándolas. Luego, con la cartera repleta, tendrán la desfachatez de hablar de superioridad moral, o de hacer ver que se sienten moralmente superiores. Viven, parcialmente, en un mundo de ficción. Su deseo de ser moralmente justos pertenece a esa ficción, mientras que su gusto por hacer el mal está claramente instalado en la realidad.
Estos próceres de los ayuntamientos tienen la obligación, porque se les paga para eso, y se les paga con el dinero de los impuestos, de cumplir y hacer cumplir la ley. Esa es la garantía que tienen los ciudadanos de que el dinero con el que contribuyen a las arcas del Estado no será usado en contra de ellos.
Pero vivimos en un país con tan poca tradición democrática que partidos incompatibles con la democracia llevan la palabra democracia en su nombre y los hay que se lo creen. Los hay que están convencidos que los actos contrarios a la ley pueden ser democráticos. Los hay que creen que el perdón que hubo entre ambos bandos durante la llamada Transición fue unilateral y no se dan cuenta de que si no hubiera sido por ese gesto las venganzas mutuas no habrían tenido final jamás. Los hay que son tan egoístas que en lugar de preocuparse por los problemas importantes, como el desamparo de las víctimas del terrorismo o de los desempleados, se aferran a sus obsesiones.